lunes, 29 de febrero de 2016

Suture - 1993


Directores: David Siegel & Scott McGehee

  Como es usual, en marzo la cosa se pone seria, y ya verán que mañana comenzaremos con una retrospectiva largamente esperada en estos lares, una obligación no atendida que ya debía saldarse. Pero antes, dos películas de dos directores que debutaran más o menos al inicio de los noventa con este interesante ejercicio neo-noir que, tal como la carrera de Siegel-McGehee, ha pasado injustamente desapercibido. Sobre los premios Oscar, escuetamente: primero, me gustó el palo que Chris Rock les lanzó a los Smith y a Spike Lee, aunque los primeros se llevaron las palabras más inmisericordes (y merecidas, por lo demás); segundo, copio esto de un tweet de alguien aleatorio: genial que el equipo ganador de "Mad Max" tuviera un estilo muy a lo Mad Max para vestir y ser (y que lástima que a un par de ellos nadie se dignara en aplaudirles, por no mencionar las miradas despectivas que recibieron de un par de ególatras esnobs... y me refiero al González sobre todo); y tercero, hubo muy buenos premios mezclados con otros muy malos, pero así es la vida, sigan levantando genios que no son... La cosa estuvo entretenida, supongo, ¿mejor que el año pasado? Qué importa...


  Es mejor mantener al margen la elusiva trama, así que acotemos los datos: Clay Arlington y Vincent Towers son dos medio hermanos que se conocen en el funeral del padre. Ambos establecen contacto, pero por motivos distintos: mientras el primero quiere ponerse al día con Vincent, éste lo utilizará para sus propios y oscuros fines. Pero también comparten otro rasgo en común, uno que demostrará ser peligroso y hasta letal: el parecido físico.


  Digamos que "Suture" es de esos thrillers de contenido y no de argumento propiamente tal, pues aunque la trama esté pensada cuidadosamente, desde el inicio mismo (una escena realmente fascinante e intrigante) nos queda claro que la verdadera intención y/o esencia del relato no es sorprendernos o epatarnos con sus giros de guión, sino sumergirnos en una interesante reflexión sobre la identidad y esa clase de temas ligados a la psicología y demás. El argumento, de hecho, prontamente queda aclarado: la primera escena ocurre casi al final del relato, por lo que identificamos a los personajes en conflicto, y luego, cuando retrocedemos al inicio de todo, en unos quince o veinte minutos sabemos el porqué la escena casi-final ocurre de tal forma. Lo que hay entre medio es en donde se vierte casi todo el interés sustancial y estético del que parten los directores (sin dejar de lado el resto, claro), con uno que otro cabo argumental que va encontrando su lugar (no se preocupen por el ritmo: aunque "pase menos", el flujo se mantiene constante y siempre buscando la complicidad de espectador, a lo que sabe e ignora). Me ha llamado la atención, por sobre todo, el casting: Calvin (el buen tipo) y Vincent (el desagradable) son medio hermanos, y tal como ellos dicen, tienen un parecido físico notable... el asunto es que Calvin es interpretado por un robusto actor negro mientras que Vincent por un delgado actor blanco, y sin embargo ambos pasan perfectamente desapercibidos en los zapatos del otro. El físico no supone diferencia alguna, y me imagino que debe ser así, justamente, por el interés psicológico de los personajes, construyéndolos no desde la imagen externa sino desde la persona que se halla dentro del cuerpo, elaborando perfiles de personalidad. Lo digo porque uno es confundido con otro, y el uno, debido a la amnesia, efectivamente piensa que es el otro, con todo lo que implica. A partir de ahí, la película reflexiona sobre la personalidad, la identidad, y qué nos determina de una u otra forma: si la vida que hemos ido construyendo y que, creemos, queda grabada en los recovecos de la mente, o más bien la imagen externa que pueda moldear un interior en blanco... Tampoco se deja de lado el componente ético de ser o no ser tal o cual persona, y si la persona es la imagen o la materia, etc... No me voy a poner a especular por ustedes, pero verán que el tema está tratado con seriedad y coherencia narrativa: no es alarde de parte de los directores, sino una verdadera puesta en escena de intereses genuinos. También se reflexiona sobre el carácter de los sueños y otras conductas humanas tales como la bondad, el amor, etc., pero ya decía que me iba a detener...
  En un blanco y negro que, como dicen los directores, se inspira en la estética de thrillers sesenteros como "Seconds" y "The Manchurian Candidate" (ninguno de las cuales he visto, por desgracia) y la particular sensibilidad que desprenden, la película nos atrapa por completo con una atmósfera inquietante pero extraña y notablemente transparente, ya saben, sin caer en juegos o trucos baratos (por el contrario, verán que la cámara y el montaje tienen una agilidad y un poderío excepcional), sino dejando que el fotograma hable por sí mismo. Anoten otro nombre que los directores señalaron como referencia: Yoshitaro Nomura, un director japonés que no conocía y que me alegra haber descubierto, aunque sea de nombre momentáneamente (por algo se empieza, ¿no?). Y no olviden el "The face of another" the Hiroshi Teshigahara...
  Lo dicho, "Suture" es un thriller que destaca por lo efectivo y cuidado y audaz de su entramado argumental como por la arriesgada y atractiva forma en que plantea, desarrolla y ejecuta su desafiante contenido. No se la pierdan.

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