miércoles, 19 de octubre de 2016

Bad Boy Bubby - 1993


Director: Rolf de Heer

Errar es humano, los humanos son imperfectos, y vaya que yo en particular lo soy, por lo que no es de extrañar que me arrepienta de muchas cosas, especialmente con respecto a las entradas del blog: que si se me olvidó mencionar algo es lo más común, aunque a veces suelo atormentarme a lo bestia cuando lo que olvidé es sumamente importante para mí, como cuando comenté "The Neon Demon" y olvidé mencionar a Lana del Rey y su fascinante Ultraviolence (la canción, si bien el disco entero es una obra maestra), que en una parte dice "'cause I was filled with poison... but blessed with beauty and rage...", letra que refleja a la perfección al personaje de Elle Fanning, bella y peligrosa (aunque las tres brujas malvadas no se quedan detrás en cuanto a depravación y belleza). Y como a mí no me gusta hacer trampa, es decir no iba a agregar la mención dos días después (cuando pasa la vieja, pasó y adiós), me obsesioné con la idea de hacer un video que mezcle la mentada canción con algunos fragmentos de la película (alentado además por los bellos videos que hace el amigo Jona Tiba, como el que le dedicó a Ozon), así que lo hice y ¡voilá! Puse todo mi corazón en ello. Espero que les guste (y apresúrense, miren que me da miedo que me lo bajen por cosas de derechos de autor).


Rolf de Heer ya se había hecho medianamente conocido a principio de los noventa cuando dirigió una película en la que actuaba el mismísimo Miles Davis (al parecer, la única película en que el legendario trompetista se acredita como actor), pero fue "Bad Boy Bubby" el punto de inflexión en su carrera, que no por modesta y más o menos desconocida carece de calidad, como lo prueba el presente film.
El comienzo de "Bad Boy Bubby" puede recordar a la reciente "Room", en tanto nos encontramos en un espacio único (un minúsculo y cochino departamento) en el cual una madre vive con su hijo, aunque las diferencias saltan a la vista: la mujer no está en cautiverio, pero el chico sí, y el chico es nada más y nada menos que un treintañero que ha pasado toda su vida encerrado, por lo que aún conserva la mentalidad de un infante... pero la cosa no acaba ahí, pues la madre tiene sexo con el hijo, el hijo tortura a un gato por diversión (aunque en su inocencia no sepa que está haciendo algo malo), entre tantas otras cosas de dudosa índole moral que se dan en ese repugnante espacio de podredumbre humana. Pero ojo, que con tal descripción ustedes podrían pensar que el afán de de Heer es puramente efectista y superficial, del tipo impactar o perturbar gratuitamente; al contrario, si bien de Heer se maneja a la perfección a la hora de construir una atmósfera enfermiza, descolocante y sórdida, lo que el realizador lleva a cabo es, además de una furiosa y certera e incisiva crítica social, un tierno a la vez que cruento retrato de la condición humana tanto en sus mejores virtudes como en sus más viles vicios. Un retrato que puede alcanzar tremebundas cotas de malestar, pero igualmente capaz de lograr secuencias cuya belleza exuda una honestidad incuestionable. Y no puede ser de otra manera, dado que el buen/mal Bubby actúa por imitación, por lo que cuando se adentre en las tinieblas de la sociedad, entonces tendrá un amplio repertorio de comportamientos que incluir en su personalidad, lo cual, además de dar pie a la citada reflexión cuasi filosófica (se habla de religión, política, música, amor, etc., y sin jamás recurrir a un discurso simplista, autocomplaciente y facilón: no queda títere con cabeza), también ofrecerá incontables escenas que nos sacarán más de una carcajada, y es que es un gustazo cuando un director demuestra inteligencia e incorrección a partes iguales. Así, Bubby se encontrará con un variopinto grupo de personajes en una ciudad que bien puede parecer escenario distópico, y mientras va hilando desventuras por doquier, el espectador se da cuenta de que el protagonista representa una especie de espejo deformante de la sociedad, de nosotros mismos, en el que mirarse puede ser una experiencia tan divertida como dolorosa, pero nunca errada o exagerada. Debo admitir que "Bad Boy Bubby" me ha sorprendido, pues en cierta forma me esperaba a un destartalado protagonista haciendo toda clase de atrocidades sin ton ni son en su deambular por la ciudad, pero lo que me encontré fue un profundo viaje por los sueños, miedos y culpas del ser humano.
Su final puede pecar de buenista y descansar en un optimismo que incluso contraviene los (anti)principios del film y su amoralidad reinante, pero ello no quita que, en tanto conjunto, "Bad Boy Bubby" sea una experiencia singularmente aterradora. Eso sí, yo me preocuparía por el pobre gato... ¿habrán usado un muñeco o de verdad lo sometieron a tamaña crueldad? Shame on you, Rolf de Heer, shame on you...

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