domingo, 29 de mayo de 2016

Magic City - Temporada 1


Creador: Mitch Glazer


Debo confesar que ver las series de Netflix me causa bastante sopor y pesadumbre, así que decidirme a recuperar una serie tan buena, tan excelentemente narrada y realizada como "Magic City", de la infravalorada cadena Starz, es algo indiscutible. Y necesario, claro. "Magic City" vivió por dos intensas y contundentes temporadas (dieciséis episodios en total), y desde hace bastante tiempo se dice que habrá película, pero no hay novedades y tal parece que, de momento, dicha empresa no es más que un bello y gigantesco sueño. Volver a ver esta serie ha sido un auténtico placer, y por suerte son dos temporadas, así que es un doble placer. Ojalá hubiera sido un triple placer, pero como dice Alan Moore, hay que darle tiempo al tiempo.


Miami, 1959. Con la década del '60 a la vuelta de la esquina, el Miramar Playa es uno de los hoteles más importantes de la ciudad y, por qué no, del mundo. Su dueño, su creador, es Ike Evans, quien levantó tal coloso de la nada. Sin embargo, mantener vivo el sueño no es fácil, y aunque el buen Evans es un sujeto honesto y alejado de prácticas ilícitas, desgraciadamente atrae a peligrosas figuras criminales, y por consiguiente, policíacas y judiciales. El asunto es que la gestión del Miramar comienza a complicarse sobremanera.



Primero lo primero: la ambientación es lisa y llanamente espectacular, de lujo, magistral, una delicia. Para una serie con tan pocos espectadores y con tal nivel de producción, la cancelación (porque fue cancelada, no concebida para terminar en dos temporadas, lo que explica el apuro de sus últimos episodios) parecía natural. Pero es que miren ese nivel de detalle, realmente es un trabajo imposible hecho realidad. Me imagino que dar vida a "Magic City" fue tan satisfactorio y sobrecogedor para Mitch Glazer, su creador, como lo fue para Ike Evans construir su Miramar Playa. Esta serie no debió haber pasado desapercibida, pero como está más que alejada del mainstream televisivo, no es de extrañar que así haya sido. Esperemos que el tiempo imparta su tan certera y precisa justicia, y que "Magic City" obtenga el aprecio que tanto merece.
A propósito del mainstream televisivo: para empezar, la narración de "Magic City" no es en lo absoluto facilista; no busca la condescendencia y complacencia barata del público, es un relato exigente, coherente y con suma personalidad. La mayoría de las series piensan que el espectador es estúpido o flojo, y por ello bombardean sus "historias" con tramas fugaces y llevaderas, sin mencionar un conservadurismo narrativo siempre disfrazado de innovación y distinción, el infame pero aceptado humo blanco que sólo deja ver el elemento diferente pero que oculta un conjunto repetido y cansino: cuentan las mismas cosas una y otra vez, sólo que alterando la apariencia. "Magic City" no es así; "Magic City" es un relato único, muy cinematográfico. También lo es su puesta en escena.
Mediante poderosas y complejas tramas cocidas a fuego lento, "Magic City" nos sumerge en una época, se funde con la historia en una entidad la mar de fascinante e hipnótica, tanto por el devenir argumental como por su trasfondo histórico, social, etc., y, a todas luces, por su estética tan refrescante y estimulante. A propósito, aunque el tempo narrativo sea pausado y sereno, ciertamente cautivador, sin premura alguna en la construcción de personajes e historias (el creador deja que estos mismos elementos sean los que cobren vida y se desenvuelvan, se fundan con el trasfondo descrito), el ritmo de acontecimientos es de lo más nutrido y equilibrado: si bien nunca da la impresión de ser una serie demasiado rígida, forzada o mecánica, uno se da cuenta del cuidado empleado en su escritura y posterior realización cuando constatamos que nada sobra y que todo tiene su razón de ser, y que además todo goza del tiempo necesario para desplegar su sensual energía e indiscutible importancia. Si alguien dice que es "lenta", denle un golpe por mí. Otro aspecto a destacar es que la narración no es explicativa ni ilustrativa (volvemos a eso de que no piensan que el espectador es un puto idiota) sino que totalmente inmersiva y directa; al contrario de muchas series, "Magic City" ya ha comenzado hace rato cuando la primera imagen se muestra ante nosotros: no pierde el tiempo en inútiles presentaciones y explicaciones de quién es quién, por qué se conocen o qué quieren, pues el universo creado es tan sólido que se "explica" por sí solo. La imagen goza de una fortaleza tal que cualquier truco narrativo es innecesario e improcedente, por no decir insultante. Es cosa de sentarse y estar rodeado de historias y personajes y conflictos que iremos comprendiendo en su justa medida, pues así la tensión cobra más fuerza en tanto ente orgánico y no muletilla efectista. No es de extrañar que cuando entramos en tierra derecha (esta metáfora mejor la dejo para cuando comente "Luck", de HBO), la inquietud y el desasosiego sean lo único que te recorra la piel. Y cómo no, además, si tenemos una red de personajes de lo más atractivos y, en algunos casos, memorables, que hacen de las potentes tramas algo más cercano y humano, más creíble y verosímil. Por ejemplo, Jeffrey Dean Morgan como Ike Evans, el dueño y creador del Miramar Playa, un sujeto tan humilde y encantador como imponente y amenazante (incluso cuando no sea un criminal propiamente tal), que encarna a la perfección al hombre a grandes rasgos honrado amenazado por un mar de tentaciones impropias de él y su obra. Otro ejemplo es el verdaderamente aterrador e intimidante Danny Huston (que mide 1,90 y estuvo casado con ¡Virginia Madsen!), que hace de Ben Diamond, alias El Carnicero, un mafioso que si es capaz de matar a un perro porque no lo deja escuchar el teléfono con sus ladridos (hay que ser muy hijo de puta) entonces no dudará en hacer quién sabe qué atrocidad a quien se interponga en su camino, o quizás no... En cualquier caso, ahí tienen dos caras de la misma moneda, cada uno un ser complejo en su particularidad, no meros bocetos de cartón sino personajes de carne y hueso que viven y actúan de acuerdo a sus propios valores y no a manuales de narrativa genérica. Si quieren mafiosos y héroes de juguete mejor vean "Jessica Jones".
Por último, y en pocas palabras: la realización es brillante, elegante y completamente magistral. Ejemplar, diría. Además, "Magic City" no tiene miedo ni complejo alguno en el retrato de la violencia y el sexo, de las bajezas y bondades humanas, pues ¿qué sería de una trama criminal narrada con moralina pudorosa y censuradora? Acá hay podredumbre, repugnancia, ambigüedad. Aunque presenta una rica y estimulante estilización (de la violencia, del sexo, del contexto), todo parte de una certera y compleja carga moral que construye una atmósfera densa y agobiante, a veces asfixiante, que le da sentido a cada gota de sangre y saliva. Por lo demás, no esperen ver muertes a destajo y docenas de tiroteos, no va por ahí la cosa, creo que ya lo he dicho. El creador dice que "Magic City" es una saga familiar sobre los valores puestos en situaciones extremas, límites, desafiantes, que obligan a mirarse al espejo y cuestionar los actos y la fundación moral. Eso está más que logrado, y si se hace a través de una trama de criminales, tanto mejor. Después de todo, ¿a quién no le gusta un poco de mete-saca y tipos elegantes acarreando grandes fierros, derramando sangre y fluidos? Ya me entienden...
"Magic City" es adulta, inteligente y potente a rabiar, de las mejores series de la década, un auténtico placer. Transpórtense y disfruten. Gocen, depravados.


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