jueves, 12 de enero de 2017

El verano de los peces voladores - 2013


Directora: Marcela Said

"El verano de los peces voladores" es el primer largometraje de ficción de Marcela Said tras tres documentales: "I love Pinochet", "Opues Dei, una cruzada silenciosa" y "El mocito". Si bien "El verano..." fue bien apreciada, pienso que de todas formas ha pasado injustamente desapercibida y que no se le ha reconocido lo suficiente, y es que es una película realmente magnífica: atípica, arriesgada y muy, muy bien lograda. Imperdible.


Los elementos de la naturaleza, los poderes de la Madre Tierra, las fuerzas humanas...
En el sur de Chile, una acomodada familia pasa sus vacaciones junto a los amigos y los conocidos, celebrando cumpleaños y discutiendo maneras de acabar con los peces que invaden la laguna del patriarca de la familia. Pero como telón de fondo está el violento conflicto mapuche, y ni tan telón de fondo, pues dentro de los terrenos de la familia hay mapuches que, si bien trabajan para ellos, en mayor o menor medida están inmersos en la reivindicación de tierras ancestrales o en la indignación ante los abusos cometidos por la autoridad. La protagonista, una portentosa y preciosa Francisca Walker, pasa su estadía oscilando entre el relajo total y la total preocupación por un conflicto ni tan lejano ni ajeno que además puede alcanzar peligrosos límites, lo que también se refleja en la rebeldía ante las excentricidades de su padre o la decepción ante ciertas acciones y/o comportamientos de sus amigos y cercanos, y en la simpatía que le prodiga a Pedro, el joven mapuche que trabaja para su padre y que en su tiempo libre visita amigos que andan en dudosas e incendiarias actividades. Entonces, a partir de esta premisa, la propuesta de Marcela Said apunta a una narración eminentemente sensorial y atmosférica a través de la cual no sólo se construye este sugerente clima de incertidumbre anclado en la patente hostilidad que se respira en el aire (es increíble la manera en que todos se miran con recelo y se dedican tratos despectivos), sino que una especie de relato casi mítico, con imágenes cargadas de una tremebunda fuerza atávica y fundacional, como si la protagonista no sólo transitara entre sus propias pulsiones y las de los otros, sino que también a través de las constantes de la historia de la humanidad y la tierra misma: los cuerpos perdidos, los animales muertos, la niebla y el viento como valor metafórico, el suelo y los árboles como laberinto, la vida y la muerte..., todo lo cual se va naturalmente potenciando a medida que la dinámica interpersonal de los personajes varíe en consonancia al carácter cada vez más crudo del conflicto que rompe la burbuja en que vive la familia.
Ciertamente no es una película al uso; es una película cuyo motor narrativo es la capacidad poética de la imagen y del lenguaje cinematográfico, tan sutil como apabullante. Si bien hay un argumento y los personajes, desde luego, presentan desarrollo (al igual que las distintas tramas que surgen de un lado y otro), todo está supeditado a la experiencia inmersiva y no a la narración convencional. De hecho, yo diría que nada comienza ni nada se soluciona, nada llega a su fin (si bien hay una clara progresión dramática): el relato que subyace a esta trama de intrigas de veraneo es más grande y más poderoso, acaba engullendo a quienes caminan sobre él. En el fondo son dos historias que se funden en una sola, y la mirada de Marcela Said, que demuestra una sensibilidad deliciosa y fascinante, logra que cada imagen y cada minuto expresen este eterno conflicto.
Una verdadera maravilla es "El verano de los peces voladores". ¿Qué proyectos nuevos tiene Marcela Said?

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