jueves, 4 de agosto de 2016

Dans ma peau - 2002


Directora: Marina de Van

Curioso que no me haya costado nada encontrar esta película, siendo que hace un par de años, cuando la vi por primera vez, no lo pude hacer; de hecho, la obtuve por una mano amiga. Como sea, en aquel entonces, por alguna razón, no me sentí preparado para comentar "Dans ma peau", opera prima de Marina de Van, aunque ahora no es que tenga la preparación ideal, pero supongo que ya era hora de que apareciera por acá.



"Dans ma peau" es un body-horror psicológico, se entienda como se entienda. La protagonista se accidenta en una fiesta, se hiere la pierna, pero por una indeterminada y extraña razón, de entonces en adelante siente el irrefrenable deseo de seguir lastimándose, aunque la cosa no es tan fácil, pues no es que se excite precisamente y tampoco es lastimarse por el gusto o placer de lastimarse, sino que parece haber algo en su piel que la hace tan deliciosa y apetitosa al contacto. En cualquier caso "Dans ma peau" no es una película que se pueda etiquetar de buenas a primeras, aunque si decimos que es una pesadilla no creo que estemos equivocados. Así es, una pesadilla que hace que la protagonista, literal y metafóricamente hablando, se consuma a sí misma. Si nos ponemos a escarbar en la imagen, quizás salgan lecturas como que en realidad todo se trata sobre las culpas o las presiones propias de la sociedad competitiva en que vivimos, de cumplir expectativas y esa clase de cuestiones, que finalmente nos van derrumbando de adentro hacia afuera. No por nada la protagonista está ascendiendo en su empresa mientras emprende nuevos proyectos de vida con su pareja: el conflicto, finalmente, es el que ella tiene consigo misma: sus ansias la harán caer. La película tiene una atmósfera bastante sugerente y asfixiante, sobre todo en un par de escenas que en su momento casi no me dejaron respirar (como la del restaurante, que me tenía tirándome los pelos de puro nerviosismo), pero creo que luego del cenit de agobio y tensión narrativa, que es por el minuto 60, el conjunto comienza a decaer. Y es curioso porque Marina de Van no dirige de manera efectista ni puerilmente impactante, no es que se recree en la sangre porque sí; su estilo más bien es elegante, pulcro y pausado. Lo que digo es que si decae no es porque no recurra a los típicos ingredientes con que nos bombardean las cintas de horror del montón en su tramo final, sino porque el conflicto parece estar "solucionado" o finiquitado para tal punto: la última media hora es como una especie de epílogo aletargado en donde, dramáticamente hablando, ya no hay nada que construir ni tratar, por lo que la bestial perdición de esta mujer se vuelve iterativa y poco contundente e intensa (es que tampoco está el contraste de sus nuevas inclinaciones versus la mujer ideal que se supone debe ser con su novio, sus amigos y sus jefes): la imagen ya no es tan poderosamente deslumbrante y magnética, hipnótica, ni siquiera tan oscura. "Dans ma peau" es interesante pero no tiene un final que potencie cinematográficamente (en cuanto a sustancia sí lo hace) la rica y promisoria base de la que partía.

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