Director: Ektoras Lygizos
Siempre es saludable y necesario ver una película frecuentemente denominada como "cine social" -no sé qué demonios es eso, pero a veces las etiquetas facilonas simplifican la tarea de... ¿de qué?-, al menos aquellas que trascienden esa manoseada y sobrevalorada distinción para convertirse en una experiencia eminentemente humana y no discursiva o moralizante. Hace poco comentaba la bosnia "Episodio en la vida de un recojedor de chatarra", una bella y desconcertante historia de gitanos marginados, y siempre están los intachables hermanos Dardenne con sus inolvidables historias de personas afectadas por situaciones socialmente tortuosas. "Chico que se come la comida del pájaro", traducción literal -creo- de la opera prima de Ektoras Lygizos, podría caer perfectamente en lo anteriormente descrito, esto es un cine de la verdad, la vida y lo humano, un cine capaz de removerte las entrañas tan sólo con un par de mecanismos de lo más sencillos pero efectivos y poderosos. Esta cinta griega es dura, claro que sí, pero endiabladamente honesta y obligada.
