martes, 7 de marzo de 2017

Easy Virtue - 1928


Director: Alfred Hitchcock

Seguimos firmes con esta retrospectiva, recién titulada como "Alfred Hitchcock, narrativa completa". Completísima, a excepción de sus filmes perdidos. Puede que hasta me dé por ver "Alfred Hitchcock presents", ¿por qué no, ah? Pero mejor no me apresuro, que estamos recién comenzando; aún no terminamos la década de los veinte siquiera. "Easy Virtue" es la tercera película que Hitchcock estrenó el año 1928, ¡y nos quedan dos filmes para llegar a los treinta (la década, claro)!


"Easy Virtue" alude a un estilo de vida "ligero" y "dudoso" que se gana la gente de reputación mancillada, que viven, según las malas lenguas, en constante oposición a las buenas costumbres y a la virtud. Con "Easy Virtue" Hitchcock vuelve a criticar la hipocresía y el dogmático conservadurismo moral de la clasista y machista sociedad en general, aunque especialmente con miras a la clase alta, que es la esfera en donde se desarrolla esta historia. De calidad ascendente, la película comienza con un juicio por divorcio: el marido demanda a la protagonista por adúltera (supuestamente; a mi entender ella realmente no hizo nada reprobable), y mientras los abogados elaboran sus argumentos y la demandada responde afectada, numerosos flashbacks nos relatan los acontecimientos que propiciaron el divorcio. Todo este segmento no me gustó mucho principalmente por su poca intensidad dramática y la levedad de sus elementos narrativos, con un trío poco carismático cuyas relaciones no resultan para nada convincentes, seguramente por la celeridad con que se cuentan dichas desavenencias, ni mucho menos interesantes, al ser el típico drama de matrimonio sin chispa en el que se entromete un impulsivo tercero enamorado de la mujer, a quien no deja de insistirle ideas de huidas y reinicios, hasta que eventualmente el marido se entera y se desquita con la esposa. Lo único interesante que se podía sacar en limpio, aparte de la agilidad de Hitchcock para trasladarse de un espacio-tiempo al otro apenas a través de un corte o un movimiento de cámara con total fluidez y naturalidad, era que, independientemente del veredicto final, la protagonista saldría perdiendo igual, pues el mote de adúltera y mujer fácil de poca decencia no se lo quita nadie. Afortunadamente, la secuencia del juicio no es más que la introducción del verdadero conflicto: la vida que la protagonista, acusada y sentenciada judicial y socialmente, intenta rehacer alejada de las miradas escrutadoras y los gestos punzantes. Por desgracia (más o menos), la protagonista se enamora de un chico, de familia fina y prestigiosa, que le corresponde de vuelta, mas la amenazante sombra de su pasado está en constante acecho y he acá cuando Hitchcock potencia la crítica social y su narrativa, al establecer un constante duelo entre el amable y promisorio presente de la protagonista versus esta amenaza subyacente cuya gran incógnita pareciera ser el cuándo, pues en una sociedad obsesionada con los chismes y la crítica sistemática al otro, los secretos siempre se llegan a saber, logrando que el idilio se desarrolle con esta calma tensa y falsa.
Así, "Easy Virtue" es la historia de una mujer cuya integridad ha sido mancillada y pisoteada y de un amor golpeado por los viles prejuicios que circulan, por igual, en las más altas esferas así como en los bajos fondos, sin olvidar, por supuesto, el venenoso aporte de la prensa. Qué importan las palabras de la protagonista si algunos influyentes ya la tacharon de "perdida"; qué importa su honestidad si su entorno la observa con infundada sospecha. Hitchcock apunta con precisión y golpea con ahínco: ¡despierten, malditos hipócritas!
"Easy Virtue" es una película efectiva y sumamente interesante, bien escrita y dirigida, con bonitos destellos de lucidez y candor (como la escena en que una telefonista u operadora, de estas llenas de cables y enchufes, oye una decisiva conversación entre la protagonista y su amado y el sólo rostro de la escucha nos permite imaginar el contenido del diálogo, con uno que otro detalle picante pienso yo), que destaca sobre todo por no ser un drama convencionalmente optimista y de final feliz, al llevar su crítica visión a las últimas consecuencias.
Y qué estilo el de Isabel Jeans; cuánta gracia y magnetismo para reír, para fumar, para mirar... No es que su actuación sea memorable ni especialmente intensa, pero tiene estilo para hacer las cosas.

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