martes, 28 de febrero de 2017

El circuito de Román - 2011


Director: Sebastián Brahm

Uf, anoche soñé con Hitomi Tanaka, pero no pasa nada, de todas formas ya era hora de lavar las sábanas, especialmente ahora que por fin volvió el maldito suministro de agua. Lo bueno de los sueños es que por momentos te logran engañar y todos tus sentidos se comprometen por completo a este mundo onírico; lo malo es que el mundo de los sueños es tan placentero como fugaz, y claro, uno siempre se despierta en la mejor parte, en el momento álgido. Cambiando de tema, el otro día, viendo "Jackie", de Pablo Larraín, me dije que no estaría mal ver unas cuantas películas chilenas, pero esa fue una idea que no logró cuajar con fuerza y en vez de eso me dejé llevar por otros impulsos, pero al menos alcancé a ver "El circuito de Román", opera prima de Sebastián Brahm, marido de Maite Alberdi y protagonista de "Soy mucho mejor que voh", del Che Sandoval. "El circuito de Román" pasó injustamente desapercibida por las carteleras locales y recuerdo que los críticos no mostraron especial entusiasmo, pero qué saben ellos.



Primero que todo, debo mostrar mi desconcierto ante el hecho de que el protagonista no es interpretado por Sebastián Brahm sino que por Cristián Carvajal, ¿y por qué pensaba que el mismo director era también actor? Pues porque protagoniza la mentada película del Che Sandoval, primero, y porque ambos guardan bastante parecido, segundo. De hecho, no dejaba de pensar "oye que se ve afeitadito y limpiecito este Sebastián Brahm, que además habla clarito y bien modulado", pero bueno, así es la vida: no todo es lo que parece.
Dejando las banalidades de lado, manifiesto mi completo entusiasmo a "El circuito de Román" por su arriesgada propuesta, especialmente encontrándose dentro de la acomodaticia y autocomplaciente cinematografía nacional actual; por estar alejada de cierto tipo de producciones incapaces de salir del circuito de festivales que tanto prestigio y soporte económico les provee de vez en cuando, y por tanto incapaces de variar las ideas y las propuestas cinematográficas. Si no es vigente ("vigente" para la agenda mediática de ciertos elementos), no es social o no destila un estilo indie, entonces ¡next!
En "El circuito de Román", el protagonista es una especie de científico especializado en cosas neuronales que vuelve a Chile para dar unas clases en la Universidad de la que egresó como gesto de cortesía, pero diversos problemas tanto personales como profesionales lo obligan a permanecer en el país, en donde deberá retomar sus investigaciones, abrirse a nuevas posibilidades y transitar entre su familia, amigos y conocidos. La historia es lo de menos, lo importante es el relato y, más aún, el cuidado e intrigante entramado argumental y narratológico, potenciado a través de los distintos elementos del lenguaje cinematográfico, especialmente del montaje, vehículo esencial para transmitir y expresar la idea fundamental del conjunto. "El circuito de Román" me recuerda a los dos primeros films de Cronenberg, "Stereo" y "Crimes of the future", en el sentido de que tanto la presente como las citadas se desenvuelven como una suerte de film-ensayo o film-tratado, haciendo de la misma puesta en escena una herramienta/extensión del relato-tesis que vemos en pantalla. El protagonista, en compañía de un joven admirador suyo que también es científico, comienza a revisar una teoría sobre la memoria y su despliegue fisiológico, sobre conexiones que se conforman en el cerebro cuando recordamos y cómo el cruce de dichas conexiones puede alterar, mezclar e incluso fabricar nuevos recuerdos. A partir de un perpetuo e inquietante clima de extrañeza, Brahm logra sumergirnos de lleno en esta fascinante exposición de cómo se relacionan los estímulos con los recuerdos, entre otras discusiones éticas, ideas y conclusiones sobre las que es inevitable continuar reflexionando, incluso aunque no sean nada especialmente nuevo (no se niega que historias más o menos similares ya se han visto, si bien todo depende de la perspectiva o la vuelta de tuerca, de la premisa), pues como he señalado, la gracia de "El circuito de Román" es su certera y sofisticada construcción narrativa: atractivo e interesante ejercicio de estilo en tanto thriller psicológico.
"El circuito de Román" me ha gustado por su atrevimiento, por su notable y efectiva propuesta, y sobre todo, porque está muy bien escrita y, aparte de complejas teorías e intercambios de ideas, porque también funciona como un sombrío drama lleno de rencores, rencillas e impulsos contenidos, después de todo el protagonista es el que va cuestionando y confrontando su realidad, su circuito de acciones y reacciones: su propia idea de persona. Y no teman, dura no más de ochenta minutos. Si la quieren ver, la encuentran acá.

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