sábado, 10 de diciembre de 2016

Sangre - 2005


Director: Amat Escalante

Y hemos llegado al primer tercio de diciembre, ¿así de rápido o así de lento? Lo cierto es que quedan tres semanas para que se acabe este mes, y luego 31 días más para que se acabe mi 2016. Creo que ya sé que películas voy a comentar el 30 y 31 de diciembre; les va a parecer muy gracioso o, a lo menos, ingenioso. Ahora viene la parte en que digo "oh, pero para eso falta bastante todavía", sin embargo, ni se van a dar cuenta y ya estaremos en la víspera de año nuevo. ¿Ya saben qué van a pedir para navidad?


Me ha sorprendido "Sangre", opera prima de Amat Escalante, primero porque yo llegué a verla con la idea de que no me iba a gustar nada y al final me gustó bastante, y, segundo, porque es una película que cumple lo que promete y que ofrece aún más. "Sangre" es el distanciado retrato de la monótona y aburrida vida de un sujeto que trabaja contando personas y que vive con una mujer que trabaja en una tienda de sushis, y que no hace mucho salvo no cambiar la cara mientras ve tele, ve pasar personas y ocasionalmente tiene sexo con su pareja. De vez en cuando surge uno que otro lío, o dicho de otra forma, algo que altera su cotidianidad fantasma, pero la intención no varía: todo forma parte de la misma y monótona maraña de vidas hastiadas y sin chispa que apenas se arrastran por inercia con tal de mantener un perfil bajo y un vivir tranquilo. Los personajes no cambiarán nada, lo saben, por lo que deciden sentarse y no molestar a nadie. El espectador no se va a reír, no se va a entretener... a decir verdad hay muchas cosas que no va a sentir, pero a mí me ha conmovido e impactado la propuesta de Escalante, cuyo propósito parece ser mostrar el lado oscuro de la realidad/cotidianidad, aquel que naturaliza la violencia como si éste fuera un elemento esencial e indefectible de la sociedad, a través de una puesta en escena, con predominancia de planos fijos largos e inmutables, que muestra con aterradora efectividad el vacío en que se confinan las personas para refugiarse del mal que los rodea. Lo que más me ha conmovido es, justamente, la manera en que la sobrecarga de sentimientos encontrados abruma al protagonista (que aunque no cambie la cara, sí logra demostrar cierta desesperación y dolor), en especial durante el tramo final, cuando el golpe de la pérdida le obliga a abrir los ojos y ver que, a su alrededor, hay mucho... o quizás nada. El de "Sangre" no es un relato activo en el sentido convencional, es un relato de tensión subyacente que logra incomodar con su imagen violentamente despojada y amoral. Quién lo diría, pero me ha gustado "Sangre" mucho, mucho más de lo que pensaba.

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