viernes, 27 de agosto de 2021

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Ya sabemos que en la vida hay cosas inevitables. Y yo no pensé que iba a escribir este post.

Pensaba que no iba a escribir este post no porque fuera un ingenuo, no porque pensara que nunca fuera a ocurrir, pues ya sabemos que eso ocurre y de hecho ya lo estábamos esperando, así que no es por eso. ¿Por qué entonces? Porque no quería escribir simplemente un post lacrimógeno ni conmovedor; no quiero con este post recibir condolencias ni concitar lástima; tampoco quiero exponer su vida ante un montón de amigos blogueros (a los que quiero y respeto mucho), visitantes silencioso y meros extraños de paso, a todos los cuales es un hecho que no les importa; mucho menos quiero aprovecharme de las circunstancias de otro ser vivo en pos de cierto exhibicionismo emocional que nunca he buscado (aunque en ciertas ocasiones me aflore casi sin querer, pero siempre a costa mía).

Pero escribo este post por respeto y amor a su existencia, como un humilde y sincero homenaje a quince años de vida entre nosotros, pues no puedo hacer como que no ocurrió y escribir posts sobre otras cosas así como así, al fin y al cabo este blog es mío y sobre mi vida, la cual está conformada por cine y mi día a día. Sin embargo, este post no es sobre mí, y, aunque a ustedes en general no les afecte en nada, este post tampoco es para ustedes. Este post es sobre y para Burbuja, que hoy viernes 27 de agosto del 2021, a las 2:30 a.m., murió.

Murió luego de dos días sin comer. Aunque en las últimas semanas sus hábitos alimenticios se volvieron irregulares, su vitalidad seguía tan resplandeciente como siempre. Ya no comía su comida sólida, debíamos hacerle una pasta, un paté, y no comía todas las veces que correspondía en el día, pero comía a veces, cuando lo necesitaba. Seguía sonriendo, seguía buscando nuestros ojos con los suyos, seguía moviendo la cola y queriendo jugar como la loquita que era. Días mejores que otros, pero tras casi quince años era esperable, nosotros sabíamos que sólo podíamos darle la mejor calidad posible a su edad tan avanzada, cuyo deterioro (sordera, una cojera solucionada con pastillas, pequeños problemas respiratorios solucionados con un inhalador) no le restaba energía. Sin embargo, a pesar de ese deterioro natural, envejeció digna, fuerte, sana. Su rostro y su cuerpo evidenciaban sus años, sus vivencias, pero con orgullo y seguridad; uno la miraba y no veía decrepitud, sino lo contrario, no sé cómo decirlo: una vejez cabal, rotunda, que sin embargo afirmaba, sin duda alguna: "puedo, y quiero, seguir viviendo". Por eso es que digo que vivió sana hasta sus últimos días, que es cuando ya comenzó a despedirse. Después de tres días buenísimos, en los cuales se comió todo y andaba incansablemente animosa, el martes comió menos y prefería descansar más que los días anteriores; el miércoles ya no comió nada, sólo su pastilla, aunque alternaba sus descansos con las interacciones de siempre hacia nosotros; el jueves, sin embargo, no comió y ya en la mañana se notaba rara: caminaba con dificultad, se quedaba en el mismo lugar sin moverse, debí tomarla en brazos regreso a su habitación. El jueves fue un día soleado, ella estuvo todo el día afuera, descansando al sol. Yo la acompañaba, le hacía cariño, bajé al Renato, nuestro perro chico, para que la animara, y de hecho la Burbuja se alegró de ver al Renato, movió la cola cada vez que él se acercaba a ella, aunque levantarse para jugar con él ya no podía. Y cuando comenzaba a llegar el frío e irse el sol (estamos en invierno) caminó de vuelta a su habitación, y ahí se quedó. De vez en cuando salía a hacer pipí, caca, caminar un poco, pero a las 22 ya estaba instalada en su manta, quizás preparada para dormir. Nosotros, luego de hablar con el veterinario, le sacamos hora para el sábado. Pero a la medianoche la sentí toser, y ya no pude dejarla: la acompañé, junto a su hermana Bellota, en su agonía.

En sus largos minutos finales parecía más despierta, más consciente de su entorno y con los ojos más abiertos, y en determinado momento levantó su cabeza y alzó la mirada hacia el cielo, mirando un punto fijo. Luego se giró, cambió de posición, se recostó, pero al rato volvió a levantar la cabeza y alzar la mirada hacia el cielo. Se quedó mirando unos cuantos segundos un punto fijo hasta que luego de un último brillo su cabeza delicadamente volvió a recostarse, esta vez para siempre, ya sin dolor alguno.

Fueron quince años de alegrías, sustos, penas, de todo, y los vivió plenamente, admirablemente. Fue amada y ella también dio mucho amor. Así fue su vida, la vida de la Burbuja, nuestra Burbu.

Este post es una despedida, un adiós. Para ella.

Te extrañamos un montón y no te olvidaremos nunca jamás.

BURBUJA

(2006-27/08/2021)

2 comentarios :

  1. Lo siento mucho, amigo. Me recuerda a la perra de mi familia, Ío. Digo que es de mi familia porque primero la cuidamos unos y luego otros. Al final pasó más tiempo en casa de unos tíos, donde aprendió a subir hasta la azotea para hacer del baño, convirtiéndolo en su lugar especial, y fue por muchos años una parte más de la casa (tanto el lugar en sí como el apellido). Cuando envejeció, simplemente se fue deteriorando, haciendo más lenta, temblorosa, vacilante. Ya no comía y ya no podía subir a la azotea tampoco, pero continuaba paseándose por las estancias, buscando primero una caricia, compañía, luego ni eso. Un día, comprendimos que lo que buscaba era regresar a la azotea, así que la subieron en brazos y en ese mismo momento se dejó ir. Todo lo que quería al final era morir en su lugar especial. El punto es, entiendo tu pérdida y te acompaño en el sentimiento.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por el ánimo, amigo, y también gracias por compartir la historia de Ío.
      Sabiendo lo triste de la muerte de un ser vivo querido, en cierta forma no queda más que alegrarse de que hayan podido vivir tranquilamente y haberse despedido sin traumas ni terribles sufrimientos, en un mundo injusto con tantos otros animales. Incluso con algo de poético, como con Ío y la elección de su lecho de muerte.
      Gracias nuevamente por pasar y comentar, y ojo, que se te extrañaba, je, je...

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