viernes, 22 de julio de 2016

The devil rides out - 1968


Director: Terence Fisher

Ahora que están todos de vacaciones, es decir, en la casa, me he enredado por completo y estaba seguro que hoy era sábado y no viernes, y no podía entender por qué en la tele no estaban dando los programas ("Malcolm in the middle", "Los Simpsons") que dan los días sábado. Y hablando de enredos, ¿de verdad estamos en invierno?, porque no lo parece, al menos no como los inviernos de mi infancia, que realmente eran helados y grises. Como sea, mejor les comento una que me decepcionó bastante, "The devil rides out", escrita por Richard Matheson y dirigida por Terence Fisher para la Hammer, la célebre productora de títulos de terror (entre otros tantos géneros), basada en una novela de Dennis Wheatley (ningún parentesco con Ben Wheatley), novelista que también escribió la novela en que se basó "To the devil a daughter", comentada por acá unos meses atrás. Como ven, un hombre interesado en el ocultismo (quizás sus novelas sean mejores que las adaptaciones que ha tenido; quizás no sea un gran novelista después de todo).


A pesar de lo elegante y fino del vestuario, de las locaciones y del acento de los actores (y el vocabulario), "The devil rides out" es una película mucho más burda y vulgar de lo que aparenta. Los únicos que se salvan del exceso y la exageración son Christopher Lee y Sarah Lawson, el resto de los actores recurren mucho al histrionismo y poca actuación, y la representación estética de ideas esotéricas o sobrenaturales no destacan por su calidad narrativa o atmosférica (y no me refiero necesariamente a los efectos especiales). Debe ser el paso del tiempo: la película no envejece bien, y a pesar de que a ratos genera y mantiene algo de mal rollo (más de fondo que de ejecución formal), por lo general el conjunto es más involuntariamente gracioso que tenebroso, escalofriante. Es curioso que esto no le pase a "Scanners", que también tiene miradas raras y enredos mentales; en realidad es notable que las películas de Cronenberg resistan el paso de los años con tanta calidad. Por su parte, "The devil rides out" tiene momentos destacables e inquietantes, pero éstas se funden muy rápidamente con otras que rozan el ridículo, como cuando Lee y su descerebrado amigo buscan pistas en el observatorio de los ocultistas, búsqueda que transmite una atmósfera algo opresiva hasta que de repente aparece un negro semidesnudo (un espíritu invocado por el gran villano) y, entre caras y contorsiones raras, lucha con nuestros protagonistas, o como cuando Lee y otros tres más están en un círculo y deben enfrentarse a toda clase de visiones, teniendo algunas tan buenas como la de la niña, pero otras tan malas como la del ángel de la muerte. No lo sé, yo creo que esta película necesitaba más sugestión e imaginación y no materializar y explicitar todas esas cosas malvadas. Por lo demás, eso de la influencia mental no sé si es genial o absurdo, ambivalencia reflejada a la perfección en la escena en que el malo intenta controlar a Sarah Lawson: ¿está magistralmente ejecutada por Fisher o simplemente nos están tomando el pelo? Yo creo que tiene algo de las dos cosas.
A todo esto, la película trata sobre Christopher Lee y un amigo suyo que van a investigar qué le pasa al hijo de un fallecido amigo, quien ha dejado de saludar y hacerse presente en reuniones. Llegan a la casa del "desaparecido" y se encuentran con que el chico es amigo de gente muy sospechosa, y como Lee es un hombre muy culto, evitará a toda costa que se lleve a cabo la ceremonia planeada (porque inevitablemente hay una ceremonia). Los malos, desde luego, no lo tomarán de muy buena manera. El relato es un descafeinado y cansino tira y afloja entre cristianos y satanistas, y el final es un happy ending horroroso. Además uno nunca se cree la relación entre el chico a rescatar y los malos, pues el primero jamás se nota convencido y uno se pregunta, ¿por qué los invitó en primer lugar? No sé, argumentalmente pienso que esta película tiene agujeros groseros y que hace agua a medida que avanza. Una decepción, para qué seguir...
Pero siempre podemos confiar en Dios y agradecerle por todo lo bueno, o eso vine a entender...

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