miércoles, 2 de noviembre de 2016

Gemma Bovery - 2014


Directora: Anne Fontaine

Supongo que "Tamara Drewe" debió causar bastante interés en la obra de Posy Simmonds, pues cuatro años después Anne Fontaine dirige "Gemma Bovery", otra de las dulces y ácidas historias que la inglesa ha escrito tan maravillosamente bien, nuevamente con Gemma Arterton como protagonista (y cómo no, si refleja a la perfección los intereses y obsesiones Simmondsianos), como si fuera un intento por repetir la jugada que hiciera Stephen Frears antes. Pero ayer dijimos que adaptar a Simmonds no es fácil, y si bien "Tamara Drewe" se salvó por cualidades expuesta en su respectivo post, ciertamente no hay por dónde aferrarse a "Gemma Bovery", una bazofia del tamaño de una catedral que ya a los diez minutos me causaba desesperantes deseos de que terminara. Oh, pobre de mí, cuánto sufrimiento...


El cómic de Posy Simmonds es un delicioso e inteligente juego (meta)narrativo con la obra maestra de Gustave Flaubert, Madame Bovary, estableciendo exquisitos y desconcertantes paralelismos entre la mentada novela y la propia historia de Simmonds que bien podrían ser tan sólo un señuelo, a fin de cuentas todos sabemos qué sucedió con Emma y Charles Bovary, lo cual no necesariamente significa que sepamos qué sucedió con Gemma y Charles Bovery, por mucho que al inicio del relato la primera ya esté muerta y el segundo sumido en una depresión potencialmente fatal (¿?). Lo importante para Simmonds vendría siendo el porqué y el cómo sucedió, no tanto el qué, y ahí radica la riqueza de su relato, pues mientras el protagonista, un panadero francés, se obsesiona con la figura simbólica de su nueva vecina y piensa que todos sus males ocurrirán tal como en la novela de Flaubert, los mismos diarios de la difunta Gemma Bovery (que son leídos por el panadero, vaya tipo) nos sumergen en una compleja red de personajes, lugares, costumbres, idiosincrasias, pensamientos e ideologías que no sólo suponen una certera sátira social (especialmente en lo que se refiere a ingleses cumpliendo sus rústicos sueños en la provincia francesa, viviendo nada más que una fantasía burguesa en vez de la realidad de la zona) sino que también una profunda y humana deconstrucción de la personalidad, los deseos y las contradicciones de Gemma Bovery, ¿posiblemente la mujer francesa, la mujer inglesa, ambas, ninguna, todas? Por desgracia, Anne Fontaine lo entiende todo mal.
Para empezar, en su película el panadero francés está simplemente embobado con Gemma Bovery, cual adolescente que descubre su primera erección, mientras que en el cómic, ya se dijo, el viejo se obsesiona con la figura literaria que representa y las surrealistas coincidencias que suceden frente a sus ojos. Luego, el principal motor narrativo de la película es este panadero voyeurista que sigue a Gemma Bovery de un lado a otro sólo para calentarse con su cuerpo y sus candentes infidelidades, mientras que en el cómic, ya se dijo, el viejo es un inteligente señuelo narrativo que batalla con el verdadero relato y fondo de la historia: lo de Madame Bovary no es únicamente para hacer guiños literarios como para dar cuenta de que la de Gemma Bovery es, a su propia manera (no hay que dejar de recalcar eso), también la tragedia de una mujer asfixiada por su realidad y, más aún, por la decepción perpetua de los sueños rotos y tener que cumplir un rol convencional e impersonal. Pero no sólo el fondo de la película es errado, miope y superfluo, sino que hay una constante indecisión en la directora sobre si, en efecto, construir su personal pero simplona y facilona adaptación, o, por el contrario, mantenerse medianamente fiel al original. Fontaine no logra ni lo uno ni lo otro, y el metraje entero es un patético vaivén de inverosímiles inventos propios y de hechos del cómic metidos con calzador y sin ningún tipo de lógica narrativa (de repente salen fuegos artificiales y los personajes comienzan a informarnos de toda una seguidilla de acontecimientos que nos condujeron a esos fuegos, ¡sin que aporte nada con lo visto!, pero como estaba en el cómic...). Para peor, los inventos rayan en lo absurdo y lo bochornoso, y es que todos apuntan a hacer más obvio y trillado el enamoramiento del panadero, digo, ¿ustedes se tomarían en serio una escena en donde una abeja ataca a Gemma Bovery en la espalda y, en la desesperación, el panadero le abre el vestido y le saca el veneno con la boca, por lo demás, en una región bien baja de la espalda? Es impresentable, realmente impresentable. Y, claro, el entramado de personajes y tramas, rico y bien narrado en el cómic, ahora en la película deviene en fugaz y vulgar desfile de tipos y tipas con la misma sustancia que una piedra, y que se pasean alrededor de Gemma Bovery y el panadero gratuitamente... tremendo error dejar de lado a Charles Bovery o convertir al amante en un simple rostro (y culo) bonito, lo mismo que con el otro amante... A propósito, el último tramo es un reto a la paciencia y la dignidad, ¿de verdad no pensaron en nada mejor? Y el final, dios santo, qué final más ridículo, de vergüenza ajena (un sutil gesto en el cómic, una tonta exageración acá). No señor, esta "adaptación" merece penas de cárcel, algo por el estilo.
Y bueno, como no es sano andar tan negativo, mejor me detengo ahora mismo. No vean esta porquería, hay otras formas de arruinar sus mentes que quizás no sean tan efectivas pero... oh, a quién engaño, a nadie le gusta ver basuras. Encuesta rápida: ¿cuál es mejor: "The Room" (2003) o "Gemma Bovery"? No hay por dónde perderse...

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