Director: John Ford
No sé si ando muy sensible o histérico (en realidad me considero bastante tranquilo; supieran los patéticos berrinches que me hacen por nada, y yo manteniendo la calma y la diplomacia), pero creo que más de una vez se han burlado de mí por admirar profundamente el cine de John Ford, refiriéndose a su magnífica obra de manera bastante despectiva ("tú y tus películas de John Ford", entre otras muestras de ignorancia). Y yo pienso, ¿qué demonios? Sé que ustedes estarán de mi lado: burlarse y menospreciar el cine de John Ford es burlarse y menospreciar el Cine. Así tal cual. Por suerte, para nosotros es incuestionable la calidad de Ford, un gigante que comenzó haciendo películas cuando todo lo que se necesitaba era visión y seguridad, cuando había que llegar a hacer lo que te saliera de las pelotas sin preocuparte de protocolos con el tiempo sobrevalorados (me imagino la patada en el culo que Ford o Walsh darían a los profesores de ahora, con sus arrogantes "si no lo hacen de esta forma entonces no pueden hacer películas", o la decepción que sentirían al constatar que ¡hay ingenuos que les hacen caso!). Ford, un genio que fue inventando y potenciando el lenguaje cinematográfico incluso antes de que proliferaran esas sanguijuelas llamadas "teóricos del cine" (eso sí, grandes salvadores de profesores mediocres que obligan insustanciales lecturas en vez de motivar ingentes visionados e invitar a descubrir más y más), quienes lo ven como un limitado medio que les sirve como vehículo de banal validación personal e intelectual. Entonces, ¿cómo se entiende eso de llenarse la boca diciendo que te gusta el cine y luego menospreciar a Ford, sin el cual el cine tal como lo conocemos no existiría? ¿Qué sigue, menospreciar a Griffith? En fin, soy un sujeto calmado pero es que a veces es imposible no enojarse ante tan ignominiosa estupidez, y yo respondo (descontando esta repentina y alargada diatriba) de la única forma posible: viendo películas de John Ford, claro, un director de los de verdad, un director que derramaba sangre y sudor en el set, pero jamás lágrimas, pues como bien diría Rainer Werner Fassbinder (otro gigante del cine), el director no debe nunca demostrar debilidad ante su equipo, mucho menos preguntar qué hacer o dudar, al contrario: pensar y ejecutar, amo y señor. John Ford, un director que hacía cine, maldita sea.
