lunes, 25 de abril de 2016

Rock Hudson's home movies - 1992


Director: Mark Rappaport

  En un principio pensé que el director de este documental era Michael Rappaport, curioso sujeto que tiene dos documentales en su haber pero que se la ha pasado la mayor parte del tiempo frente a las cámaras, haciendo de actor (claramente), por ejemplo encarnando al principal antagonista de la quinta temporada de "Justified", en la que comandaba a una familia de criminales que quería adueñarse de la vida criminal de Harlan. Pero, en realidad, el director es Mark Rappaport. Mark. Otro curioso sujeto que comenzó con ficciones más o menos experimentales (creo) y que luego dio el salto al documental con el que nos ocupa, usualmente dedicados al cine y lo que se esconde detrás de los íconos. Y a juzgar por lo visto en "Rock Hudson's home movies", la mirada de Rappaport sí que es incisiva e inteligente, y no sin su saludable cuota de ironía. Un completo disfrute, pero también sutilmente desgarrador. Un excelente documental, en definitiva.



  Todos conocemos a Rock Hudson, o eso creemos al menos. Sabemos que era un tipo hermoso que generalmente interpretaba roles marcadamente viriles en comedias y melodramas y musicales (también dejó sus huellas en el western) en la época dorada de Hollywood. Ahora (hace bastante tiempo ya) sabemos que Rock Hudson era homosexual, pero en su tiempo no se podía saber, debía cumplir un rol y seguir los juegos que los estudios le imponían, como casarse con una mujer para disipar las dudas y rumores sobre su vida sexual. No es que Rock Hudson fuera de andar escondiéndose; era un buen trabajador y hacía lo que tenía que hacer, pero muchos sabían de sus andanzas, aunque no el común de los mortales que suspiraba con sus apariciones en la pantalla grande, que debieron quedar con la boca abierta cuando se supo que Hudson era gay, y más encima anunciando que tenía Sida, enfermedad que se lo llevaría no mucho después del anuncio y luego de una tortuosa seguidillas de escándalos.
Pero a lo mejor su homosexualidad no estaba tan escondida tras sus viriles roles de macho recio matador, a lo mejor sólo bastaba con ver y analizar un poco mejor las imágenes y el subtexto de las historias que protagonizaba o aparecía secundariamente (al inicio de su carrera). A lo mejor los diálogos que debía recitar, tan inofensivos en un inicio, son precisas y contundentes metáforas sobre la homosexualidad de Hudson en tiempos en que no era nada bien vista, si bien medio Hollywood tenía tendencias "desviadas" (hay multitud de libros que recogen las fiestas y los circuitos sadomaso, entre otras particularidades y excentricidades). A lo mejor, varias de las películas de Rock Hudson eran en realidad mucho más homo que heterosexuales.
Ésa es la interesante premisa de Rappaport, que mediante un actor/narrador cuya voz pretende ser el mismo Rock Hudson expresando sus pensamientos sobre rodajes, guiones y relaciones profesionales, además de sueños y miedos y deseos y remordimientos, se dedica a analizar a lo largo de una hora esa homosexualidad escondida pero que sin embargo se dejaba ver a través de ni tan sutiles señales dramáticas, narrativas y argumentales. En base únicamente a extractos de varias películas, Rappaport analiza y resignifica escenas y diálogos para demostrarnos la pulsión gay de las mismas, o en su defecto de los actores involucrados y más. Los resultados son alucinantes, y la ejecución de Rappaport, gracias a un montaje ágil y mordaz y a un guión de iguales características, es francamente hilarante. En todo caso, el singular documental de Rappaport no es sólo una manera de desarrollar lo recién expuesto (el foco no es la industria como el mentado actor), también es, en mayor medida mejor dicho, un homenaje al Rock Hudson que debía ser otra persona, al que debía usar máscaras que caricaturizaban o menospreciaban su verdadero ser, es el intento del director por concederle al actor una última y digna liberación que no sea como el triste circo mediático que debió vivir en sus últimas horas, una humana e íntima reconciliación, sin secretos ni convenciones ni normas gélidas y anquilosadas. Rappaport escarba la superficie de una época y un lugar (elabora una crítica), pero también remueve la consciencia de su sujeto de estudio cuya obra es la manifestación de su vida, sus conflictos. La observación del documentalista es notable, también su sentido del humor, y para qué decir sus metáforas: cuando se encuentra analizando los besos interrumpidos de Hudson con sus compañeras de reparto, hay uno especialmente elocuente en la significación dada: es cuando, en "The Tarnished Angels" de Douglas Sirk, Hudson se besa con Dorothy Malone, una unión tan dolorosa como catártica que es interrumpida por un vecino fiestero con máscara de calavera que, contra toda lógica (nada malo acá), repentinamente abre la puerta del departamento, asustando de muerte a los fallidos amantes. Se supone que el primer plano de esa calavera era una metáfora de la muerte apareciendo con forma de Sida en la vida de Hudson. Quizás no sea exacto, pero por ahí iba la cosa. Algunas observaciones e interpretaciones son más poéticas que otras, pero todas me parecen precisas y bien fundadas, no es como esos "documentales" donde un grupo de nerds "analizan", por ejemplo, "El resplandor" de Stanley Kubrick. Rappaport tiene un discurso, tiene consciencia cinematográfica. Me gusta sobre todo cuando se analiza la relación de Hudson con los actores mayores: el contacto corporal, los expresivos silencios, las miradas furtivas y eternas...
  Sí señor, "Rock Hudson's home movies" es un impecable documental inteligentemente ejecutado cuyo visionado es tan complejo, profundo y reflexivo como frívolo y disfrutable.

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