miércoles, 24 de mayo de 2017

We Need to Talk About Kevin - 2011


Directora: Lynne Ramsay

Nueve años después de "Morvern Callar", la escocesa Lynne Ramsay estrena su tercer largometraje, "We Need to Talk About Kevin", una película que al parecer dejó marcando ocupado a mucha gente en su paso por festivales y luego al momento de su estreno. Ya han pasado seis años desde entonces... qué loco, ¿eh? Todavía me da la impresión de que nada más ayer oía grandes elogios para esta película. En fin, estamos más cerca del 2030 que del 2000, pero... ¿de qué año se sienten más próximos, más cercanos? Supongo que del 2000; las memorias producen eso, ¿no? A todo esto, hace un par de horas comenté tres cortos de Ramsay y en todo este rato dicha entrada ha tenido más visitas que "Morvern Callar" en más de un día, qué locura.


"We Need to Talk About Kevin" es una película más truculenta que sustanciosa.
En el papel, esta película continúa el rumbo emprendido por Ramsay en sus dos largometrajes previos, es decir, mostrar personajes atrapados o aprisionados en existencias grises y duras, que de alguna manera buscan una salida a tan desgraciada rutina ya sea en forma de escape o de respuesta, algo que le dé cierto sentido a su sufrimiento y, por ende, alguna sensación de liberación. En este caso, dicha dinámica se da por partida doble: por un lado, vemos a Tilda Swinton tratando de recomponer su vida luego de un hecho grave y crucial, seguramente provocado por el cabrón de Kevin, su hijo mayor, y por el otro, vemos a Tilda Swinton resistiendo la dura tarea de criar a un hijo que en realidad es un verdadero monstruo, la maldad personificada, y que además le significó a ella tener que renunciar a sus sueños, renunciar a lo que le gusta, lo que la hace sentirse plena. En ambos casos ella está atrapada en la negativa influencia de Kevin, un hijo de odio irracional hacia su madre, un sujeto que aparentemente nació para hacerle la vida peor que imposible... insufrible... invivible, si es que existe esa palabra. Pero, más allá de esta puesta en escena deliberadamente incómoda, extraña y confusa, nuevamente centrada más en la provocación de sensaciones que en la explicación de acontecimientos, con secuencias que pueden resultar perturbadoras para determinados estómagos, como ya dije al inicio de esta parte de la entrada, la película de Ramsay es pura truculencia y efectismo, no verdadera exploración, reflexión o disección sobre la naturaleza humana, particularmente la maldad. Lo paradójico es que la tesis, la premisa de esta película, esto es que la maldad no puede ser explicada, la despoja de todo impacto ulterior: todo lo que vimos te puede incomodar en el momento (porque, más allá de la violencia en sí, la directora aplica una serie de mecanismos dramáticos que apuntan a hacerte sentir mal), pero después del visionado te deja con una sensación de vacío, de que no hay significado. A lo mejor esa era su gracia, provocarte perpetuo malestar y luego señalar que no tiene por qué haber motivos detrás de tanto calvario, pero considerando que a mí, francamente, no me convenció la aparatosa ejecución formal en la que descansa el discurso de la película, el rollo este de que tras la maldad como forma no haya fondo me parece una estafa. En resumidas cuentas la película consta de una Tilda Swinton que lo pasa como la reverenda callampa de inicio a fin y listo, y no me malinterpreten, por supuesto que su personaje merece toda la compasión que pueda haber (todo lo que ella sufre es inmerecido), pero en términos de narrativa, el relato es iterativo y plano, superficial: tiene ínfulas de complejidad y profundidad psicológica, pero, en verdad, sólo se contenta con insistir en lo obvio, lo superfluo.
Anoche, mientras intentaba dormir (siempre me demoro en quedarme dormido, aunque no sé si sea insomnio), estaba pensando en lo que iba a escribir sobre esta película y en mi mente había escrito una entrada realmente buena. Al despertar, hoy, ya no recordaba nada. "Maldición", me dije. Siempre me pasa. A fin de cuentas, "We Need to Talk About Kevin" tampoco merece tanto análisis. Quizás se puede especular en los motivos que hay detrás del odio de Kevin hacia su madre, sobre si es atracción sexual o qué sé yo, o simples celos, o si el notable parecido entre madre e hijo alberga algún significado más profundo, incluso simbólico, no tanto para decir que Kevin es una invención de la mente pero sí para lanzar teorías como que Kevin es el fruto de los malos pensamientos de la madre o qué sé yo, que al parir, la madre le traspasó todo su rencor o lo que sea. Oye, si uno le pone suficiente empeño, cualquier idea puede parecer como la octava maravilla de la interpretación fílmica. Pero voy a volver a lo mismo: no se dejen engañar por una película que, tal como Kevin pretende con su madre, tiene como único fin manipularlos y hacerles pensar que todo el malestar que ven tiene algún tipo de significado concreto. Tal como Sansa le dice a su medio hermano Jon Snow, no caigan en la trampa.
Ojalá la película que Ramsay está presentando en Cannes sea buena. Ojalá. Mientras tanto, el maldito Kevin puede irse a chupar limón...

5 comentarios :

  1. Yo me siento más cerca del 2030 porque a este paso vamos a llegar en nada.

    A mí me dejó muy pensativa esta película donde ambos protagonistas hacen dos papelones impresionantes.

    Cuando nacemos, somos ¿buenos o malos? Esto es lo que me preguntó una amiga cuando vio la película. Yo le dije que todos nacemos buenos, pero que conforme vamos creciendo, algunas personas se vuelven malas. La maldad existe, de eso no cabe la más mínima duda. Después de conocer a Kevin, se reafirma esa maldad.

    La madre tiene una lucha contínua con Kevin. Quiere a su hijo y hace todo lo que puede por él. Sufre maltrato psicológico por parte de todo el mundo y ella aún así, sigue adelante y sigue queriendo a su hijo a pesar de todo el mal que ha hecho.

    ¡Saludos!

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    1. Lo curioso es que, a pesar de su decidida truculencia, uno no queda indiferente y de igual forma se lanza a pensar a raíz de la horrible persona que es el maldito de Kevin. Pero a partir de este punto ya es cosa del espectador la conclusión a la que llegue.
      Yo creo que, más que amor de madre, lo que Tilda Swinton quería saber era la razón detrás de tanto maltrato, como si el saber el porqué le otorgara algo de paz, no lo sé. Quién puede querer a un cabrón así, jaja. A mí me da que después de que el otro le dice que no sabe por qué hizo lo que hizo, ella se fue a tomar sus buenas vacaciones, guerra de tomates incluida.
      ¡Saludos!

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  2. Ya veo que eso de estar imaginando una buena entrada antes de dormir no solo me pasa a mí. De hecho, son esas noches de andar dando vueltas en la cama durante las que me han llegado las mejores ideas de mi vida, solo para que al despertar se me haya ido toda la inspiración. Joder, no sé si sea solo un mecanismo del cerebro para "gastar energía" o una jugarreta de Dios; en cualquier caso, ¡malditas noches de insomnio!
    En cuanto a la película, a mí me quedó la impresión, no sé por qué, de que Kevin se "volvió" malo a raíz de ser un bebé indeseado, pero ahora ya no estoy seguro siquiera si eso es un hecho confirmado en la película o fue invención mía. De todos modos, el filme perdió su fuerza cuando el misterio de por qué todos odiaban a la protagonista empezó a intuirse, lo que creo que habla a favor de su efectismo "montajístico". Al menos no diré que no me entretuvo con su atmósfera perturbada y perturbadora, o que no me gustó su estilo (la imagen de apertura, con esos sonidos tan violentos, tío...).

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    1. ¿Sabes qué? Jaja, acabo de recordar algo que dice el Kevin cuando su madre le pregunta por qué colecciona virus informáticos: "There is no point: that's the point". Puede que eso resuma toda la película.

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    2. De hecho yo pensé que eso le iba a responder a Swinton al final de la película, cuando ella le pregunta el por qué de todo. Lo peor es que la respuesta es incluso menos convincente: "lo sabía pero luego lo olvidé, o ahora no lo sé". El tipo era un simple troll. Yo creo que quería llamar la atención y demostrar el poder que podía ejercer en las personas. Un imbécil de tomo y lomo.
      Lynne Ramsay es buena directora, ya lo ha demostrado, pero es que esta película carece de todo peso discursivo, dramático, no lo sé. Me parece muy liviana. Al menos su correcta y peculiar ejecución formal salva la función mientras dura el visionado.
      Con tal de que en esas noches de insomnio el maldito cerebro no me obligue a pensar cosas pesimistas yo contento. Hay gente que tiene un cuaderno al lado para anotar los sueños que tuvo o las ideas que tienen mientras intentan dormir. A veces pienso en las cosas que olvidé mencionar en las entradas. El tormento nunca terminará, jeje.
      Saludos.

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