No les voy a mentir con que no estoy nervioso, porque sí lo estoy. Estoy nervioso; tengo nervios de que un nazi gane la elección presidencial mañana.
No quiero que gane un nazi.
No quiero que gane alguien que defiende la dictadura de Pinochet, sus atrocidades, su modelo social y económico.
No quiero que gane alguien que quiere aumentar la edad de jubilación, que quiere hacer que los viejos y viejas sigan trabajando todavía más.
No quiero que gane alguien que quiere disminuir el sueldo de los trabajadores y trabajadoras, que quiere mantener el actual modelo de pensiones y no sólo eso, sino que obligar a los trabajadores y trabajadoras a pagar de su propio bolsillo lo que incluso ahora pagan los empleadores.
No quiero que gane alguien que quiere indultar a criminales de lesa humanidad, presos por haber asesinado y violado y torturado, entre otros crímenes, a hombres y mujeres, de todas las edades. Entre ellos, un sujeto, homenajeado por "ese candidato", que alguna vez saltó sobre el vientre de una mujer embarazada.
No quiero que gane un ser mentiroso y mezquino que reniega de cada alimaña fascista que salta a primera página por el hedor de su inhumanidad e inmoralidad; que inventa y alimenta tantas noticias falsas que ya es imposible seguir un conteo.
No quiero que gane alguien de lado del sucio, cochino e inmundo poder económico; alguien que quiere hacer que los multimillonarios paguen todavía menos impuestos, aumentándolos a las personas comunes y corrientes, a la clase media, a los pobres y a los pequeño-burgueses que juran ser parte de esa élite que también se aprovecha de sus burdas pantomimas aspiracionales.
No quiero que gane alguien que quiere usar los impuestos recaudados para financiar militares, policías y demás instituciones podridas y asesinas, en lugar de destinarlas a políticas públicas y sociales en beneficio de las personas menos favorecidas y con menores accesos a oportunidades mínimas para llevar una vida lo suficientemente digna.
No quiero que gane alguien que quiere achicar el Estado, alguien que quiere empobrecer el Estado, alguien que será incapaz de recaudar dinero suficiente para financiar todas sus ridículas promesas populistas, alguien que le quitará poder de acción a una entidad que debe protegernos, no abandonarnos como quiere él.
No quiero que gane alguien que no sabe el significado de la palabra libertad. Tampoco de la palabra democracia.
No quiero que gane alguien lleno de odio y maldad en cada poro de su ser.
No quiero que gane alguien con propuestas destinadas explícitamente a ir en contra de mujeres y minorías.
No quiero que gane alguien que vende la naturaleza y los animales al mejor postor, diciendo, textualmente, que "los animales deberán encontrar la forma de pagar su derecho a existir" (sic).
No quiero que gane un ser ignorante que no respeta ni su propio programa, que se contradice según le convenga.
Y podría seguir y seguir, pero tampoco quiero pensar mucho al respecto. Simplemente no quiero que gane alguien como él.
La derecha es un monstruo siempre al acecho, y hace rato que están a la caza, dispuestos a todo como no se veía desde hace unos cincuenta años...
Espero que, mañana en la noche, pueda sentir alivio, tranquilidad y, quién sabe, esperanza... tan sólo un poco de esperanza...
Llegué mal informado a ver el especial Post Covid de South Park, que en estricto rigor es una película de una hora. En primer lugar no tenía idea de que South Park había firmado con Paramount+ un acuerdo exclusivo para producir y estrenar nada más y nada menos que catorce películas (para televisión, o mejor dicho para la multimedia, porque a eso se ha llegado ahora con las nuevas plataformas), a razón de dos al año, mientras la serie como tal fue renovada por no sé cuántas temporadas más. Digo esto porque pensé que este Post Covid era otro especial de Comedy Central, pero no, es el inicio de una saga que quién sabe de qué manera se relacionará con las nuevas temporadas por venir, porque está bastante claro el cómo se va a perfilar este serial. En realidad no es tan difícil, quizás sea una especie de Memento South Park: dado que las películas con Paramount+ se sitúan cuarenta años en el futuro, la trama de esas películas seguirán esa línea temporal, mientras que las temporadas televisivas continuarán lo visto en sus episodios más recientes, quizás para unirse en algún punto con ese futuro planteado en el Post Covid, precisamente como vemos en Memento, aunque quizás los personajes decidan cambiar las cosas, como en Looper. Interesante, ¿no?
En todo caso estaba más interesado en hablar de la película multimedia, si bien no será en modo reseña ni nada por el estilo, después de todo acá nunca emosido engañado, o sea perdón, acá nunca hemos sido muy formales, ni reseñas ni críticas ni qué sé yo, acá simplemente hablamos, comentamos las cosas que veíamos y sería todo. Y, para ser más específico, no me interesa hablar de la parte técnica o narrativa de la peli multimedia, ni analizar el futuro que plantea o buscar las quién sabe cuántas referencias pop. A mí me atraía sobre todo cómo sería el tratamiento de la nostalgia, inevitable cuando una historia que se desarrolla fundamental y esencialmente en un tiempo "pasado" de repente se traspasa al futuro, a un futuro radicalmente diferente, y qué más radicalmente diferente que abandonar la niñez para adentrarnos en la vida adulta de personajes que conocimos en, cómo dicen los poetas de pacotilla, en el amanecer de sus vidas (también dicen cosas como que el cielo se pone cáscara de durazno o damasco, ugh). Y bueno, no nos pondremos profundos ni nada, pero sí, me gustó el tratamiento de la nostalgia, que es básicamente lo que es: una molestia. Una molestia volver a lo que sea que tenga que ver con el pasado, digo, ¿a quién demonios puede interesarle volver a encontrarse con viejos amigos o revisitar casas antiguas o cochinas calles infantiles?, ¡todos siempre han querido abandonar el nido pero luego salen con que quieren volver a sus raíces! ¿Quién diablos puede quedarse estancado en la añoranza y evocación? No sé ustedes, pero yo tengo la suerte de estar muerto por dentro y no tener emociones afectivas, pero es que además siempre he sido de esos que pasan rápido la página despreocupándome pronto de alejamientos, quiebres o lo que sea, además como nunca he sido muy interesante para el resto (la gente se me acercaba para pedirme mi auto y ese tipo de cosas) me era facilísimo mantener una distancia social que luego, consumada, estaba plenamente asumida y aceptada. Como sea, Stan debe volver a South Park porque Kenny se murió (pero ahora de verdad), y aunque no quiera, debe hacerlo porque Kenny era su amigo y, por supuesto, el respeto es el respeto. Así, vemos en qué andan los sospechosos habituales: Cartman, ahora un rabino judío; Kyle, un post-hipster que no sé a qué demonios se dedica; y los demás, como Jimmy (también conocido como el doble del hijo de Walter White), que ahora es un comediante en un mundo en donde no se puede bromear con nada, y Wendy, Clyde, Token, Tweek, Craig... La idea es resolver el misterio de la muerte de Kenny justo cuando, por fin luego de cuarenta años, el covid se acaba y las cosas pueden volver a la normalidad. Y claro, si bien el tema invisiblemente central de la peli multimedia es que hay que crecer de una maldita vez, estamos ante una caricatura, políticamente incorrecta y grosera y lo que quieran, pero caricatura al fin y al cabo, y aunque no quiero spoilear nada (spoiler: no lo haré, putos llorones), parece inevitable que las viejas formas acaban imponiéndose, por comodidad más que por genuino afecto, y esto, supongo, va dirigido a los creadores del show, que sigue siendo igual de bueno que siempre, claro, para qué engañarnos, y como se ve en el Post Covid, South Park siempre será South Park, ahora o en cuarenta años más. Igual de bueno, pero igual.
Esto me cae como anillo al dedo a algo de lo que me he dado cuenta en los últimos días: la cantidad de películas de renombrados directores que son semi-autobiográficas o que al menos retratan una época y un lugar que les son personal e íntimamente conocidos. Coming-of-ages que parece que serán y ofrecerán lo que un buen coming-of-age debe ser.
Tenemos "The Fabelmans", co-escrita y dirigida por Spielberg, que debería estrenarse el próximo año, y de la que no se sabe mucho salvo lo siguiente: la historia de un joven que quiere ser cineasta mientras crece en distintas ciudades de Arizona. Todo inspirado en la vida del bueno de Steven. No hay trailer. Y puede que esta película sea una versión light y edulcorada (¿ah? ¿no es eso una contradicción?) de lo que debe ser un coming-of-age de verdad, pero ya veremos. Igualmente le tenemos fe. Mientras no sea como una Super 8 (la de Abrams) sin monstruos...
Tenemos también "Armageddon Time", mismo ejercicio escrito y dirigido por James Gray, un favorito de por acá. No hay trailer. Este puede ser un coming-of-age prometedor.
Sí hay trailer de "La mano de Dios", lo más reciente de Paolo Sorrentino. Un coming-of-age como debe ser: sobre un muchacho que, obligado por la vida y circunstancias, debe aprender a crecer, a aceptar el paso del tiempo y saber enfrentarse, para despedirse, de lo que ya no podemos llevar con nosotros mientras el futuro nos alcanza, y de cómo el cine, el arte y las historias lo ayudaron a eso. Tiene trailer y es bellísimo, como no podía ser de otra manera.
Finalmente tenemos "Licorice Pizza", lo nuevo del gran Paul Thomas Anderson. Perfecto trailer, con canción de Bowie y todo, si bien no está basado en su vida (más bien en las vivencias de un amigo suyo que era actor infantil) la película sí se sitúa en el San Fernando Valley de los setenta, que es donde creció. Acá no hay mucho análisis que hacer, quizás me den ganas de verla en el cine, si es que alguien se digna a estrenarla por acá.
Quizás lo haga el Cine Arte Normandie, que tiene una cartelera para chuparse los dedos. Sólo en la semana que va del diciembre 2 al diciembre 8 podría verse, por ejemplo, El planeta salvaje de Laloux, The French Dispatch del pequeño Wes, Last Night in Soho de Edgar Wright (estas dos últimas películas me muero por ver), Disparen sobre el pianista de Truffaut (imaginen ver semejante genialidad en una pantalla grande, por Dios), y darán de nuevo Reservoir Dogs, de Tarantino. Así que ya saben mis lectores/as de Santiago de Chile: si pueden, vayan. Yo no lo haré, es el horario y es el cansancio: me quedaría dormido.
Hablando del cine y de pasar la página, aunque adoro bromear con que como ahora ya no seré cineasta y que como todos mis sueños de cine están aniquilados ya nada me importa y estoy muerto por dentro (lo cual es cierto, pero como la vida es un chiste, una simple broma, es mejor reírse y tomárselo a la ligera), la verdad es que lo paso bien en el trabajo y me gusta más o menos la vida que llevo, esta nueva rutina de hombre trabajador no interesado en añoranzas. Podría ser mejor: podría vivir solo, alejado de mi familia, pero no todo se puede en la vida. Aunque claro, el cine no me abandona, yo no quiero abandonarlo, de todas formas busco cosas, y llego a estas casualidades, a estos bellos trailers. El trailer de "Licorice Pizza" hace algo mágico: me devuelve la vida, me lleva de regreso a ese joven ingenuo y furioso que era antes de aceptar el fin de mis sueños, me hace querer seguir intentando hacer algo en el cine, crear historias y filmarlas como sólo yo podría. Los directores de arriba son tremendamente afortunados y me alegro profundamente por ellos, por poder hacer películas y poder plasmar en pantalla sus emociones y pasiones. Yo no sé si haría algo autobiográfico, aunque lo más cerca era una idea enteramente ficticia, pero situada en un tiempo y un espacio que yo conocía bien, porque por ahí anduve revoloteando un poco. El año y el lugar son secretos, después de todo, mis ideas nunca serán reveladas, porque sería una traición: son historias de películas, de cine, no puedo decírselas así como así, mataría su esencia, ¿me entienden? Creo que ya lo dije en un post la otra vez...
Y en fin, eso es todo por hoy. Carlsen le ha sacado dos puntos de ventaja a Nepo, así que parece que el campeón seguirá siendo el genio noruego, incluso aunque Nepo comience a arriesgarse más cuando le toque con las blancas, porque como se ha visto, Carlsen, aún en terreno desconocido, sabe encontrar terreno firme y no caer en las trampas o tácticas del rival.
Ahí se ven...
Yo ahora mismo iré a ver si me han pagado para hacer algunas compras, aprovechando las últimas horas de ¡unas ofertas irresistibles!
Y bueno, ya llevo más de un mes trabajando como bartender (Casi dos meses en realidad, me he atrasado con esta entrada ji, ji). Me siento considerablemente mejor y más cómodo ahora, y no es que el lugar o el ambiente sean malos ni nada, al contrario, mi jefe y colegas bartenders han sido súper amables conmigo, es sólo que a veces había días en que me sentía inútil, que esto no era para mí, que el ritmo que se maneja es distinto al ritmo con que yo manejaba mi vida y mi personalidad, de hecho en un momento pensé que terminado el mes de prueba no iba a seguir, quiero decir que iba a decidir no continuar por mi propia cuenta aún si seguían queriendo contar con mis servicios. Deben ser las dudas e inseguridades típicas, qué hacer, pero así es la vida y como es costumbre (para mí, al menos), solito he debido tragarme esas dudas e inseguridades y ponerle el pecho a las balas (entre esas balas, las mismas dudas e inseguridades), continuar haciéndolo lo mejor que pueda, por pundonor y por solidaridad de colegas. Ahora soy capaz de imaginarme trabajando en esto durante años, llevar, lo que se dice, una vida de trabajador. ¿Soy feliz? No sé qué demonios es la felicidad, pero sí diría que me siento satisfecho, sabiendo, o mejor dicho pensando, que puedo ir mejorando como bartender, lo cual irá haciendo más llevadera mi vida laboral. Me pregunto si me he domesticado, si he perdido mi fuego y mi ira, si me he acomodado. Puede ser, seguramente así es. En todo caso tampoco voy a mentir: esta no es mi vocación. Me queda más que claro que lo único para lo que podía ser bueno, digo realmente bueno, bueno bueno de verdad, era para el cine. Mis noticias no son buenas: no creo que pueda ver películas de la forma en que me gusta verlas. Ir al cine en las actuales condiciones no me parece ideal, aunque me esté perdiendo una cartelera de lujo (en los cine arte, por supuesto, ¿han visto la cartelera del Normandie por ejemplo? Un manjar...). Pero seguiremos escribiendo por acá, de libros o de lo que sea, no sé, para no perder el contacto. También sé las dos siguientes cosas: aparte del cine lo único que me hace feliz es la natación, a lo cual espero volver dentro de poco (tampoco iré apurando las cosas, aunque, como ustedes bien saben, antes de entrar a trabajar me imaginaba de inmediato haciendo esto y lo otro, pero ya trabajando, ja, ja, la cosa es distinta, la energía no es la misma, puede que la motivación vital tampoco para ponerse a hacer tantas actividades en una sola vida y cuerpo y mente y espíritu y alma, cualquier atisbo de motivación lo perdí completamente en esa basura de carrera que no quería estudiar); aparte del cine, en lo único otro que soy bueno y rápido es en manejar, conducir autos. Quizás en algún momento me ponga a trabajar en estas aplicaciones tipo Uber, Cabify, Beat, Didi... en algún futuro cuando ya no sea viable (por edad, por enfermedad -si es que me da una-, por lo que sea, al fin y al cabo hablamos de escenarios hipotéticos) seguir siendo bartender. Y aunque he usado mi dinero en varias cosas que quería (higiene personal, productos de cabello, comida y remedios para la Bellota, nuestra querida y vieja perra boxer, y libros, hartos libros... Esa es otra cosa que me pone genuinamente contento: recibir mis libros y saber que los voy a leer... en algún momento), no lo sé, para mí el dinero ha perdido más valor aún. Suena raro, suena contradictorio, hasta puede que suene completamente imbécil, pero así es: el dinero: una cosa artificial que es el perfecto combustible de un círculo también artificial. El dinero no vale ni mierda, aunque te pidan eso en distintas cantidades para tener las cosas que quieras, y aún así entregamos y entregamos nuestras vidas para tenerlo. Me parece tan absurdo, tan triste. Curiosamente, aunque siempre se ha dicho que yo soy antisocial y todo eso, el contacto con la gente es bastante aliviador, aunque el contacto con la gente es necesario si llevas un estilo de vida que requiera contacto humano. La solitaria vida de vagabundo puede disfrutarse de lo más bien sin contacto humano. Mi vida de vagabundo no era tan mala después de todo; si perdiera el trabajo y volviera a ser un vago inútil que no produce nada, lo haría con otros ojos, con otra mirada, ya menos autodenigratoria: sin horarios, sin deberes, sin responsabilidades, sin tener de manera tan obvia ni marcada superiores (aunque estos superiores sean buena onda, como es el caso en donde trabajo). Honestamente dudo que quiera cumplir ciertos objetivos: ¿la PS5? Ha perdido su urgencia y prioridad, tampoco es que me sobre mucho tiempo, así que no podría usarla tanto (además si no la compro ahora mejor, más tarde puede bajar de precio). ¿La cámara análoga? Miren, después de todo tampoco soy la clase de sujeto que sale a hacer y buscar cosas, menos para dármelas de aventurero o explorador fotográfico, buscando esas joyas escondidas en la ciudad. ¿Qué era lo otro? Ya ni recuerdo. ¿Invertir en un buen sistema para intentar lo de streamer? ¡Ja!, no me hagas reír. Seré un bartender por el tiempo que sea y en mi tiempo libre leeré libros, nadaré e iré buscando placer por donde sea. Compraré boletos de lotería y si me lo gano me doy la gran vida, ahorrándome la parte del trabajo duro. Y no me malentiendan: me siento bien donde estoy, pero no estoy cumpliendo mis sueños ni nada por el estilo, simplemente me estoy ganando la vida, al menos así lo dicen. Yo creo que cuando vuelva a leer comenzaré con una relectura de El extranjero, de Camus. Algo en mí lo pide.
En un rato más iré a votar, espero que no gane el nazi hijo de puta. Mi ajedrez bullet ha ido de a puros vaivenes, nada satisfactorio. Y sobre el trabajo no sé si contarles mucho, tampoco quiero hacer de esto un diario de vida ni contar cosas sobre otras personas. Hay harto chismorreo, me pregunto qué cosas dirán de mí, porque yo escucho cosas sobre todos, de boca de todos. Sigue siendo un buen ambiente, yo por supuesto ando de simpático, cero conflictos, sólo sonreír y ser buena onda, aunque tampoco puedo decir que soy yo mismo. La otra vez una garzona me preguntó cuál es mi secreto para verme así como tan calmado por fuera, yo le dije que me veo tranquilo por fuera porque estoy muerto por dentro, ya no tengo emociones. Ja, ja, por supuesto que no dije eso, es muy temprano para soltar este tipo de humor, fui a la segura y dije que es porque me concentro mucho como para preocuparme del estrés y cosas así, además el estrés me dejaría calvo y no quiero eso. Algunas personas ya me hablan como si me fuera a quedar meses acá, lo cual es entre raro y reconfortante, porque por un lado me hace sentir medianamente apreciado, pero por otro, ¿por qué dar las cosas por sentadas?
Pero eso, me está yendo genuinamente bien. La otra vez le dije a mi abuelo: a mí me va bien en todo lo que NO tenga que ver con el cine. Las cosas de la vida, ¿no?
Por cierto, quiero volver a ver ciertas cosas, pero ciertas cosas que no requieran tanta disciplina ambiental. Por ejemplo South Park, sus especiales pandémicos. Se viene uno en donde veremos a los amigos de siempre ya de adultos. Suena interesante. Quiero ver Archer. Lo único que he visto son videos de YouTube de Los Simpsons (en inglés) y de algunas películas. Siempre veo clips de 25th Hour, de Spike Lee, o de Trainspotting, como este. No soy fan de Blur, pero esa canción queda la mar de bien. But only after me, that went without saying. Yo sí tengo una teoría: ¿por qué el actor que interpreta al malogrado Tommy no se hizo tan famoso como los demás? Pues porque, como andaba de vacaciones, se perdió la sesión de fotos para el poster oficial. Si aparecía, el actor se hacía tan famoso como los demás, considerando la importancia de su rol en el film. Pero las cosas suceden como suceden.
Ya voté y en un rato, espero, haré ejercicio. Sigue la misma consigna: que no gane el nazi hijo de puta. Y bueno, en fin, hasta acá lo dejamos por hoy. Que les vaya bien, amigas y amigos.