miércoles, 27 de abril de 2016

Il se peut que la beauté ait renforcé notre résolution - Masao Adachi - 2011


Director: Philippe Grandrieux

Vaya título ¿eh? Vendría a significar algo así como "Puede que la belleza haya fortalecido nuestra resolución", pero para no demorarme demasiado me referiré al presente documental como "Masao Adachi", que es el director japonés, amigo cercano de Koji Wakamatsu y miembro activo de los movimientos estudiantiles que sacudieron Japón a fines de los sesenta, en quien se centra el francés Philippe Grandrieux, director de "Sombre", "La vie nouvelle" y "Un lac", entre otros tantos trabajos que pueblan su filmografía. Quienes conozcan a Grandrieux sabrán que su cine no es para nada convencional, lo que sin duda es un maldito aliciente sobre todo si nos atenemos al documental, que por lo general es bueno por el contenido (así dicho de manera muy simple, pues siempre entran en juegos otros matices) pero no tanto por la forma cinematográfica, algo que acá es poderoso a rabiar, y miren ustedes, sin descuidar tampoco la introspectiva y ambiciosa búsqueda emprendida tanto por el francés como por Adachi, ya saben, la sustancia. "Masao Adachi" llega por esas benditas casualidades de la vida, y además me descubre al cineasta japonés, que me late que no lo conocía para nada. En fin, acá tenemos un brillante documental y una gran muestra de cine. Un verdadero placer.



Un hombre, un afable japonés, cineasta incorregible y de fuerte personalidad e ideas, que en su tiempo saltó repentina y duramente a la fama con un documental titulado "Red Army/PLFP: Declaration of World War" tras lo cual dejó el cine para unirse a grupos políticos y vivir un montón de cosas más, ahora columpia a su nieta, camina por la ciudad, mira por la ventana del auto, va al bar/restaurant de un amigo, y a través de un monólogo reflexiona sobre su vida, sobre el cine, sobre la naturaleza del cine y la elección de dedicarse a ello, sobre las tristezas y los recuerdos y los arrepentimientos, sobre el arte y su relación con la política, sobre búsquedas y sobre amores, sobre el peso del tiempo y las revoluciones, sobre la sociedad y sus problemas y bendiciones, sobre los deseos y los sufrimientos, sus deseos y sufrimientos... Es un auténtico viaje al interior, una bella y tan honesta como severa introspección que comienza con la luz crepuscular del atardecer, que también deviene en un viaje por el interior de la actual sociedad que le rodea, de los cambios habidos desde las manifestaciones japonesas del '68 hasta la era de las redes sociales, a través de las luminosas entrañas de neón de la ciudad. Un viaje casi onírico, de formas difusas, de sonidos envolventes, de reflexiones y pensamientos que se funden con las imágenes de árboles mecidos por el viento, cientos de personas que caminan sobre el asfalto mientras miran sus aparatos y edificios que se levantan hasta el cielo y las estrellas. Imágenes de significados sensoriales: una pisada, un roce, la caricia del viento; una palabra, una idea. Un monólogo tan vago e impreciso como contundente y elocuente, un monólogo tan íntimo y personal que es imposible que sea de otra forma: nostálgico, evocador, atmosférico... Grandrieux crea imágenes que logran canalizar las reflexiones de Adachi en sus sencillos pero poéticos encuadres: un verdadero cineasta.
Otro hombre, un francés curioso, también cineasta único y en cierta forma marginal, mientras acompaña a Adachi a bares y restaurantes y le hace preguntas sobre el cine y particularmente sobre su experiencia como cineasta militante y posterior agente de grupos armados, inquiriendo sobre todo en la dicotomía arte-política que puede tener el cine, y mediante conversaciones, recopilaciones de datos y extractos de filmes, analiza y reflexiona sobre el séptimo arte, sobre su cualidad de voz, de descubrimiento, de viaje. El cine como cadena eterna: películas que se transforman en otras películas, vidas que se transforman en películas y viceversa, Más conversaciones con Adachi: proyectos, ideas, aclaraciones, la diferencia del cine de sensaciones y el cine de ideas, su intención de siempre crear atmósferas sobre la sociedad, la gente, las formas... Grandrieux también emprende un viaje, onírico y sensorial y conceptual.
"Masao Adachi" es un singular y exquisito documental sobre muchas cosas que el japonés carga en su espalda, rico en reflexiones y potente en su sobria pero sensual puesta en escena, muy en línea con las palabras de Adachi así como con el estilo de Grandrieux: una combinación perfecta. "Masao Adachi" es dejarse llevar: ver, escuchar, sentir...

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