lunes, 6 de junio de 2016

Blood, Guts, Bullets & Octane - 1998


Director: Joe Carnahan

Llamativo título el de la opera prima de Joe Carnahan, ¿no les parece? Es curioso, pero siempre he pensado que Joe Carnahan es como una especie de Guy Ritchie con menos impacto, proyección o presencia, estilo, personalidad. No me malentiendan: me cae bien Carnahan y tampoco digo que el tipo sea un copión, pero, como digo, llama la atención que "Blood, guts, bullets & octane" sea del mismo año que "Lock, Stock and two smoking barrels" (aunque compartir rasgos narrativos y estilísticos importa más que un dato tan circunstancial), o que el segundo largo de Carnahan sea "Narc" y el de Ritchie se llame "Snatch", o lo parecido que es "Smokin' Aces" con casi todas las cintas del ex de Madonna. Ambos, además, coincidieron en "The Hire", la serie de cortometrajes de BMW. No hago ninguna acusación, insisto, pero no podía dejar tan inocente (y algo ridícula, lo admito) observación en el tintero. ¿Alguien está conmigo en ésta? ¿Hola...?


Joe Carnahan y otro sujeto son dos fracasados vendedores de autos que están a punto de perder su negocio y todo lo demás. Mientras tanto, por ahí anda dando vuelta un auto que lleva mucha violencia consigo, quizás por el contenido del maletero, que eventualmente puede cruzar destino con los dos perdedores. La pregunta es: ¿dejarán de ser unos fracasados y obtener mucho, mucho dinero?



Muy curiosa y singular película es esta "Blood, guts, bullets & octane". Es muy sencilla y agradable de ver, por lo demás. Se habrá hecho con unas cuantas miserables monedas pero la escasez de medios es suplida con (re)imaginación, ingenio y un desenfado de lo más contagioso, elementos que le dan sólido sustento al conjunto, aunque a veces no basta sólo con ello, pues sobre el sustento hay que construir. Carnahan, pienso yo, logra dignos y estimables resultados; no es pura intención.
Las desventuras que acarrea el famosillo vehículo involucran a un puñado de variopintos personajes que se irán asesinando entre sí con tal de adueñarse del contenido, aunque parece que el asunto es más complejo, ya saben, que hay un plan maestro detrás, plan en el que nuestros dos vendedores tienen un rol fundamental, aunque ellos no sepan tal detalle. Si he de caer en lugares comunes, vamos con ello: "Blood..." es dinámica y fluida tanto en su relato coral como en la puesta en escena del soñador y esforzado Carnahan: entretiene, es ideal para un sábado en la tarde. Hay tiroteos, personajes tontos, personajes listos, encuentros en la carretera, traiciones y equivocaciones, coincidencias y desengaños, diálogos ingeniosos recitados como metralletas, preciados objetos deseados por todos, y tantos otros trucos que están la mar de bien utilizados y que le otorgan a la película su particular encanto, el cual no reside tanto en la originalidad de la misma (apuesto a que muchos novatos intentan hacer más o menos lo mismo y fallan sin apelaciones, básicamente por lo que sigue...) como en la intención que Carnahan le imprime a la imagen. Uno nota de inmediato que hay trabajo y afecto detrás, y los elogios no son puro romanticismo, miren que el relato funciona sin problemas (es ágil, está bien planteado, no recurre a trampas) y, en cuanto a lo estrictamente formal, la ejecución o puesta en escena del director generan una atmósfera algo difícil de catalogar, pero que mezcla saludablemente la narrativa criminal con un preciso toque de absurdo e ironía. Es necesario mencionar que nada es impostado ni mucho menos forzado; Carnahan no pretende ser o parecerse a alguien o algo, simplemente busca darle un giro refrescante, incluso darle su propia impronta, aunque tal afirmación puede ser algo exagerada... lo importante es que acá no hay imitadores, más bien esa energía que hace que lo ya visto parezca original y único, una rareza, etc. Tarantino y los Coen debieron ser inspiraciones, pero Carnahan tiene la fuerza de lo amateur...
Con todo, a pesar de lo juguetón del conjunto y de su carácter de interesante y hasta memorable anécdota que contar a los nietos, el final contiene un par de apuntes bastante serios y reflexivos, como si de repente la película adquiriera un tono algo existencial. Como dije, llamativo y curioso título. Son ochenta minutos que vale la pena ver, por último como mera entretención.


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