sábado, 23 de abril de 2016

American Boy: A profile of Steven Prince - 1978


Director: Martin Scorsese

  El otro documental de Scorsese que comentaré hoy es "American Boy: A profile of Steven Prince", en el cual el director neoyorkino entrevista, en un estilo similar a lo hecho en "Italianamerican" cuatro años antes, a su buen amigo Steven Prince, que no es un actor o un músico importante como pensaba sino que un buscavidas que alguna vez fue road manager de Neil Diamond, además de tener un discreto rol en "Taxi Driver" o "Mean Streets", ya no recuerdo (lo de actor no se menciona en todo caso, lo saqué de Wikipedia). Otro excelente documental, sobra decir. Debe ser visto, reflexionado y recordado.



  Al igual que con "Italianamerican", en "American Boy" Scorsese no pretende esconder en ningún momento el "detrás de las cámaras", es decir, no esconde el proceso documental, con sus chascarros y momentos útiles: es plantarse en el salón y hablar durante horas, registrando las historias con que nos deleita el tal Steven Prince, tal como si algún amigo decidiera llevar una cámara a algún carrete/fiesta y grabar todas las cosas que se hablan en distintos estados de consciencia, sólo que Scorsese tiene un propósito bien claro, y cómo no, si lo hayamos en el título: elaborar un perfil de Prince, probablemente el típico chico estadounidense que vive relativamente tranquilo y que luego experimenta con drogas y demás. Pero no sólo es sentarse y escuchar las hilarantes historias del protagonista, es poner atención al montaje y al progresivo aura de oscuridad o violencia que va inundando las historias relatadas, pues si comenzamos con las fiestas en donde gorilas pasean de allá para acá o los recuerdos y excentricidades familiares, lentamente nos vamos acercando a la adicción a las drogas duras y violentas experiencias con ladrones e indios sudados de lo tan drogados que están, y ojo, que el asesinato no es ajeno al tal Steven Prince. Acá salta a la luz la tremenda habilidad cinematográfica de Scorsese, que a pesar de su precisa organización dialógica y lo severo del montaje, logra crear una atmósfera fluida y natural y humana y auténtica, como si todo fuese una improvisación o una charla sobre la marcha, sin mencionar el hecho de que el perfil de Steven Prince es también una cara de cierta juventud o cierta generación y, de paso, de una gran parte de la idiosincrasia estadounidense, pues las historias del protagonista abarcan muchos temas y lugares del, en la práctica, turbio sueño americano: la pestilencia está ahí, al lado de nosotros. Pero me quedo mayormente con el final, el único momento en donde Scorsese explicita reiterada y despiadadamente la manera en que dirige las palabras de Prince (lo que no resta veracidad a sus historias), convirtiendo el testimonio de esa sola escena en una imitación barata de los sentimientos del chico, en una dolorosa subversión de la verdad: mientras más verdaderas o exactas las palabras, la reiteración del testimonio le resta emoción y lo convierte en una mentira, porque cómo es posible que algo sea verdad si no se dice del alma como lo hiciste cuando las palabras no reflejaban fielmente la realidad. Es complejo, es brutal. Es como si Scorsese vaciara por completo al protagonista. lo despojara de algo: el tipo es real con sus payasadas y cagadas pero no cuando se refiere a sí mismo, y su mirada tensa e incierta es la última imagen que tenemos de él. Y es curioso que no se muestre tal "manipulación" con las historias previas, puede que porque no quiso interferir en las mismas o simplemente porque lo sacó del montaje. Entonces ¿quién es Steven Prince? Se pueden sacar muchas conclusiones, y ciertamente les recomiendo que vean este excelente documental, no sólo por su valor ético y estético sino porque también es tremendamente divertido, al menos en su primera mitad, o mejor dicho, completa y dolorosamente humano.

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