martes, 2 de febrero de 2016

The quiet man - 1952


Director: John Ford

  "The quiet man", por fin hemos llegado. Mucho tiempo la estuve esperando, más del necesario; de hecho, la retrospectiva dedicada a Ford estuvo suspendida, sobre todo, porque quería ver ésta película con la mejor disposición posible, ya saben, sin la puta universidad y sus estupideces mermando la vitalidad y el gusto de ver cine, sin arruinar películas tan maravillosas como éstas. Y como recién a fines de enero el 2015 terminó oficialmente para mí, pues entonces me sentí en condiciones para disfrutar en plenitud tamaña muestra de cine, aunque claro, en aquellos días finales me encerré con una retrospectiva 2015 que iba en contra de mis deseos de libertad, jaja. Así son las cosas, pero no importa, ya estamos donde queremos.


  John Wayne es Sean Thornton, un irlandés que ha pasado casi toda su vida en Estados Unidos y que decide volver a la tierra en donde nació para quedarse a vivir. Llega y lo primero que hace es enamorarse de Maureen O'Hara, pero las cosas no son tan simples, y para que el amor por fin triunfe el buen Wayne tendrá que sortear un montón de difíciles obstáculos.


  ¿Qué puedo decir, realmente? "The quiet man" es una maravilla, un gran filme que deja sin palabras. ¿Ponerme analítico es necesario? No lo sé, de momento me parece más importante el que en ningún momento del metraje (o casi, pues de todas formas hay escenas duras que momentáneamente apartan el saludable y encantador tono de comedia característico del filme) me cansé de sonreír ante lo que veía, de disfrutar de un espectáculo cinematográfico monumental. Dos horas que se pasan volando con una encantadora y un poco atípica (¿no es esa, justamente, la gracia de la película?: ¿ser única?) historia de amor que se verá enfrentada a las tradiciones y rencillas humanas; el tremendo duelo entre John Wayne y Victor McLaglen, dos gigantes que en vez de ensombrecerse se complementan a la perfección; un montón de vibrantes y graciosos y humanos secundarios con sus historias y características, que a su vez van construyendo la Irlanda tan querida de Ford, a la postre un personaje más. Pero lo anterior no es todo, no señor: cada elemento descrito tiene vida propia, es capaz de trascender los límites del fotograma... ¿cómo? No me pregunten a mí, por favor, sólo un gran director como Ford, dueño de una habilidad cinematográfica inigualable, es capaz de responder tal pregunta; un hombre capaz de dominar a la perfección la comedia y el drama, y desde luego, todo lo que se pueda hacer con ello, ya sean westerns o filmes de acción, de guerra, de desastres, etc.; y sin perder jamás la esencia de sus relatos, que acá vendría siendo, en palabras muy pero muy simples, una historia de amor a la irlandesa (¿?), premisa que se expresa magníficamente en cada género o forma cinematográfica y que nos conmueve y hace gozar a cada momento. Es como si, más que una película, Ford estuviera creando y expresando amor, aunque eso sería cine, amigos míos.
  Si nos ponemos un poco formales, el guión es magnífico, pues se permite abrir un amplio abanico de posibilidades y personajes a partir de un conflicto planteado con inteligencia: John Wayne se enamora de Maureen O'Hara, con la que comenzará un idilio cuyas trabas trascienden lo tradicional, pues entra en juego lo estrictamente personal, dado que a su llegada Wayne antagoniza con McLaglen, nada menos que el hermano de O'Hara y quien debe dar el visto bueno de la deseada boda. Y ya pueden ver todo lo que se puede desarrollar, construir y finiquitar en base a un conflicto en apariencia tan sencillo. La dirección de Ford es sensacional, nada más disfruten el tramo final, una potente muestra de dominio narrativo y dramático, aunque, ciertamente, el metraje entero es una fiel prueba de dicha afirmación. ¿Escenas memorables? Uf... el primer beso, la larga "caminata" que es preludio a la pelea decisiva, la carrera de caballos, entre otras que mejor no les revelo. ¿Personajes? Por favor, no me quiero extender demasiado... ¿Los actores? Vamos, no hace falta, sabemos lo grandes que son... A propósito, me encantaría que alguien me mirase de la misma manera que Maureen O'Hara mira a John Wayne... ¿no les parece hermoso?
  ¿Algo más? Pues claro: "The quiet man" es una absoluta maravilla del cine, una obra que nos enamora aún más del cine.

2 comentarios :

  1. me alegra mucho que por fin la hayas visto men

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    1. awww, qué bonito... *snif, snif* Todos nos alegramos y emocionamos de ver grandes películas, pero The quiet man está a otro nivel, sin duda alguna

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Vamos, dime algo, así no me vuelvo loco...

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