lunes, 18 de julio de 2016

Pāfekuto Burū - 1997


Director: Satoshi Kon

Hoy día vi una película que no me gustó, pero al menos leí varios cómics de Jacques Tardi, autor y dibujante que descubrí no hace mucho y que me ha maravillado por completo con sus dibujos tan crudos y violentos, así como sus historias profundamente humanas. Y descubriendo a Tardi, de paso, descubro a Leo Malet y a Jean-Patrick Manchette, lástima que sus libros no estén a la venta por acá. Si tuviera dinero, la cantidad de cosas que compraría, maldición... Como sea, hace tiempo tenía pendiente la opera prima de Satoshi Kon, aclamado director japonés que ya se murió hace unos años (causando mucho pesar, pues dentro de todo, no era precisamente viejo; además sus películas tienen muy buena pinta), "Perfect Blue". Con un debut como éste no es de extrañar que el hombre haya cosechado tantos elogios, del todo merecidos, por lo demás. En cierta forma ya sabía que esta película no me podía decepcionar.


Me la imaginaba buena y la he encontrado mucho, mucho mejor. Una película fantástica, impecable y con personalidad. No sólo un thriller psicológico bien planteado, desarrollado y construido, sino que un complejo, profundo y convincente drama psicológico, finalmente lo que hace que los entresijos y laberintos en que nos metemos nos parezcan no sólo verosímiles, sino que absolutamente hipnóticos y deslumbrantes, y auténticamente inquietantes, pues lo que entra en juego es el bienestar de personajes perfectamente dibujados y desarrollados. Así, con un personaje de la calidad de la protagonista, entonces crear una atmósfera perturbadora debe ser pan comido. En serio, me parece sorprendente la manera en que Kon mezcla, con completa agilidad y estupendos resultados, distintos tipos de relato, ya sea el policial (asesinatos en serie), el metanarrativo y el mencionado drama psicológico, o en su defecto el drama humano.
"Perfect Blue" trata sobre una cantante pop que deja su carrera como tal para adentrarse en el mundo de la actuación, en la industria de la tele o del cine. Este cambio alterará no sólo a muchos fanáticos, sino que a la misma protagonista, pues el cambio de carrera también viene con un cambio de imagen: si cuando era cantante de pop proyectaba una imagen algo angelical e inocente, de niña buena, siendo actriz deberá mostrarse más madura, adulta, arrojada. De esta forma, el conflicto interno comenzará a afectar su realidad, la percepción de sí misma y de su entorno, además de tener serios problemas con la aceptación propia, pues, ¿quién es en realidad ahora?
Lo que Satoshi Kon entiende a la perfección es que no sólo debe esforzarse en crear historias y tramas deliciosa y genialmente enrevesadas (en su caso, claro), sino que también en dotar a sus personajes de vida propia, convertirlos en entidades orgánicas y naturales, no meramente instrumentos argumentales sino que agentes narrativos. El relato fluye de lo lindo, y su principal cualidad es algo que muchos thrillers del montón (sobre todo los llamados "psicológicos", que a veces no tienen nada de eso) ignoran del todo: ulteriormente, el gran conflicto de la película proviene del interior; o, importa más el personaje que la trama misma, pues siendo de carácter psicológico, se necesita un protagonista cuya inmersión también nos arrastre a nosotros (suele pasar que la distancia hacia el argumento es el primer paso para no creer en nada y luego desmarcarse por completo). Si tienes una historia muy complicada que despistaría al más vivo pero tus personajes no avanzan, no cambian, si apenas se relacionan vagamente con el conflicto, entonces no hay nada que hacer... Esto no quita que Kon ponga peligrosos fans "traicionados" y misteriosos, violentos acontecimientos que adornen y den sabor, y finalmente sentido, al conflicto de la protagonista. Además hay un juego meta-narrativo-y-psicológico magnífico. Y me ha encantado la manera ingenua con que se muestra la llegada del internet, una entidad tan vasta como misteriosa. Kon es un genio.
"Perfect Blue" es un gran ejemplo de cómo las estructuras y los géneros necesitan mucho más que sus lugares comunes para triunfar y quedar en la memoria (a lo más serán entretenidos si se limitan a obedecer convenciones), necesitan identidad, sustancia, fondo, humanidad. Si Kon se hubiese dejado obnubilar por los enredos de la trama, olvidando e ignorando a su protagonista, entonces habría otro cantar. Por suerte, Kon se alza como un maestro navegante de la psiquis humana, además de hábil narrador de tramas. Además el hombre dirige con tanta contundencia como sutileza, elegancia. Equilibrio puro, y mucho más...


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