Director: Zach Cregger
Bueno bueno, mi historia en Rapaz Burgers ha terminado. Fueron tres meses exactos, desde el 1 de febrero hasta hoy, 30 de abril. El contrato terminaba, no me renovaron a indefinido. Adieu. La verdad no me lo esperaba, tampoco me toma taaaaaaaan de sorpresa, pero no me lo esperaba. Claramente no es por falta de calidad y profesionalismo, pero admito que se siente raro esto de que te desvinculen, hasta ahora no me había pasado. Renuncié voluntariamente del Tío Tomate, luego renuncié voluntariamente del Kali & Dipsy's para trabajar en Rapaz, y ahora los de Rapaz me dieron calabazas. Una experiencia nueva que sumar a mi excelsa lista de rechazos y derrotas, supongo. No deja de ser una lata; como dije una vez, la barra en sí y el trabajo en sí me encantaba; la administradora no tanto, de hecho nada de nada (nadie la quiere), pero uno se acostumbra, la tolera, y el trabajo en sí era lo entretenido, hacía llevadero esto de ser un maldito asalariado. Al menos no tendré que volver a verla ni escucharla nunca más en la vida, aunque recién podré bloquearla cuando reciba todos mis pagos correspondientes. Tampoco deja de ser curioso. A mí no me hace feliz esto de ser un asalariado, pero soy honesto al decir que, en un buen lugar, el trabajo de bartender sí me gusta, si me puede gustar; quizás qué imagen proyecto, quiero decir: la otra vez un cliente me dijo "me caíste bien oye, tenís cara de felicidad", poco antes dos señoras me alabaron un montón y me decían cosas como "tú amas tu trabajo", "siempre trabajando con una sonrisa a pesar de lo ocupado que estás", "que Dios no te quite esa sonrisa". Agradecido de todas esas palabras, por supuesto. Me pregunto, quién tiene razón, la gente que me observa o yo, que como digo, me entretengo pero no es que ame mi trabajo, no es que me haga feliz. O quizás lo sea y no me he dado cuenta porque la felicidad es animal, no analítica. Como sea, me voy con hartos aprendizajes, como eso de atender en barra directamente al público, hablar con la gente, la cantidad de gente con la que hablé, reí, intercambié opiniones, etc. Me llevé buenas palabras y buenos deseos de todos los equipos, tanto los de cocina como los de front y por supuesto de mi compañero en la barra. Si me lee aún gente de acá de este país, vayan a Rapaz Burgers y pidan con confianza; yo no como carne, pero puedo dar fe de la calidad del producto y la calidad de cocineros. Y de la barra para qué decir, aunque ya no me tengan. Despedida conmovedora, no estoy acostumbrado a las muestras de afecto, pero uno aprende con los años y soy un gran compañero, un gran trabajador de equipo, cada día mejoro más y creo que se notó en estos tres meses: pura buena onda en el adiós, al menos entre nosotros los trabajadores que estamos ahí en la primera línea (la administradora, a ella ni agua). Echaré de menos también a los trabajadores del MUT. En nuestro piso, el -2, hay personal de planta que pasa recogiendo vasos, platos, basuras, etc., y claro estamos casi todos los días, se hacen buenas migas, una lástima que no pueda despedirme de con quienes más buenas migas hice. Entre ellos hay un compadre de Valencia, me preguntó sobre cómo podía ser bartender, que es un buen trabajo para ejercer en cualquier lugar del mundo, que si se vuelve a Valencia lo haría como bartender. Y claro yo le di consejos. Ojalá le vaya bien. Lo que es yo, a buscar trabajo de nuevo. Tengo mucha comida acopiada, dinero ahorrado, y la experiencia de mi anterior cesantía. Ahora espero administrarme mejor. Es raro cambiar de rutina, cambiar la estabilidad, cambiar los rostros conocidos y agradables (casi todos) por una nebulosa, pero hay que verlo como una oportunidad. Una oportunidad de escribir ahora con más esfuerzo y disciplina, que tengo más tiempo libre hasta mi próximo empleo. Una oportunidad para poder llevar a cabo mi plan original, que era tener un trabajo part time y no matarme de llenos con uno full. Pero claro, uno propone y el Universo dispone. La realidad hablará y dictará sus designios, yo habré de adaptarme y dar lo mejor de mí, hacer lo mejor posible. Es lo que he hecho siempre, ¿no? Hacer planes y ver cómo fallan. Luego vivir sin planes y ver qué tal sale todo, que tampoco es que salga muy bien. Pero eso. Mi compañera, de la que les he hablado, al final la llamaron del reconocido restaurante vegano pero con una oferta part time que a ella no le sirve mucho que digamos, tampoco la llamaron para el nuevo restaurante del dueño de ese restaurante vegano. Nunca llegamos a ser vecinos en el MUT. Ahora está trabajando un reemplazo por vacaciones, luego de eso, quién sabe. Y yo, a tirar CV. Y a escribir. A terminar lo que estoy haciendo, maldita sea. Y esperar lo mejor, ja, ja. Como sea, perdí un trabajo, no la vida. Ahora tendré mucho tiempo libre. Deséenme suerte.
Bueno en fin, pasemos del fracasado y hablemos de un ganador. Hablemos de Zach Cregger, o mejor dicho hablemos de su primera película, "Barbarian", que sorprendiera a propios y extraños cuando se estrenó. Una película hecha con un presupuesto modesto dentro de la industria. Ahora, a Cregger le pagan veinte millones de dólares por escribir y dirigir la nueva "Resident Evil", que sacó un trailer que no se ve nada mal, pero acaso no es ese el trabajo de los trailers, pregunto. Según dicen, Cregger optó por un enfoque puramente de survival horror fílmico, es decir terror y acción, y en esos pases previos a la gente le ha gustado lo visto. Yo no sé nada, seguramente no la vaya a ver así como no he ido a ver ninguna maldita cosa, incluso las que más me interesaban. Pero oigan, un buen día vi "Barbarian" porque tenía que ver de qué trataba, tenía que ver qué había hecho uno de los integrantes de los divertidos "The Whitest Kids U Know", que por acá dieron en el tristemente difunto I-Sat.
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