miércoles, 10 de mayo de 2017

Velvet Goldmine - 1998


Director: Todd Haynes

Y terminamos de momento con Todd Haynes, que ha decir verdad no me ha dejado muy entusiasmado con su poco confiable cine, pero quién sabe, a lo mejor el cambio de siglo le hizo bien y "Far from Heaven", "I'm not there", la miniserie de "Mildred Pierce" que dirigió para HBO y "Carol" son mejores que los cuatro trabajos que hemos comentado. Algún día lo sabremos. Mientras tanto, les hablo de "Velvet Goldmine", lo peor que le hemos visto a Haynes.


"Velvet Goldmine" tiene varias historias dentro de su esqueleto, ninguna realmente atractiva ni memorable pero, lo que es peor, ninguna clara o medianamente entendible, mucho menos narradas con un tratamiento moral/humano/social estimulante o atractivo. Tenemos un puñado de personajes (Jonathan Rhys Meyers como exponente del glam rock, Christian Bale como fanático del primero y del que viene, Ewan McGregor como rockero problemático) y una repentina y caprichosa remembranza que repasa el auge y caída del artista encarnado por Rhys Meyers, repaso que sirve para navegar por los entresijos de la industria musical de aquel entonces y toda la onda cultural de la época, y quizás para mostrar una débil y leve trama en donde Bale tiene un timorato despertar sexual (se enamora de Rhys Meyers y McGregor). Se supone que el asunto comienza cuando el bambo ya ha terminado y Bale es un periodista igual de tímido, rígido y aburrido al que le encargan investigar la desaparición de Rhys Meyers, y como Bale estaba metido en la movida, pues ya ven que le sirve para ejercitar la memoria y entrevistar a los involucrados y darle este aire de cierta nostalgia y desaliento por una era muerta, y recién a quince minutos del final este misterio de qué demonios pasó con Rhys Meyers, con este artista caído en desgracia, adquiere preponderancia dramática y aires de thriller periodístico-conspiranoico que francamente no pega, y no entiendo por qué Haynes se las da de trascendente con estas escenas en donde los personajes en vez de hablar se quedan mirando, como si "las palabras sobraran"... ¿qué, es que ahora todos son telépatas? ¿Dónde están mis explosiones craneales? Y bueno, la narrativa, si es que se le puede llamar así, consiste en estos recuerdos unidos mediante canciones e ingeniosas transiciones entre escena y escena, sin una línea argumental clara, sin verdadera intención de relato, solamente aglutinar recuerdos uno tras otro sin mayor lógica o coherencia que cierta flecha cronológica, pero ni eso...
"Velvet Goldmine" no es más que un fallido ejercicio tan artificioso como superfluo cuyo mayor lastre es, sin lugar a dudas, su falta de personalidad e identidad, la carencia de una mirada y un punto de vista; la puesta en escena de Haynes consiste simplemente en registrar la loca vida del artista maldito, nada más que eso, y hasta se gasta ciertas ínfulas de mockumentary. Ciertamente, a Haynes le sobra admiración, fanatismo e idealización y le falta, con muuucha diferencia, la transgresión y emoción de "Hedwig and the Angry Inch", la apabullante y furiosa y feroz e inconformista autenticidad de "Vinyl", la truculencia y desencanto de "Who killed Nancy?", la acidez y mordacidad de "Sex&Drugs&Rock&Roll", todas referencias que por lo demás comparten entre sí los distintos rasgos mencionados. En ésta aparecen los New York Dolls pero me gustan más los que aparecen en "Vinyl", y ya que estamos, ¿no les parece genial esa risa al final?
¿Y qué es "Velvet Goldmine"? Es conformismo, es plana e impasible ingenuidad, es un espectáculo inocuo. Y uno pensaría que Todd Haynes es mala leche para sus cosas...

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