miércoles, 7 de junio de 2017

Blackmail - 1929


Director: Alfred Hitchcock

Ahora el plan es atar cabos sueltos, ya lo verán. Como saben, nos hemos puesto a completar la filmografía de Hitchcock desde sus inicios. Ha sido un proceso irresponsablemente lento, largo e interrumpido. Claramente, esta retrospectiva no termina con "Blackmail" (un título que suena muy hitchconiano, no me digan que no), pero resulta que la presente película, además de ser la última que el británico hizo en la década de los veinte, es también su primer talkie. Más adelante nos pondremos a ver lo que hizo en los treinta, pero de momento, los veinte han terminado y, con ello, hemos cerrado esta cuenta pendiente.


La idea detrás de "Blackmail" es bastante buena pero el resultado es desgraciadamente deshilachado y descompensado, como una sucesión de distintas historias que no logran conformar un conjunto firme y coherente.
Pero antes: se nota la cualidad de "experimento" en el uso del sonido y los diálogos, pues es un código que contraviene notoriamente la construcción narrativa de las secuencias mejores logradas del film, que son esencialmente "mudas", es decir, que generan emociones y/o sensaciones a través de la conjunción de imagen, montaje y banda sonora (o música, para ser más claros), en donde Hitchcock sigue demostrando su exquisita inventiva o imaginería visual como representación de culpas, remordimientos, disputas morales internas, ambigüedad psicológica, etc. De lo anterior pongo como ejemplo las capturas ubicadas debajo de este cuerpo, que muestran claramente el conflicto que atormenta a la protagonista: el crimen que ha cometido la persigue a todos lados: la culpa la acecha, la vergüenza la carcome. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, el relato descansa en una narración dialogada, en donde los intercambios entre personajes dan cuenta de qué demonios planea uno u otro, qué se sabe, qué se cuece. El problema acá es que el sonido y los diálogos se usan sobre todo en pos de un afán de "naturalidad" o "realismo", con la intención de construir una atmósfera cotidiana, lo cual acaba siendo infructuoso, pues el relato no tarda en ser presa de un ritmo y un tempo que se tornan cansinos (llegando a caer en tiempos muertos), que se alargan innecesariamente y que no aportan verdadero valor narrativo ni dramático, al quedar estáticos en una imagen "silenciada" o "vaciada" (vacío que los diálogos no logran compensar), lo cual, sumado a un argumento demasiado fragmentado, da por resultado un film poco satisfactorio y algo ininteligible, falto en suspenso (que era lo que una trama de estas características pedía a gritos) y excesivo en redundancias y palabras.
Sobre el relato en sí, el argumento, "Blackmail" no logra concretar las distintas historias que va proponiendo (si bien se entienden en el papel). Comienza como si fuera un sombrío policial con tintes de expresionismo alemán, con una secuencia "muda" en donde dos detectives de Scotland Yard dan caza, atrapan, interrogan y apresan a un criminal. El punto de este inicio es hacernos saber que uno de los personajes importantes del film es policía. Luego de completado el día de trabajo, el policía joven se encuentra con su novia, la verdadera protagonista, para salir a comer y ver películas. El tono se aligera y parece que estamos ante una comedia romántica de triángulo amoroso, pues la muchacha está aburrida del policía y espera encontrarse con otro sujeto, el cual la invita a su casa y luego intenta propasarse con ella (en realidad la intenta violar, nada de eufemismos acá). Ella se defiende, pero de igual forma se siente mal, perseguida. Acá Hitchcock se vuelca más a lo psicológico, tal como he ejemplificado anteriormente (en la habitación de la chica hay una foto enmarcada del novio, con expresión severa: excelente detalle, pues ahora ella se siente observada por un elemento de la ley). En este punto uno piensa "ok, ¿esto será un juego del gato y el ratón, típico relato en donde el policía debe resolver un caso cuyo culpable es alguien íntimamente cercano? ¿Habrá dilemas éticos una vez descubra la verdad?", pero luego surge la pregunta de por qué la película se llama "Blackmail", es decir, chantaje. Así que casi a la hora de película, sin permitir que la interrogante del dilema ético se desarrolle, aparece un tercero que sabe que la chica se trae algo entre manos (y que el novio podría meterse en problemas por ello) e intenta ejercer su influencia para sacar provecho de ello. ¿Ahora el eje central es el suspenso? Lo dudo: el chantaje dura diez minutos y todo acaba con una persecución que deja a la chica fuera de toda sospecha, si bien ella no se siente libre de culpa. Lo más extraño del final no es su último plano, que parece confirmar el carácter supuestamente psicológico de la idea base (al menos queda claro que la chica siempre cargará con el peso de sus actos, aún cuando no podamos realmente culparla por haberse defendido de semejante energúmeno), sino la facilidad con que la muchacha cambia de parecer: se quiere entregar y hacerse responsable de lo que hizo, pero luego no. ¿Y listo? Listo.
Como ven, "Blackmail" es una película indecisa que se pierde entre tantas posibilidades no concretadas, todas apenas esbozadas fugazmente para luego ser reemplazadas por otra historia tan fugaz y plana como la anterior. Y, por añadidura, los personajes (a excepción de la protagonista), son sumamente vagos e imprecisos. En fin, no pretendo alargarme más, pero si Hitchcock se quedaba únicamente con su protagonista (y aprovechaba más el chantaje, lo cual a su vez podía incrementar el agobio psicológico), entonces "Blackmail" pudo haber sido una gran película de suspenso. El resultado real es, no obstante, una simple e inocua seguidilla de registros y narrativas poco cohesionadas y tratadas. Ni siquiera como crítica social, algo para lo que Hitchcock ya había demostrado una férrea personalidad, puede destacar.

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