lunes, 13 de febrero de 2017

Dalkomhan insaeng - 2005


Director: Kim Jee-woon

No sé por qué pero la otra vez me dieron unas ganas locas de volver a ver "A Bittersweet Life", de Kim Jee-woon, así que no perdí el tiempo y me puse a verla de inmediato. Qué puedo decirles, me encanta esta película, quizás por eso me entraron locas ganas de volver a vera. Todo tiene sentido ahora.


Bien, de buenas a primeras podemos decir que "A Bittersweet Life" es uno de esos efectivos y vibrantes thrillers de acción coreanos tan genialmente bien hechos, pero yo digo que "A Bittersweet Life" es más bien un western con todas las de la ley; un western de traiciones, amores, venganzas y masacres situado en una actual, atractiva y ultratecnológica Corea del Sur. El protagonista es un silencioso pero letalmente eficaz, digamos, "ejecutor" o mano derecha del jefe que cumple todo lo que se le pide sin cuestionar nada, entregado totalmente a la vida del pistolero errante (aunque sea en sentido figurado) y a los rígidos principios que rigen dichas organizaciones criminales: el honor, la lealtad, la ética..., todo lo cual es dudoso para nosotros pero intocable para ellos. Pero una sencilla tarea (sumado a una trama de rencillas gangsteriles que pueden explotar en cualquier momento), esto es cuidar a la novia del jefe, una bella muchacha que desprende una cálida belleza en cada poro de su suave piel, complicará las cosas y convertirá la vida de nuestro protagonista en un hiperviolento torbellino de balas, patadas y brutales asesinatos, lo que también la emparenta con la magistral "Drive" de Nicolas Winding Refn (a propósito, ¿se enteraron de que el danés va a hacer una serie criminal al más puro estilo de su trilogía "Pusher"? Ojalá no nos haga esperar demasiado), otro western con todas las de la ley. Y ojo, que la relación establecida entre "Drive" y "A Bittersweet Life" va mucho más allá de su deslumbrante, estimulante y poética estética de la violencia o de su relato estructurado como un brutal e imparable (la segunda hora del presente film no ofrece pausa alguna) descenso a los infiernos, pues ambas comparten y potencian la trágica y tremebunda figura del protagonista anti-héroe que, incapaz de redimirse y abandonar la vida consagrada a la violencia, se ve completamente hipnotizado por la inocente belleza de una mujer tocada tangencialmente pero de igual forma injustamente amenazada por el obstinado e inefable código criminal que malvive de manera latente y subterránea a sus pies, ante lo cual el protagonista no puede más que proteger y salvar dicho destello de esperanza y humanidad a toda costa. Paradójico es, o mejor dicho irónicamente cruel, que el protagonista desencadene tamaña carnicería por algo que sabe que no podrá disfrutar jamás: lucha por el amor, pero también por la justicia de un mundo al que no pertenece y que no pertenecerá jamás, puesto que él mismo arrastra consigo todos los males del submundo criminal. En cualquier caso, lo que mejor define al protagonista, y, por consiguiente, a su explosiva odisea, es la parábola que el mismo nos cuenta al principio y al final del relato.
Y como si no fuera suficiente con decirles que "A Bittersweet Life" es un extraordinario western con todas las de la ley, también les diré que cuenta con una arrolladora y apabullante narración de endiablado ritmo y cautivador tempo que avanza con la fuerza de un tren a base de emociones y pasiones primarias y atávicas, y que además cuenta con el irreverente y jocoso sentido del humor de Kim Jee-woon (sin que por ello pierda el tono general del filme), uno de esos directores capaces de hacer que una escena sea tan divertida como impactante, y se me viene a la mente la escena con el vendedor de armas.
En definitiva, una absoluta genialidad del genio Kim Jee-woon, quien con toda justicia merece tomarse un respiro y hacer divertimentos de calidad como "The Last Stand", que se viene dentro de un rato.

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