jueves, 6 de octubre de 2016

Charlotte et son Jules - 1961


Director: Jean-Luc Godard

El segundo cortometraje del día también es de Godard. Como curiosidad, el mismo director después dobló la voz de Jean-Paul Belmondo, vaya uno a saber por qué. El doblaje es una tarea entretenida, sobre todo si uno debe doblar la voz del otro, como si el otro tuviera tu voz. A veces pasa en los sueños, pero es que en los sueños todo es tan extraño y deforme y surreal. ¿Les conté que la otra vez soñé que estaba dentro de un western, y que yo y mis compañeros llegamos a un pueblo en apariencia perfecto que, en realidad, era terrible y violentamente dominado por sus líderes, comandados por Matthew McConaughey? No me pregunten cómo terminó, porque no recuerdo tanto, lo cual es usual con los sueños. 



La misma Charlotte del cortometraje anterior, esta vez, llega al departamento de su ex-novio, interpretado por el Jean-Paul Belmondo con la voz de Godard, con intenciones que no se revelan hasta el final, aunque con los minutos uno intuye que el motivo de su visita será de lo más banal y hasta absurdo, considerando que lo que sucede después de que entre por la puerta es lo siguiente: diez minutos de Belmondo reprochando y agrediendo verbalmente a Charlotte porque, según él, ella volvió ridículamente arrepentida a rogar por su perdón. Y luego continúa apuntando sus errores como novia, como amante, como mujer, como ser humano; culpándola por el fin de la relación y por tantos otros males; reflexionando sobre la naturaleza del amor y las relaciones, el sexo, la vida, el arte, todo lo cual debe servirlo a él directamente. El tipo no se guarda nada, pensando que recuperará a su otrora novia. Mientras tanto, Charlotte mira de un lado a otro, despreocupada, sin prestarle mayor interés al pobre despechado y su perorata que va del orgullo al patetismo. Y bueno, que la chica no quería volver con él, sólo quería recuperar su... oh, mejor véanlo ustedes, así además no me acusan de dar spoilers...
A propósito, como reproche mío al corto, éste se hace demasiado largo para lo que realmente ofrece, sobre todo porque al par de minutos uno ya se da cuenta de que en realidad la chica no volvió por él y que todo el discurso de éste no tiene el más mínimo sentido. Y claro, me podrán decir que de eso se trata, que la cosa va sobre lo absurdo de este malentendido, pero vuelvo a lo dicho antes: se alarga demasiado y pierde la gracia, su premisa se agota y no es tan interesante escuchar a Belmondo con la voz de Godard gritar sobre cualquier cosa que se le venga a la mente. Pero como curiosidad vale la pena echarle un vistazo, después de todo dura doce minutos, no se me pongan exigentes...

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