viernes, 31 de marzo de 2017

What's the matter with Helen? - 1971


Director: Curtis Harrington

Y se acabó marzo. Fue un mes largo, pero esta vez ello conlleva una connotación positiva. No fue un mes largo lleno de basuras de la puta universidad de mierda ni cosas por el estilo; al contrario, fue un largo mes lleno de películas, libros, natación, cómics, ejercicios, descansos, caminatas, ideas locas, descubrimientos, etc... Lo único que faltó fue echar un buen polvo, pero habrá que ser pacientes en ese apartado. Ahora que la puta universidad queda reducida a un par de irritantes granos en el culo que espero desaparezcan a lo largo de este año, y por más meloso o cursi que suene, puedo decir que comienza el resto de mi vida, por ende, ¿para qué preocuparse de si ya pasó el primer tercio o la mitad del mes, para qué esperar el fin de determinado período para poder disfrutar de las cosas?, ahora todo va de avanzar y avanzar. No es que cada vez que se acabe un mes salga con este rollo, así que para alivio de ustedes estas palabras no se repetirán otra vez (probablemente). Ahora hablemos de "What's the matter with Helen?", otra película surgida del imaginario Baby Jane.


Ésta sí que luce más cutre que las anteriores, pero no es ni escandalosamente mala ni conmovedoramente buena; digamos que es entretenida, que lo que acá importa no es la calidad intrínseca del relato (cuya premisa es interesante, claro que sí) o de la puesta en escena, que no debemos juzgar esta cinta por sus supuestas luces o sus notorios baches sino que por sus intenciones, más allá de si estén bien logradas o no. Se valora el esfuerzo, digo, pero no me malentiendan, no estoy siendo realmente irónico o sarcástico, solamente señalo que... que cumple con mostrarnos la historia de dos mujeres cuyas vidas toman una decadente espiral en donde ocurren asesinatos, colapsos mentales y rivalidades. A pesar de lo que pueda sugerir la presencia de Henry Farrell en el guión (él es el autor de la novela en que se basó Baby Jane y del relato con que hizo lo propio Sweet Charlotte, las más famosas del lote), no estamos ante una imitación barata del angustioso filme de Robert Aldrich, si bien los elementos esenciales, por supuesto, no podían ausentarse.
Para quien guste etiquetar, "What's the matter with Helen?" es una película bastante inclasificable a pesar de su propuesta aparentemente conocida. No es una película de terror propiamente tal, ni de sustos ni de retratos psicológicos, tampoco es un thriller convencional aunque hay un misterio, o dos, o varios... Lo más apropiado sería indicar que estamos ante un drama sangriento y delirante, no lo sé, si hasta parece una sátira, tan autoconsciente de sus mecanismos y despistes. Lo cierto es que hay tal cantidad de elementos narratológicos en esta película que uno se siente inevitablemente descolocado, lo que no deja de ser positivo a fin de cuentas. Veamos: la historia parte cuando Debbie Reynolds, una guapa madre soltera dueña de una escuela de danza para niños y niñas (eh, pero qué inclusivo soy: me estoy adaptando a los tiempos que corren, ¡de lo contrario a la guillotina!), y Shelley Winters, socia de la primera, salen de un tribunal en donde sus hijos fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato de una inocente señora. Huyendo de tan macabro hecho y de los acosos de la prensa y de ciertas voces que claman venganza (los primeros quince minutos parecen cine de terror B en toda regla, con esa llamada anónima haciendo amenazas y todo), ambas amigas deciden dejar New York para ir a California, supongo que a la ciudad de L.A. La escuela de danza va bien, el negocio va bien, se les une un ampuloso profesor de dicción y teatro, aparece un galante magnate texano, pero aún así Shelley Winters (la Helen del título, ¿qué demonios pasa con ella, maldita sea?) se siente mal y empieza a perder un tornillo. Eventualmente los desvaríos de Helen irán afectando a los demás personajes, pero la mayor parte del tiempo "What's the matter with Helen?" es la historia de dos mujeres que intentan comenzar de cero pero que son agobiadas por multitud de problemas, de miedos, de inseguridades, de delirios, hasta que una se vuelve chiflada y listo. No hay mucha atmósfera de opresión o de incertidumbre que digamos, de hecho el tono oscila entre la comedia involuntaria (en especial gracias a la inverosímil sobreactuación de Shelley Winters, de quien no sabemos si compadecernos o reírnos sin compasión, mientras que en la otra esquina del ring Debbie Reynolds demuestra solvencia con la también impostada elegancia y simpatía de su personaje, de ese artificioso encanto que encamina el sendero del éxito y cubre los pasos de tiempos tormentosos y trágicos) y una feble solemnidad, pero no negaré que uno se mantiene atento a lo que va a pasar, motivado por la incesante duda de qué pito tiene que tocar tal o cual personaje: ¿uno de ellos tiene malas intenciones, o simplemente están cubiertos por el injusto y caprichoso manto de la paranoia ajena? Pensándolo bien, el principal problema del presente film sería su tono, porque, en el papel, los acontecimientos y los personajes, el rumbo que toman y el trasfondo de sus acciones, son de lo más interesantes, autoconscientes y todo. En base a ello el director sólo presenta los hechos del descalabro de las protagonistas, da a entender las ambivalencias que las confunden, pero no escarba realmente en la psicología de éstas ni tampoco en el aspecto moral del relato, y su ejecución es entre torpe y sobria (o limitada), descontando un par de momentos de ingenio y lucidez material, sin grandes alardes de estilo o riesgos formales. Ahora que lo pienso, quizás sí haya una moraleja, algún atisbo de reflexión moral: no podría indicarlo con exactitud, pero de seguro tiene que ver con el fanatismo religioso de Shelley Winters, aunque son tantas las variables que entran en juego que se hace difícil quedarse con una. Un mejor director, o, en su defecto, un director que sepa potenciar los elementos del papel dándoles forma y entidad, y teníamos una película verdaderamente memorable y magnífica.
Eso sí, el final es excepcional. Lo único absolutamente genial e inolvidable, tan escabroso como inocente. Es raro, estén seguros de ello. Yo lo he pasado bien, con tanta cosa sucediendo a la vez que nada sucede; me ha gustado. ¿Es mala película? Es buena a su modo, tiene su encanto desaprovechado, algo queda... A verla se ha dicho, ¿o no?

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