lunes, 5 de septiembre de 2016

Drive - 2011


Director: Nicolas Winding Refn

Y llegamos a "Drive", la película que definitivamente lanzó al danés Nicolas Winding Refn al estrellato, y no es para menos, con lo genial que es. La presente década ha sido fenomenal para este director y, claro, para nosotros, considerando que a ésta le siguen "Only God Forgives" y "The Neon Demon", puras delicias cinematográficas. Alguna vez creo que leí por ahí que Winding Refn decía que le gustaría dirigir alguna película comercial de esas que se hacen en Hollywood, específicamente una Batgirl. Saco esto a colación porque, con lo que me encantó "Suicide Squad", debo decir que me hubiese encantado ver una versión dirigida por él de este grupo de supervillanos. Habrá que ver qué le depara al director de esta maravilla que es "Drive" el resto de década que queda. Estoy ansioso por ver lo próximo, ¿ustedes no?


"Drive" es una película magnífica, imposible de olvidar. La había visto unas dos o tres veces antes, y creo que esta ocasión es la que más satisfecho y emocionado me ha dejado. Acá, Nicolas Winding Refn logra sublimar un estilo que ya había probado con "Fear X", aunque aquella es más psicológica que "Drive", que es puro y brutal sentimiento (directo al hueso, sin florituras), por no mencionar su trilogía "Pusher", en donde, eso sí, la estilización era algo más sucia y callejera. En "Drive", el director danés logra hacer lo que no pudo ni en "Bronson" ni en "Valhalla Rising", lamentables pasos en falso dentro de su sólida y estimulante filmografía, esto es elevar su discurso narrativo a la misma altura que el exquisito despliegue visual, que además de ser deslumbrante y alucinante, efectivamente nos narra con tremebunda fuerza una triste y desafortunada historia de amor como si de un sangriento y ultraviolento cuento de príncipes y princesas se tratara, una fabula adulta y asfixiante en su oscuridad, incluso nihilismo. "Drive" es pura coherencia interna, todo está hecho como debe ser (los encuadres, los colores, el decorado, las actuaciones, las luces, etc.), y no es de extrañar que su metraje avance machacando con la potencia de un tren, amén de su perfecta estructura de thriller y honesto fondo sentimental, esa pasión visceral que tiene cada fotograma y que no se pierde en ningún momento, ya sea por el amor imposible que impulsa la primera mitad del relato, ya sea por la ira asesina que hace lo propio después (y que se va acumulando poco a poco en la primera parte, amenazando con explotar terriblemente, adelantando el baño de sangre que se viene después): intensidad pura y dura. Intensidad reflejada en las miradas cómplices y abatidas de Ryan Gosling y Carey Mulligan, dos ángeles caídos y abrasados por el infierno urbano. Y si además le agregamos una banda sonora fabulosa, entonces ya no quedan dudas de lo fascinante que es "Drive", mucho más que un violento thriller criminal (quizás por eso a Tarantino lo dejó indiferente), una preciosa y desoladora historia de amor. Obra maestra.

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