Director: Gregg Araki
Gregg Araki terminó los noventa con la lamentable "Splendor", extrañamente apaciguado y amable, conforme.
Ha comenzado Marzo, el mes que, antaño, era sinónimo de vuelta a clases y, por ende, una ahogada y reprimida sensación de rabia, pero también de contenida tristeza: ¿otra vez este maldito infierno? Y más adelante sería el inicio de la puta universidad, y más adelante, quizás, el retorno al trabajo. Vaya, vaya. Este Marzo en particular me ha encontrado tranquilo, no me quejo, pero de todas formas comenzaremos con ira: comenzaremos con Gregg Araki, específicamente con "The Living End", la película que, con toda maldita justicia, lo puso en el mapa a inicio de los noventa: la década de Araki, un director único: inconformista, sensible, brutal, personal.
Ha comenzado Marzo, el mes que, antaño, era sinónimo de vuelta a clases y, por ende, una ahogada y reprimida sensación de rabia, pero también de contenida tristeza: ¿otra vez este maldito infierno? Y más adelante sería el inicio de la puta universidad, y más adelante, quizás, el retorno al trabajo. Vaya, vaya. Este Marzo en particular me ha encontrado tranquilo, no me quejo, pero de todas formas comenzaremos con ira: comenzaremos con Gregg Araki, específicamente con "The Living End", la película que, con toda maldita justicia, lo puso en el mapa a inicio de los noventa: la década de Araki, un director único: inconformista, sensible, brutal, personal.








