martes, 20 de septiembre de 2016

Free Range: Ballaad maailma heakskiitmisest - 2013


Director: Veiko Õunpuu

Veiko Ounpuu es un director poco confiable cuyas películas merecen más cautela que fervor, aunque dudo que la filmografía del estonio reciba mucho clamor popular, como sea, a lo que iba es que Ounpuu tiene ideas interesantes, "sólo" que se precia demasiado de sí mismo y acaba por ahogar y desmantelar sus películas gracias a su ego desmedido y contraproducente. Acá hemos comentado "Tuhirand", un interesante mediometraje de cuarenta minutos; "Sugisball", un horripilante drama romántico de gente infeliz que habla con conceptos bergmanianos (y así lo hacen saber, vaya que lo hacen saber los malditos pedantes), y; "The temptation of St. Tony", un tremebundo pero estimulante viaje por lo peor del ser humano y del mundo. "Free Range" está a medio camino entre lo peor y lo mejor del estonio, aunque, les pregunto, ¿me ven sonriendo acaso?


"Free Range" trata sobre un aspirante a escritor incapaz de acomodarse al estilo de vida convencional que le impone la sociedad, por lo mismo lo despiden de cada empleo que tiene (tampoco es que se esfuerce mucho, después de todo es muy intelectual como para hacer tareas de obreros y "desletrados") y, para peor, su novia queda embarazada. De esta forma, a pesar de que este superdotado es demasiado bueno para la sociedad en la que vive, intentará acoplarse por el bien de su novia preñada, dando comienzo, en realidad, a una profunda y filosófica tragedia identitaria, introspectiva, etc., pues, ¿qué peor para el artista que no vivir de su preciado arte? La verdad de las cosas es que el protagonista es un vagabundo insufrible que lo pasa mal porque la vida no es tan fácil como quiere, porque tiene que buscar trabajo y hacerse responsable de sus decisiones en vez de quedarse pensando en sus prodigiosas ideas. La película consiste, básicamente, en un metraje en el que este sujeto se la pasa llorando y refunfuñando (a su manera, muy estoniamente) en desmedidas fiestas, ridículas jornadas laborales y rabiosos tiempos muertos. A veces, entre medio, sale a relucir el genio artístico del perla, que quiere publicar una novela (como es usual, una maravilla de novela, la mejor novela del último tiempo, la cual, por supuesto, no será comprendida) cuyos pasajes leídos son registrados con tal admiración por la cámara de Ounpuu que se nota que en realidad es el director, o una gran parte de él, la que se expresa a través de este insoportable personaje (que más encima tiene cara de recién nacido), por lo tanto, la película no es más que un vehículo para la autocomplacencia personal (y para ligar, claro), onanismo puro y duro. Pero, haciendo alarde de su mordaz mirada, Ounpuu aprovecha de retratar con sarcasmo al protagonista mismo y a su entorno social, cultural, y de paso también a toda la puta sociedad: el primero es un pobre perdedor, los segundos son unos hipsters consentidos y los terceros son unos acomodados y vendidos y domesticados: nadie se salva, ¡todos sucumben ante el juez Ounpuu, el único capaz de notar las miserias de la gente, del pueblo, del arte!
Lo curioso es que Ounpuu sobrecarga tan desmedida y arrogantemente su "película" que el resultado no es más que una rabieta inocua y vacía por parte suya, cuya narración es poco menos que una serie de pedantes sketches antihumorísticos y no un relato coherente o medianamente estructurado/hilado. Al final hay un caballo blanco corriendo de un lado a otro, y estoy seguro que alguien tan cool como Ounpuu o sus personajes (cool: fumar en cada lugar y en cada ocasión, emborracharse a conciencia porque de seguro es lector de Bukowski -que es genial, no digo lo contrario-, vestirse como Wes Anderson, etc.) me lo responderá, y les apuesto a que yo quedaré como un completo y despreciable ignorante.
Lo cierto es que, por más que "Free Range" parezca una declaración de intenciones (artísticas, sociales, filosóficas, etc.), se nota de inmediato que Ounpuu no tiene un discurso (ni cinematográfico ni sustancial), si bien algunos personajes recitan vehementemente los pasajes más destacados de la cosmovisión del estonio, un sujeto sumido en un pesimismo que puedo entender e incluso apoyar (después de todo, la vida es injusta, no somos nada y muchos de los valores humanos no dejan de ser una ilusión), pero también enceguecido por un culto a su propia persona que nubla su mirada y entorpece su ejecución formal. Veiko Ounpuu no es Hal Hartley, tampoco es The Dudesons: lo que digo es que no es ni auténtico ni genuino, sólo un vendehumos que posa de intelectual, aunque, no lo negaré, tiene una excelente película (en donde su pesimismo sí queda bien expresado en tanto relato cinematográfico) y un interesante mediometraje. Nada del otro mundo tampoco...

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