lunes, 16 de enero de 2017

Hombre mirando al sudeste - 1986


Director: Eliseo Subiela

No sé ustedes pero yo me cansé de tanto documental, así que para refrescar un poco el ambiente, estos días comentaremos películas del otro lado de la cordillera, y qué mejor que comenzar con una de Eliseo Subiela, director que murió el pasado 25 de Diciembre, dos días antes que su fecha de nacimiento, el 27 (también la mía, jo, jo). Interesante curiosidad, ¿o no les interesa la numerología? En fin, nos aguarda una, espero, interesante semana (con respecto al blog, claro).


Eliseo Subiela pregunta una y otra vez a lo largo de "Hombre mirando al sudeste" si es más loco quien ayuda y entrega apoyo a los demás de manera desinteresada o quien se abstrae del resto en sus propios pensamientos y tribulaciones, aunque claro, las preguntas planteadas por Subiela y las posteriores reflexiones que surgen a partir de ellas son mucho más complejas y fascinantes de lo que sugiere mi torpe resumen.
A partir de la llegada de un misterioso hombre que afirma venir de otro planeta, Subiela nos deleita con un relato que busca explorar las contrariedades y tristes ironías de la naturaleza humana, y es que "Hombre mirando al sudeste", en cierta forma, es un filme de colisiones, de contrastes. Por un lado tenemos un apático doctor descreído de su profesión y cansado de una vida que vive por inercia, en piloto automático, sin preocuparse ni un ápice por sus pacientes o por los sanos a su alrededor, y por el otro lado tenemos al hombre que mira al sudeste, un extraterrestre que no puede sentir pero que aún así se empeña en estudiar al ser humano en sus aspectos más bellos y más deplorables, y que por lo demás ayuda a quien sea sin pensárselo dos veces. Ambos tienen filosofías de vida diferentes entre sí, directamente conflictivas; ambos enfrentan la vida de modos distintos, pero uno es un loco y el otro está sano. Sin perder nunca la intrigante, sugerente y fascinante atmósfera de extrañeza, sustentada en este brillante Macguffin de si el hombre mirando al sudeste viene, en efecto, de otro planeta (aunque más interesante resulta su descolocado y casi decepcionado punto de vista), Subiela busca dejar patente lo ridículo que resulta ser que quien afirma venir de otro planeta demuestra más humanidad (entendiendo ésto como empatía, compasión, solidaridad, amor, apoyo) que los humanos, hipnotizados por los elementos que lo destruyen por dentro y por fuera. Subiela dice que parece broma que un elemento externo venga a mostrarnos nuestras falencias, nuestras contradicciones, nuestros errores, y que además nos enseñe el camino, que nos muestre la mejor forma de aprovechar esta vida que tenemos y este mundo en que vivimos. ¿Es loco quien parece ver más allá de la superficie, o lo es quien quien atornilla sus pies en la tierra? ¿Cómo alguien cuerdo puede ignorar la necesidad de alguien que padece frío y hambre, mientras que un loco entrega ayuda apenas observa a quien carece de algo? ¿Bajo qué contexto se usa la razón: cuando un doctor duda del relato de un hombre extraño o cuando un hombre extraño le da comida a quien tirita de hambre? Hay quien acuse a Subiela de ingenuo, pero el gran director argentino nos ofrece, libre de sentimentalismos y cursilerías, toda una lección de humanidad y entendimiento, gran cine mediante.
Eliseo Subiela hace un montón de necesarias preguntas a lo largo del metraje de "Hombre mirando al sudeste", sin embargo, a pesar de las profundas reflexiones generadas por las interrogantes dadas, a fin de cuentas esas preguntas no hallan respuestas. No se puede, el mismo humano actúa de muralla. Al final Subiela, alguien que elige creer en la bondad humana y en el Bien, muy a su pesar nos muestra que el humano es el único ser capaz de destruir su propia salvación, condenado por esa inteligencia que tanto le enorgullece. El componente místico de sus películas es francamente delicioso y muy, muy coherente en tanto relato y narrativa. Subiela no es un hippie, es un pensador.

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