jueves, 23 de febrero de 2017

Kurutta Ippēji - 1926


Director: Teinosuke Kinugasa

Me he puesto al día con una rareza que no he visto desde que la encontré varios meses atrás, pero todo tiene un límite y eventualmente llega el momento en que uno se dice "chato, ¿estamos hablando en serio o no?". Ese momento ha llegado.


Teinosuke Kinugasa comenzó su carrera cinematográfica como actor de roles femeninos hasta que eventualmente las mujeres entraron a escena, momento en el que comienza a dirigir. "Jigokumon" ("Gate of Hell") ganó el Cannes de 1954, y mucho, mucho antes era aclamado por la críptica "Kurutta Ippeji", película muda que no tiene intertítulos y que se entiende estrictamente a través de sus elementos cinematográficos, principalmente la imagen y el montaje, lo que por supuesto suena a la obviedad más grande de la vida. De todas formas se entiende lo que, en esencia, hay que entender: que la acción transcurre en un manicomio y que, de entre los variados personajes cuerdos y locos que pululan por ahí (como la eterna bailarina) lidiando con sus estropicios mentales y desórdenes institucionales (de repente todos los locos se ponen a bailar, y no, no es un musical), el conserje del psiquiátrico es el personaje principal, toda vez que en primer lugar se encuentra ahí para estar cerca de su esposa loca y cuidarla, cuidados que pueden poner en peligro la integridad de multitud de personas. También se entiende que el director va intercalando recuerdos de por qué la señora se volvió loca, pero lo más interesante y atractivo es que poco a poco el conjunto se va fundiendo, al menos así lo percibía yo, en una estrambótica y polisémica pesadilla en donde es difícil discernir entre lo que es real y lo que no lo es, ya sea alucinación, recuerdo o simbolismo, porque probablemente el pobre conserje enamorado y devoto también esté sufriendo percances mentales, o simplemente lo está carcomiendo la culpa. El mayor hallazgo que se puede ver en "Kurutta Ippeji" es la manera en que Kinugasa expresa y representa a través del lenguaje cinematográfico la locura de sus personajes (la forma en que se nos hace saber que la bailarina loca piensa que está en un gran escenario es brillante, y de paso uno se entera que estamos en un manicomio) con sus respectivos conflictos, y desde luego su ágil dominio del espacio-tiempo, del discurrir del relato y de la progresión dramática. En cualquier caso no se extrañen, miren que en los años 20 el cine hizo muchas cosas sorprendentes de entre las cuales "Kurutta Ippeji" es un excelente ejemplo.
No se pierdan esta joya a la que, si hay que calificar de un modo cool, entonces que sea proto-lynchiana, ¿pero para qué jugar a las etiquetas? No olviden que el nombre propio acá es el de Teinosuke Kinugasa.

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