jueves, 8 de diciembre de 2016

Dog Eat Dog - 2016


Director: Paul Schrader

Hace unos cuantos meses hicimos una improvisada pero placentera retrospectiva del cine de Paul Schrader, y sólo unas pocas películas se quedaron en el tintero, entre ellas "Dog Eat Dog", que por entonces poco se había dado (apenas en unos cuantos festivales, Cannes incluido). Ciertamente, el interés no iba a tardar en surgir, primero, porque quien dirige es Paul Schrader (ojalá hubiese escrito también), y, segundo, porque la presente se basa en la novela homónima de Edward Bunker, a quien conocimos como Mr. Blue en "Reservoir Dogs", pero quien, para entonces, ya contaba con un buen puñado de novelas (que por desgracia no he podido comprar porque son muy caras, maldición, aunque al menos es fácil encontrarlas) seguramente inspiradas en sus propias vivencias, y es que Bunker, antes de decidirse a escribir, se la pasó casi veinte años entrando y saliendo de prisión por toda clase de delitos tales como robo de bancos, robo a mano armada, falsificación, etc. Algún día compraré sus novelas, de momento esta película no es un muy buen acercamiento a su obra que digamos; al contrario, he quedado muy triste y decepcionado. Me iré a dormir con mucho pesar, snif...


Me pregunto si las cosas hubiesen sido diferentes de haber sido Schrader el autor del guión. Quién sabe. Ya no vale la pena llorar sobre la leche derramada. Lo cierto es que "Dog Eat Dog" no cumple nada de lo que se plantea, se queda a medio camino en su intención de transgresión o sea lo que sea que haya querido Schrader. Un truco fallido, sin duda alguna. La verdad es que no tengo idea de nada, me siento completamente despistado e incluso estafado.
Por un lado pareciera ser que Schrader quería tirar la casa por la ventana, poner toda la carne en la parrilla y apostar todo su dinero al despliegue visual, al delirio estético como motor narrativo o pilar dramático. El problema es que, por repetición, el truco se vuelve cansino e iterativo, pierde atractivo y, por lo demás, se nota irremediablemente vacuo e inofensivo, como quien quiere hacer algo "con estilo" porque sí, porque alucina con recursos como la cámara lenta, los ángulos extraños, el montaje eufórico y caótico, la imagen distorsionada, la banda sonora imperante, etc. Pero, ¿qué hay del fondo?, ¿el motivo de dicho despliegue? ¿El porqué? Todo es muy gratuito, no hay por dónde aferrarse a este "relato" porque en primer lugar ni siquiera hay un mínimo tratamiento moral o narrativo de los personajes, sus acciones o el maldito gran conflicto del film; podría pasar cualquier cosa y daría igual, total, ¿a quien le importa la coherencia interna, la integridad narrativa, los principios dramáticos? Ya de por sí la premisa es repetida hasta decir basta: tres amigos recién salidos de la cárcel se reúnen para hacer trabajitos que les hagan ganar suficiente dinero para vivir el día a día, aunque eventualmente querrán hacer algo más grande para poder retirarse, y claro, el trabajo final nunca sale bien y ya se saben el cuento, más aún si los personajes son "viejos". Ustedes dirán, con toda razón, que la premisa no debe ser necesariamente original, y estoy de acuerdo porque la película también depende del tratamiento, del enfoque del guión, etc., pero es que luego de la premisa mil veces vista vienen otros lugares comunes argumentales seguidos de más lugares comunes argumentales y así hasta el final, un abrupto arrebato que no concluye nada y sólo viene a decir que la película es así de mala "porque yo lo valgo". Lo único que ofrece "Dog Eat Dog" es una seguidilla de asesinatos sangrientos en clave "comedia negra", y pongo comillas porque la comedia negra debe ser inteligente y mordaz, no simples exabruptos de ira y violencia mezclados con sonidos o efectos visuales graciosillos. Lo peor es que Schrader no logra mantener el "endiablado" ritmo de acontecimientos porque, extrañamente, de vez en cuando decide ponerse reflexivo y hacer que los personajes se cuestionen sus vidas, cual crisis existencial, aunque nadie se lo va a creer con personajes tan complejos como un maní; por si fuera poco, ese interés por "profundizar" se contradice con el aparente lema de "no quiero ser la típica película sobre redenciones y misiones catárticas porque, en realidad, la vida es una mierda y a quién le importa si nos salvamos". Ay, lejos están los tiempos de "Hardcore", "American Gigolo" o "Light Sleeper", tremebundas maravilllas cinematográficas sobre la compleja naturaleza humana.
Así, con altibajos narrativos y cero materia gris en su interior, "Dog Eat Dog" es la enésima película que intenta epatar al espectador con efectos baratos pero que no lo logra porque el truco no es ni vistoso ni original y, además, ya se ha visto antes y mejor, con cerebro y sentimientos, como debería ser. Hay escenas rescatables y momentos entretenidos, pero el conjunto nunca se afianza, es ridículo y hace que uno se pregunte si Schrader está en plenitud de sus facultades mentales. Yo creo que ahora tiene una vida mucho mejor que la que tenía antes y por eso se olvidó cómo era sentirse decepcionado y enojado, con el conformismo tomando el lugar del nihilismo que lo acechaba antaño. Como sea, una sonrojante tomadura de pelo, quiero y no puedo, que no me ha hecho ni puta gracia. "White Girl" es infinitamente más creíble, por dios. Una lástima, una verdadera lástima, en especial por el personaje del reverendo y su esposa.

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