domingo, 10 de julio de 2016

Everybody wants some! - 2016


Director: Richard Linklater


Y bueno, ganó Portugal, que era lo que tenía que pasar. Todos saben que Francia le ganó a Alemania por pura suerte, ergo, Portugal merecía más la victoria (y, en serio, hace rato que hacía buenas campañas sin lograr el máximo triunfo, y ya era buena hora). Buen karma, además: se podría decir que Francia dominó la final, que atacó más y tuvo más llegadas de peligro, pero finalmente el rival se llevó el triunfo, eso sí, por una mejor jugada que una desafortunada mano en zona penal o un error de la defensa y el portero. Oh, sí va a estar interesante la Copa Confederaciones del otro año. Como sea, si ayer comentábamos "Dazed and Confused", era más que obvio que la de hoy sería "Everybody wants some!", última película de Richard Linkater a la fecha, y quien definió el presente film como una secuela espiritual de aquella memorable película ambientada en los setenta (entonces no es de extrañar que las haya comentado en este orden, ¿no?). También dijo que podría considerarse una secuela espiritual de "Boyhood", dado que esa termina con el protagonista subiéndose a su auto para ir a la universidad, que es donde comienza ésta, con el protagonista llegando, en auto, a la casa en donde vivirá con sus compañeros del equipo de béisbol de la universidad, allá a principio de los ochenta. Buen domingo el de hoy, ¿no creen?


¿Se puede hacer y decir tanto sin ser pedante, presuntuoso y ulteriormente fatuo? A veces parece difícil, sobre todo por la gran cantidad de directores y películas que se esfuerzan tanto por instalar un mensaje o una lección sin siquiera poder construir la base de ello, sin siquiera poder hacerse convincentes y coherentes, anteponiendo el discurso a la integridad misma de la película. Pero, afortunadamente para todos nosotros, hay directores que anteponen la experiencia cinematográfica como vehículo de emociones y reflexiones y lo que quieran, uno de ellos Linklater, quien toma un lugar, una época, una pulsión, una persona, y lo recorre y explora y revive a voluntad, con una libertad y fluidez envidiable, sacando a colación temas complejos y profundos mediante ¡un montón de fiestas llenas de alcohol y peleas y sexo y conversaciones sobre temas más o menos banales! Es sencillamente increíble, Linklater es un maldito genio. Y no estoy siendo sarcástico (ni siquiera debería aclararlo, pero para evitar malentendidos), por favor, miren que he disfrutado de inicio a fin con esta desenfadada e irreverente maravilla que te envuelve con su energía única e imparable. En serio, ¿se puede calificar de superficial y blanda o inane una película que se pasea por discotecas, bares de música country, tugurios punk, prácticas de béisbol y viviendas que son en sí mismas instalaciones artísticas, sacando a relucir las costumbres, características y cualidades de cada cual sin mayor esfuerzo aparente? En la diversidad está la diversión, y ¡todos quieren un poco! La diversión está en las expresiones culturales, deportivas, artísticas, etc.: la vida está en lo que hacemos solos y con el resto, cuando no hay límites ni reglas, cuando en un bar se puede apreciar buena música rodeado de gente agradable o cuando un amigo se mete en una obra improvisada. Hay tanto en esta película, las posibilidades son infinitas, el campo de acción es eterno, no hay por qué detenerse. Linklater pudo haber hecho una película de cuatro horas y yo feliz, si ya ha demostrado que el tiempo no importa cuando DE VERDAD se está contando algo, más allá de si obedece imposiciones narrativas o qué sé yo. Y, por último, ¿cómo no respetar y admirar una película que termina justo cuando comienzan las clases? Escena final: el protagonista entra a la sala de clases, llega el profesor, escribe una cita melosa en la pizarra (paradójicamente, lo que Linklater nos ha mostrado en todo el metraje, pero sin hacerlo obvio y cursi), el protagonista parece captar la situación, y entonces agacha la cabeza, cierra los ojos y dulce sueños: la educación la encontramos allá afuera. Un grande es Richard Linklater, cineasta de los de verdad, que nunca pierden ni un ápice de fiera e insobornable personalidad, actitud y principios cinematográficos. Películas como "Everybody wants some!" son oro puro: ¡a gozar como nunca, se ha dicho!


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