domingo, 20 de noviembre de 2016

The House on Telegraph Hill - 1951


Director: Robert Wise

Estamos a punto de comenzar el tercio final de noviembre, y luego enfrentaremos el último mes del año. Curiosamente, yo siento que mi 2016 terminará a fines de enero del 2017, pero no teman, no me voy a extender en dicha sensación. Sólo resta esperar a que este tramo final pase lo más rápidamente posible; ya saben lo que se dice en estos casos: tan cerca y tan lejos a la vez... Mientras tanto, seguimos de la mano de Robert Wise, pero no por mucho tiempo. No sé si se han fijado, pero me cuesta mantener la línea en este blog. Supongo que mi único plan debería ser no tener ningún plan, así quizás no me sentiría culpable al interrumpirlos. Oh, en fin, vendrán tiempos más tranquilos.


Me ha gustado "The House on Telegraph Hill", pero pudo haberse resuelto mejor, de tal manera que la solvente puesta en escena de Robert Wise terminara con un certero e inesperado golpe final, muy por el contrario de la previsible conclusión dada. La trama gira en torno a una mujer polaca que se hace pasar por su amiga muerta en los campos de concentración, la cual tenía un hijo que antes de la guerra envió a su acaudalada tía. De esta forma, nuestra desamparada y solitaria protagonista, que no tiene sitio en donde caerse muerta, decide suplantarla y tener la vida que siempre ha soñado, en especial tras tan terrible experiencia. A su llegada se encontrará con su "hijo", con el suspicaz tutor de éste y con una institutriz bastante estricta y reservada. A pesar de la inicialmente tranquila estadía, nuestra protagonista pronto comenzará a sentirse observada y juzgada, y es que desde que llegó que cierto clima de sospecha y extrañeza sobrevuela sobre ella, quizás una sensación verdaderamente fundada o simple culpabilidad desmedida, pero es que entre los dudosos comportamientos de los otros personajes y su propia inseguridad, no podemos estar realmente seguros de qué está sucediendo en esa casa. Eventualmente iremos conociendo detalles y llegaremos a la verdad, pero la gracia de la película es construir y sostener su tensión en base al permanente estado de incertidumbre y ambigüedad que surge de básicamente todo lo que rodea a la protagonista, Victoria Kowalska. En todo momento cada gesto y cada hecho puede significar dos o tres cosas distintas, y no sólo eso, pues también se juega constantemente con la propia salud mental de Victoria, haciendo que el conjunto sea doblemente incierto. El suspenso se acentúa con la aparente indefensión de la suplantadora, de esa imposibilidad de acción que desprende la imponente edificación en la que vive, como si su destino estuviese sellado. Sin embargo, y para mantener las cosas simples, yo diría que, más que un oscuro noir sobre las bajas pulsiones humanas, "The House on Telegraph Hill" es un efectivo relato de misterio con toques de apasionante intriga cuyo mayor exponente es la dualidad del conflicto, pues tanto nuestra protagonista como sus antagonistas tienen secretos que esconder, caminando por el abismo de la exposición total o de un descubrimiento atroz. Ahora bien, digo que la trama se pudo haber resuelto mejor porque, en realidad, su gran giro no es tal, más bien es la constatación de una corazonada surgida durante el primer tercio del relato; el guión lo que hace es sugerir dos o tres ideas diferentes durante el resto del metraje (despistar nada más, lo que hace bien en todo caso) para luego retornar a esta cómoda idea inicial, cuando tenía todas las posibilidades de apostar por algo más, de ir más allá y hacer que su conflicto adquiriera un cariz más tenebroso y con matices psicológicos más complejos. Pienso que faltó más riesgo y decisión, pero el resultado final servirá para pasar un cansado fin de semana con la mente lo suficientemente activa. Es mejor que ver el montón de thrillers baratos que salen hoy en día y que la gente consume en masa por Netflix, y por sí sola (sin necesidad de compararla con basuras), "The House on Telegraph Hill" es una película más que digna y recomendable. Está bien hecha, que no es poco.
PD: Tiendo a decir las cosas dos veces, pero eso ya lo sabían... Forma parte de mi encanto, qué puedo decir, jo, jo, jo...

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