Director: Robin Hardy
Llámenme loco o lo que sea, pero ayer andaba recordando aquella vez en la que una animadora de tele dio la noticia de la muerte de Roberto Bolaño, el escritor, confundiéndolo con Chespirito, Roberto Gómez Bolaño, el comediante; desde luego, todo un chascarro que siempre es recordado en las recopilaciones de frases y equivocaciones célebres ¿Pero por qué tal recuerdo se posa en mi mente, así de la nada? Vaya uno a saber; el punto era que Gómez Bolaño seguía vivo. Con tales recuerdos me pongo a ver películas, y una vez terminada "The wicker man", opera prima de Robin Hardy, me meto a internet y veo la noticia de que Gómez Bolaños ha muerto, ésta vez sin confusiones ni inocuas meteduras de pata: es verdad. Lo inevitable sucede pero siempre nos toma por sorpresa, y aunque no veía "El chavo del ocho" -de sus creaciones, mi favorita- hace quién sabe cuántos años, los recuerdos de aquellas mañanas y tardes disfrutando de las divertidas aventuras del Chavo en la vecindad vuelven sin cesar: una noticia así no puede más que causar desazón y pesar. Ahora bien, y esperando que la transición no parezca una falta de respeto, hablemos de "The wicker man", eficiente película que te deja con un muy mal sabor de boca al final; no por falta de calidad sino por el impacto de las imágenes ofrecidas -o lo que es casi lo mismo, por su gran calidad-. Me causó muy mal rollo todo el asunto, y probablemente también se los causará a ustedes.
