jueves, 30 de junio de 2016

L'ultimo bacio - 2001


Director: Gabriele Muccino

Oh where, oh where, can my ba... Ejem, creo que me equivoqué de último beso, jojo. Cuando tenía 15 o 16 años, es decir el 2009 o 2010, llegaba a mi casa cerca de las 14 horas (salía temprano del colegio, aunque eso implica que tenía que entrar súper temprano y despertarme súper temprano) y por lo general, se supone, tenía que estudiar todas las basuras que me metían por la garganta, pero como me quedaba solo hasta bien entrada la tarde, solía hacer otras cosas, como ver "Bleach" en internet (vi como sesenta episodios, ni idea por qué no seguí viéndola, y eso que la trama se estaba poniendo buenísima), ver las películas que un compañero me regalaba (pirata de las películas, el buen hombre me introdujo a Tarantino, Rodríguez y Kubrick) en mi dvd o en la tele, cuando encontraba algo bueno en la programación de la revista del cable. "L'ultimo bacio" era uno de los destacados del día, y aunque no era mi tipo de película en aquel entonces, no tenía nada útil que hacer y, por alguna razón, me atrajo la manera en que se escribía tan bien de ella. Así que me tiré en mi cama, prendí la tele y vi esta película italiana que me encantó y cuyas imágenes se me quedaron grabadas a fuego en la memoria. El problema era que no recordaba cómo demonios se llamaba ni mucho menos quién la había dirigido, así que por mucho tiempo me resigné a que quizás no la volvería a ver o, peor, a recordarla como un fantasma o incluso una fantasía incierta. Intenten buscar en google con esto: "comedia dramática italiana de matrimonios e infidelidades y gritos, relativamente nueva". El milagro ocurrió hace no mucho tiempo, cuando, mientras daban "The pursuit of happyness" en la tele (no le presté mucha atención pues la vi el año de su estreno, y no la he vuelto a ver de inicio a fin otra vez), me pregunté quién era su director, así que busco en internet y encuentro la respuesta: Gabriele Muccino. Nada para celebrar hasta que, claro, indago en su filmografía y me encuentro con una llamada "L'ultimo bacio", nombre que no me decía mucho hasta que leo su sinopsis y veo el trailer y ¡shazam!: ¡era la película que estaba buscando! Qué maravilla, dios mío. ¿Se puede disfrutar tanto viendo una película? Pues claro que sí...


Giovanna Mezzogiorno y Stefano Accorsi son una pareja con planes de matrimonio, deseos de formar una familia y todo eso. Pero el tipo entra en pánico, le llega la crisis y se agobia por el hecho de que quizás nunca vuelva a ser libre, a vivir la vida con la intensidad de los años mozos. Y cuando conoce a una bella y soñadora chica de 18 años, las cosas se complicarán terriblemente.


"L'ultimo bacio" es inconmensurablemente apasionante, un delicioso y precioso bigger than life que no pierde intensidad ni fuerza ni sentimiento en ningún momento, haciendo de sus 110 minutos una absoluta y sufrida gozada. No hay respiro, no hay descanso, no hay pausas... es pura pasión ininterrumpida. Muccino, a través de nuestra pareja protagonista rodeada de un puñado de personajes rotos y apesadumbrados (los padres de ella, los amigos de él, cada quien con sus respectivos dramas existenciales y sentimentales), explora y retrata un montón de temas que nunca entorpecen el natural, fluido y potentísimo relato ni mucho menos su fondo, sencillo pero no por ello frívolo, facilón y banalizado. Muccino lo tiene tan claro que no hace falta tener que repetirlo una y otra vez: la imagen te lo dice, la imagen te envuelve y te hace sentir todo lo que pasa en pantalla. Puro sentimiento.
Tampoco hace falta describir mucho de qué va la cosa, sólo bastan las premisas: el protagonista será padre y la esposa tiene planes de matrimonio, y de repente siente que se le escapa la juventud, la vida, el indomable fulgor adolescente, el cual encuentra, miren ustedes, en una radiante y ardiente joven de 18 años. La suegra del protagonista se siente apagada e ignorada por un esposo descuidado, frío y que no le tiembla el pulso a la hora de decirle cosas feas a su señora, que intentará buscar la pasión perdida en otros lados, otros hombres. Uno de los amigos del protagonista está casado y tiene un hijo, y sin embargo se siente miserable porque su esposa es desagradable y le grita todo el día, por lo que buscará aprecio y calma interior en compañía de los otros amigos. A propósito, uno de ellos está atrapado y atormentado por una relación finalizada, el típico hombre celoso que no puede vivir sin ésa mujer que le da sentido a su vida (algo bastante peligroso a decir verdad, y lo digo por ellas, usualmente golpeadas e incluso asesinadas por estos "enamorados", y si no me creen busquen la cifra de femicidios en este país en lo que va del año), que buscará paz interior en un viaje por el mundo, aunque para ello necesita dinero. ¿Necesito aclarar las cosas, aparte de que los personajes masculinos son bien apestosos e irritables? Al menos voy a señalar que "L'ultimo bacio" no es una ligera y fugaz 'dramedia' sobre relaciones y quiebres cursi y melosa; sí es muy a la italiana (¡daaah!), es decir veloz y frenética y energizante y apasionante (no me cansaré de usar esta palabra para este film), técnicamente imparable y con un estilo arrollador, que logra plasmar en cada imagen lo difícil, lo maldita e infernalmente difícil de las decisiones justo en el momento que debemos tomarlas (pasado el tiempo solemos reírnos o llorar al respecto, pero ya algo más tranquilos y pensando "¿por eso me volví así de loco"?), de la inseguridad que nos invade cuando el futuro es una masa oscura e informe y devoradora de sueños, de la amargura que a cada minuto nos hace arrepentirnos de tal o cual cosa incluso cuando no es tan, tan mala ("pudo ser mejor", el típico "pudo ser mejor"), de la melancolía con que se tiñe cada cosa que miramos cuando todo luce frágil y débil, del aburrimiento de sentirse sometido por la monotonía y la voluntad ajena, entre otras tantas cosas que suelen aparecer cuando menos se les necesita. ¡Y qué escenas las que nos deja esta película! Con esas tremebundas discusiones entre los protagonistas, los amigos y sus esposas o novias, los gritos y los lamentos, las lágrimas y los sollozos, las carreras y los arrodillamientos, el dolor y la felicidad, las huidas y los encuentros, la codicia y el deseo; esos besos, esos abrazos, esas miradas furiosas y temerosas, esos llantos, esas súplicas...
En serio, qué maravilla de película, por dios. Qué maravilla de actores, especialmente Giovanna Mezzogiorno y su descarnada interpretación. Qué maravilla de banda sonora, perfecto acompañamiento para el incontenible y deslumbrante fluir de sentimientos y emociones. ¡Qué obra maestra, por el amor de todo lo que es bueno! ¡Qué maldita obra maestra! De verdad creo que estoy enamorado de esta preciosa y rutilante joya cinematográfica. Disfrútenla.

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