Director: David Mackenzie
De vez en cuando tenemos la fortuna de que de Estados Unidos salgan "thrillers" que, a falta de otra denominación más precisa y menos simplista (tan simplista que así les llaman en los medios oficiales), les diremos "calmados". Thrillers pausados, mejor dicho, pues de calmados nada; al contrario, hierven de una furia subyacente que brota de la imagen como pequeñas pero brutales explosiones, desahogos. Películas que no escatiman en el uso de la violencia y de los elementos más reconocibles del relato criminal (el heist en el presente caso), pero que se permiten, en la mayoría de los casos con excelentes resultados, añadir un toque melancólico y desencantado cuyo insobornable nihilismo es tan importante como la violenta trama que se desarrolla. En los setenta habían muchos de esos thrillers, ejecutados con una contundencia formal tan impactante como el potente, cuasi ácrata discurso que se vertía sobre las crudas imágenes. "Cop Car", del 2015, me trajo grandes sensaciones (mezclados con ese inefable sentir despojado de toda ilusión, de toda esperanza), pero "Hell or High Water" da completamente en el clavo y se alza como una de las mejores películas del año, y es que sus lecturas, en especial considerando los acontecimientos de las últimas semanas, cobran innegable vigencia; por lo demás, le sobra calidad cinematográfica y valor artístico. Una joya que ha pasado desapercibida injustamente... pero oigan, así suelen ir las cosas.
