jueves, 11 de agosto de 2016

Flamingo Road - 1949


Director: Michael Curtiz

Bueno, por problemas de tiempo (maldita universidad, por supuesto), no pude ver "Mishima: A life in four chapters", que sería la quinta parada de la retrospectiva dedicada a Paul Schrader. En cambio, y como soy un atleta de la improvisación, me decidí a ver "Flamingo Road", de Michael Curtiz, cuyo afiche es de lo más atractivo, y además cuenta con Joan Crawford en sus filas (actriz y director ya habían trabajado juntos antes en "Mildred Pierce", comentada por acá), así que no había por dónde perderse. El visionado es bueno y vale la pena, qué duda cabe.


Joan Crawford es una artista circense (bailarina, cantante, cualquier cosa que signifique mover el esqueleto) aburrida de la miseria en la que vive, así que cuando expulsan a su compañía de la ciudad, ella decide quedarse para buscar trabajo, una vida más tranquila y segura. Desafortunadamente, se ve envuelta en las descarnada lucha de poderes que se lleva en la ciudad, en donde el sherif, un gordo cabrón interpretado por Sydney Greenstreet (curioso actor que comenzó a actuar a los 62 años, y que sólo estuvo activo entre 1941 y 1949, siendo éste su penúltimo rol en pantalla; por lo demás, ya había trabajado bajo las órdenes de Curtiz en "Casablanca" y "Passage to Marseille"), parece ser quien controla los hilos de la ciudad. El problema comienza cuando Greenstreet designa a su ayudante de sherif como el nuevo senador de la zona, cargo que impone ciertos requisitos esenciales, como tener una familia y estar casado con una mujer de buena crianza, etc., sólo que el muchacho en cuestión se interesa en Crawford, ya saben, una artista circense reconvertida en camarera, algo no muy atractivo para el electorado. Así, el sherif le hará imposible la vida a Crawford, mientras que ésta, como puede, intentará pelear de vuelta y no irse de la ciudad. Este feudo, como dije, se desarrolla entre medio de los conflictos que surgen entre los peces gordos que hacen y deshacen a voluntad, eligiendo no sólo candidatos sino que ganadores para poderosos cargos políticos, pues una cosa es lo que quiere el sherif y otra cosa es lo que quiere un sujeto llamado Dan Reynolds, el verdadero jefe de todo esto. Como sea, "Flamingo Road" hace un crítico retrato de las estructuras del poder y de las dinámicas de la corrupción, apuntando fuertemente hacia el juego de las apariencias como gran motor político, por sobre la autenticidad de propuestas y principios morales. De hecho, este asunto de las apariencias y la honestidad es el pilar fundamental del filme: Flamingo Road es la calle en donde se ubican todas las grandes mansiones, la crème de la crème, el más alto símbolo de estatus y éxito social: el destino a donde todos quieren llegar... pero ¿a qué precio?, ¿a costa de qué?
"Flamingo Road" es una buena y efectiva película que tiene buenos personajes (el sherif, desagradable a más no poder, cumple su rol de villano déspota; Dan Reynolds, carismático empresario que dicta los destinos de ciudades enteras; y Joan Crawford, la decidida mujer que decide no huir más y hacer frente a estos sujetos que quieren decidir su vida por ella) y cuyo relato se desenvuelve sin mayores problemas entre los tejemanejes políticos y la visceral rivalidad entre Crawford y el sherif, en el fondo el gran motor narrativo y fuente de todo conflicto. Eso sí, pudo tener un mejor final: el desenlace ocurre muy abruptamente y, a decir verdad, me lo esperaba más elaborado, considerando que se nos anunciaba el duelo final, el definitivo, lo cual termina con gusto a poco, como un final común y silvestre. Con todo, "Flamingo Road" es una recomendable película que funciona fluida y coherentemente. El afiche me sugería algo más salvaje, pero así como está uno no se puede quejar gran cosa.

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