domingo, 27 de noviembre de 2016

The Girlfriend Experience - 2009


Director: Steven Soderbergh

No puedo creerlo, pero olvidé completamente que el 9 de noviembre se cumplían tres años del recomienzo de este blog. Ese día comenté "Ichi the Killer", no la gran cosa por desgracia, pero suele suceder que ciertos eventos no tienen su merecido plato principal, como hoy, por ejemplo, que vengo a subir la entrada número 365 del año de la mano de "The Girlfriend Experience", una película que vi hace mucho tiempo y que no quería volver a ver (no me gustó aquella vez). ¿Por qué la vi, entonces? Pues porque pensé que no estaría mal acompañarla de su adaptación televisiva, igualmente titulada "The Girlfriend Experience", la cual ciertamente es mucho mejor que este anodino "experimento". Ya hablaremos al respecto mañana. En otros temas, no puedo creerlo, pero recién hoy me enteré que Kraftwerk dio, nada más que ayer, un concierto acá en Santiago... al cabo que tampoco tenía dinero para ir.


La primera vez que vi "The Girlfriend Experience" quedé con la sensación de que la película era la nada misma, un vacuo ejercicio pseudosociológico. Sigo pensando lo mismo. Podría señalar argumentos estrictamente narrativo-formales, como por ejemplo la completa falta de conflicto dramático o el somero tratamiento de personajes (que es básicamente lo mismo que lo anterior: ¿un mal personaje tiene conflictos interesantes?), dos de las razones que, entre otras cosas, hacen que las escenas que vemos sean tan soporíferas e insustanciales cuando deberían ser todo lo contrario (la discusión entre la protagonista y su novio lo demuestra: alargada hasta el hartazgo, redundante, fútil en todo sentido). Pero supongo que el gran problema de esta película es esa pretensión suya de establecer paralelismos (puede que sea una exageración de mi parte, pero si no, ¿qué otra cosa intentan hacer los guionistas y Soderbergh?) entre las complicadas relaciones interpersonales que surgen alrededor de una escort de lujo (ya sean sus clientes, sus amigas, el novio, la otra gente) y la igualmente complicada situación económica de aquel entonces. Lecturas económicas sobre las dinámicas o mecánicas sociales. De hecho, pensé que el asunto iría sobre por qué, cuando se dice que hay tan poco dinero circulando, las escorts de lujo no bajan sus precios o algo por el estilo, pero quizás todo sea una crítica a la opulencia como gran motor vital, a los tiburones de la economía y a la desigualdad propiciada por el sistema, pero la película es tan vaga e imprecisa que el sólo hecho de que yo sugiera estas ideas debería considerarse como un favor. Pero bueno, la película trata sobre una escort de lujo (Sasha Grey... si la gracia era elegir a una actriz porno, entonces me hubiese decantado por Hitomi Tanaka, o por último Shione Cooper o Katerina Hartlova si prefieren algo más "sobrio"... alguien con atributos, a fin de cuentas -no soy nada fan de la señorita Grey-) que se la pasa hablando de economía con sus clientes y que, un buen día, medio que se enamora de uno de ellos, lo que hace enojar al novio, que trabaja en un gimnasio aunque, en el fondo, quiera ser un genio de las inversiones. Al final no pasa mucho y uno tampoco sabe lo que quiso hacer Soderbergh, cuya propuesta visual es más bien un capricho (esa "sensorialidad introspectiva" no se justifica en ningún momento) y ya ni hablar del montaje, innecesariamente no-lineal (aunque me da la impresión de que se repite constantemente, como un pequeño círculo discursivo/argumental que vuelve sobre sí mismo cada diez minutos), si bien tampoco es que uno se confunda mucho, pues como la premisa base es ya de por sí inconsistente, entonces nada puede ser peor y, bueno, el visionado es un acto de inercia. Podría estar indignado y despacharme a gusto (como suelo hacer... lamento si los asusto/irrito cuando pierdo los estribos), pero sólo me siento hastiado. En realidad la intención no era contar una historia sino divagar sobre variedad de ideas, pero cuando no tienes nada que decir y simulas ser un conocedor... "The Girlfriend Experience", ficción o documental (¿acaso importan sus intentos de nublar los límites de la realidad?), no vale la pena, así de simple.

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