lunes, 25 de julio de 2016

Grad - 1963


Directores: Marko Babac, Zivojin Pavlovic & Vojislav "Kokan" Rakonjac

Por fin se pone a llover decentemente, si hasta el auto me quedó limpio como nuevo, y después el cielo se ve tan bonito, con las blancas nubes moviéndose hacia el infinito, ese terreno que sólo algunos mortales osan a descubrir... Ejem... Dejando de lado la mala poesía, hoy con "Grad" les propongo un juego bastante sencillo: en los próximos dos días, es decir, mañana martes y pasado mañana miércoles, comentaré dos películas de uno de los tres directores que dejan su huella en esta película yugoslava; la pregunta es, ¿quién será? ¿Será Marko Babac, Zivojin Pavlovic o Vojislav "Kokan" Rakonjac? Adivinen, y si logran acertar, el premio es, en sentido no figurado, estar más cerca de mí, estrechar un lazo de complicidad. Interesante, ¿no?


"Grad" significa "ciudad", según los subtítulos, y contiene tres historias que componen el trágico y crítico mosaico de una ciudad gris, alienada, distante, fría... De hecho, según los datos que otorga IMDB, "Grad" fue la única (o la primera, aunque podría ser ambas... ¿eh?) película yugoslava en ser censurada, y es curioso, pues, si bien el retrato de la ciudad es certero y punzante, la crítica no es para nada obvia ni ruidosa, al contrario, es bastante sutil. No es una película estrictamente política, sino algo metafísica, por lo que censurar un film que trate sobre personajes distanciados, desgraciados y resignados que caminan por la ciudad mientras se consumen por el propio vacío de la sociedad en que viven resulta algo llamativo, pero supongo que si no es un retrato feliz entonces está en contra del régimen, ¿no?
En cualquier caso, "Grad" comienza con Veza, en donde veremos el enfrentamiento filosófico del ciudadano acostumbrado a la vida que le tocó, aceptando cada cosa que le llega teniendo claro que algo mejor no es muy posible que digamos, con aquel otro más inconformista, aburrido del sometimiento cotidiano, deseoso de algo de emoción, de una chispa, de algo especial que le dé sentido al vivir. ¿Será el amor, será la amistad, será la soledad? Este segmento es el más interesante (y el mejor logrado) porque es el único que presenta un conflicto y luego lo desarrolla, utilizando notables diálogos entre dos amigas con distintas cosmovisiones de la vida y luego una de ellas con su apático pero cariñoso (¿?) novio, analizando mediante sus líneas, cruzadas por el olvido de uno y la devoción de otra, un aspecto de la historia y la sociedad de los yugoslavos. Además, Veza hace gala de una impresionante y cautivadora, a veces hipnótica atmósfera cuyo gran exponente es el sereno a la vez que críptico tempo que Rakonjac le confiere a sus imágenes. En definitiva, Veza es el segmento más complejo, fascinante y sustancial de los tres, y además es el de mayor metraje, algo claramente aprovechado con creces.
El segundo segmento es Srce, dirigido por Babac, en donde varios personajes masculinos marcados por la soledad y la desidia en sus relaciones con las mujeres, se reúnen en el departamento de uno de ellos, lugar en donde hablarán de sus situaciones y pasarán un instante de crisis. Acá se puede rescatar lo intercambiable  de las relaciones sociales entre hombre y mujer, lo artificial de las mismas; más aún, la relación entre el hombre y la muerte. Éste segmento tiene lo suyo, es interesante, pero no es tan memorable como el anterior y además peca de irregularidad e inconsistencia entre lo que quiere decir y cómo lo hace, careciendo de la aguda visión del anterior y, ciertamente, su impecable puesta en escena; ni siquiera el irónico final lo hace repuntar. La conclusión  es que, en cierta forma, vivir en la ciudad es una condena: atrapados hasta la muerte.
El tercero y final, titulado Obruc y dirigido por Pavlovic, es el más irregular y olvidable de los tres. Consta de un viejo que pasea en tren, visita bares y se mete en problemas con unos jóvenes pendencieros al intentar defender a una mujer. Acá podríamos leer algo sobre el reencuentro, el pesimismo con respecto al futuro, la memoria como sombra o como luz, la violencia.... y que ¿Yugoslavia no es país para viejos? Obruc es una anécdota, o un conjunto de situaciones adversas para el protagonista, pero el director no logra generar un tono ni un conflicto, y el anodino vagabundeo del viejo desgraciado no invita precisamente a la reflexión ni a mucho más, sólo al sopor. Claramente su insignificante metraje no le ayuda en nada, pues la fugacidad de la narración impide que se instale un conflicto, una atmósfera, etc. Es ver y olvidar en un par de minutos, lamentablemente.
En definitiva, "Grad" se plantea como una especie de balada urbana de sutil carácter simbólico, retratando la herida de un país a través de las frías y distantes relaciones humanas de un puñado de hombres y mujeres de existencias fantasmagóricas, inanes y ulteriormente absurdas. No es una sociedad idílica; la prosperidad prometida brilla por su ausencia. A modo de despedida, sólo recomiendo el visionado del primer segmento, y quizás el del segundo, pero les aseguro que con el primero se sumergirán en un extraño y sugerente viaje por... ¿por el vacío, la nada? No obstante, será algo casi lisérgico.

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