lunes, 24 de abril de 2017

Swimming Pool - 2003


Director: Francois Ozon

Podría comentar el temblor y la seguidilla de temblores que lo precedieron y que le siguen sucediendo, pero tengo una pereza que te la encargo, además qué demonios se puede comentar al respecto, honestamente. Me bajó el sueño, vaya uno a saber porqué. Quizás sea porque salí a comprar libros y, aunque es una actividad agradable, eso de usar el metro y caminar un par de cuadras es agotador, lo cual es curioso porque me paso casi una hora nadando initerrumpidamente y no es que quede muerto (pero sí agradablemente cansado); quizás sea el contacto con la muchedumbre... ni idea cómo aguanta la gente el tránsito de todos los días, claramente tienen más fortaleza que un vagabundo como yo. En fin, cuando vi "Swimming Pool" estaba en plenitud de mis facultades. Y si hubiera estado apagado, la película misma me hubiera animado a tope. Es lo que pasa con las buenas películas. Esperen... ¿está temblando otra vez?


"Swimming Pool" es una película de suspenso en toda regla, pero no en un sentido convencional, no en un sentido estrictamente argumental (aunque al final se saca un as bajo la manga que al menos yo no lo vi venir y que te deja gratamente descolocado). Es más atmosférico, ambiental. Íntimo. Ciertamente, muy misterioso y muy sensual, en el amplio sentido de la palabra. Todo comienza cuando Charlotte Rampling, escritora de novelas de detectives, parte a la casa de su editor en Francia para aclarar sus ideas y salir con una nueva historia, estadía que fluye perfectamente hasta que aparece, ¡mon dieu!, la exquisita Ludivine Sagnier, hija del editor, cuya avasalladora y desinhibida personalidad, tan fascinante como repelente para la escritora, la sacará de cuajo de su zona de confort. Acá el suspenso radica, como he dicho, esencialmente en el incierto pero sugerente halo de extrañeza proveniente de la chica en cuestión, quien, si bien no es en lo absoluto mala persona (quizás molesta para la escritora, pero nada más), sí parece ser un enigma en sí misma y acarrear una creciente sensación de mal agüero, como si ella no fuese el mal sino el detonante del mismo. De esta forma, Charlotte Rampling intenta desentrañar esa intriga que envuelve a la chica, escudriñar en su pasado y su personalidad para dar con su verdadero rostro, sus verdaderas intenciones, y la mayoría del metraje consiste en este conflictivo choque de personalidades y estilos de vida, relato desarrollado con pulcritud, elegancia y paciencia, rasgos fundamentales para sostener este no-misterio que, desde luego, resulta la mar de interesante y atractivo, en especial por las sospechas recíprocas que se dedican Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier, y porque Ozon nuevamente nos invita a explorar los enigmas y las zonas ensombrecidas de la compleja y ambigua naturaleza humana.
Zambúllanse y déjense llevar: dejen que se les erice la piel, que se les estremezca el esqueleto, que las gotas viajen por sus cuerpos...

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