Directora: Kathryn Bigelow
Hoy me leí Chapuzas de amor, de Jaime Hernández, y sí, me he emocionado de lo lindo. He seguido el recorrido completo: los tres tomos de Locas, después Penny Century, después El fantasma de Hoppers, después La educación de Hopey Glass, después El regreso de las Ti-Girls, para finalmente acabar con la citada Chapuzas de amor. ¿Alguien que sepa más que yo sabe si la saga Locas concluye definitivamente con esta historia? Sería triste. Por alguna razón me siento muy cercano a Maggie Chascarrillo, Hopey Glass y el amplio reparto de personajes creados por Hernández; personajes complejos, de carne y hueso, yendo y viniendo, retornando y desapareciendo, como destellos de luz, como la vida misma. Me apena bastante, eso sí, que en esta última entrega no hayan aparecido Penny Century (como me vuelve loco ella) ni Izzy Ortiz, pero parece que sus vidas quedaron concluidas en libros anteriores. Eran tan amigas, tan unidas, tan inseparables. Izzy era como una madre; a su manera, Penny también. Qué se puede decir: el tiempo pasa, avanza, Penny se va por un lado, Izzy por otro, las Locas originales toman rumbos distintos, y Maggie y Hopey están juntas pero no juntas y ya no tienen quince años y ¡tienen cuarenta! y tienen toda una vida hecha, ¿y me pueden creer que Terry y Hopey...?, bueno, no quiero develar nada mucho. Locas, las voy a echar de menos. Locas, las quiero.