domingo, 9 de julio de 2017

Santiago Violenta - 2014


Director: Ernesto Díaz Espinoza

"Netflix no es más que una moda, una tormenta en una taza de té". "Lo que ha definido siempre una película es que se vea en un cine. Ni más ni menos". "Si yo dirigiera un festival de cine no las aceptaría porque no son películas". Así de rotundo se muestra Nolan con Netflix, y yo no puedo más que aplaudirlo. Claro, acá no somos fanáticos de él, pero sus películas son apreciadas lo justo como para pasar un buen rato, pero no se puede decir que el hombre no tiene una posición que ha defendido desde que comenzó a hacer películas. Me encantaría escuchar qué tiene que decir el deslenguado de Tarantino sobre Netflix, apuesto a que sus palos serían aún más lapidarios y sangrantes. Ahora bien, ni les encargo el aprieto en que puso Nolan a sus fanáticos, ciegos y obedientes seguidores del mainstream más domesticado y convencional, pues, ¿qué puede hacer alguien cuyos dioses, Nolan y Netflix, se ven enfrentados? Ver la trilogía de Batman de Nolan por Netflix era (y digo era porque los mercenarios anticine de Netflix están bajando sus películas... vaya sorpresa) la actividad epítome de la nueva y más analfabeta que nunca cultura de masas, y ahora que Nolan no hará nada para Netflix ¡el sueño se acabó!, y es que ¿cuántas veces se ha visto que la gente acepte feliz de la vida el desvergonzado monopolio de una gigantesca compañía? Y lo peor es que su contenido original ni siquiera es bueno, lo único que hace es sobarle la espalda a las masas, darles en el gusto para que se acomoden y acepten cualquier chatarra complaciente. Espero que la gente despierte y esta moda de mierda se acabe y quede bien muerta y olvidada. Bueno, y si eso no pasa entonces me voy a alguna casita en el campo a leer y ver películas que ciertamente no vas a encontrar en el catálogo de Netflix. Pero en fin, me he alargado lo suficiente sobre esto y ya parezco viejo cascarrabias gritándole al viento, porque esta clase de cosas entran por un oído y salen por el otro. Mejor hablemos de "Santiago Violenta", que no estaba precisamente en mis planes de atar cabos sueltos (nunca la tuve a mi disposición), pero ayer me enteré de que estaba disponible y como la venía deseando ver desde que se anunció, allá por el 2011 o 2012, claramente era una oportunidad que no iba a posponer.


Ernesto Díaz Espinoza es, básicamente, el director de "la primera película chilena de...": con "Kiltro" hizo la primera de artes marciales; con "Mirageman" nos trajo al primer superhéroe chileno; con "Mandrill" llegó el primer James Bond chileno; "Tráiganme la cabeza de la Mujer Metralleta" fue el primer exploitation; y "Santiago Violenta" es el primer poliziesco chileno (aunque suene un poco raro), una comedia gangsteril que se inspira en "Napoli Violenta", "Roma Violenta" y, por supuesto, el bueno de Tarantino, entre otras tantas referencias cinéfilas.
Recuerdo que estaba tan entusiasmado con esta película, cuyo estreno se retrasó años y años por problemas con el financiamiento de la post-producción, que fui a una charla que dio Ernesto Díaz Espinoza, en la cual, para mi deleite, mostró varias secuencias de esta película que me dejaron alucinado. Años después lo vi en una calle cercana a la piscina en donde nado, pero como iba manejando no pude hacer mucho salvo quedarme mirándolo, y creo que él se dio cuenta que lo reconocí (es imposible no reconocerlo, con esa pinta suya). Iba, si mal no recuerdo, con una de estas mochilas para acampar, vaya uno a saber por qué. El caso es que, a pesar de que su filmografía me parece irregular e imperfecta ("Tráiganme..." me encantó, sin embargo no pude pasar de la mitad de "Kiltro", y ya saben cuánto me disgustó "Redeemer"), no puedo dejar de celebrar que hayan directores como él, con actitud y personalidad, con arrojo y pasión para acometer proyectos inusuales en la acomodaticia cinematografía nacional, que si "destaca" en festivales extranjeros es gracias a unos cuantos nombres propios cuyas propuestas (discursivas, formales, etc.) se desmarcan sustancialmente del incipiente e improbable modelo oficial, ñoño e impersonal pero oportuno al momento de decir "como ven, estamos haciendo bien las cosas". Si fuera por ellos, sólo veríamos las mismas cintas sosas y políticamente correctas...
"Santiago Violenta" es la historia de tres amigos que cambian las piscolas por pistolas, que pasan de ser expertos piscoleros a novatos pistoleros. Broco es un cineasta frustrado que intenta por todos los medios hacer su película tarantiniana, aunque deba ganarse la vida haciendo videos de matrimonios. Noel es un sujeto sin mucho brillo cuyo padre está en líos económicos. Mauro es un macabeo que trabaja en la empresa de su suegro, quien lo considera un inútil impotente. Una buena noche, a la salida de una discoteca, se ven envueltos en toda una trama de maletines en disputa, mafiosos que buscan su botín y millones de pesos perdidos en algún punto de la capital. Los tres amigos, bautizados como Los Chacales por Broco, viendo la decadencia y la desidia de sus vidas, harán todo lo posible para adueñarse del dinero, ya sea para solucionar sus problemas, para inyectar adrenalina en sus vidas o para encontrar la película que tanto se desea lograr. Una comedia gangsteril, una trama criminal, pero, en el fondo, una historia de amistad y camaradería, de cierta nostalgia juvenil por las emociones fuertes, por desafiar a aquellos que los atan de pies y manos (ya sean inspectores de colegio o veteranas mafiosas capitalinas), por vivir grandes y peligrosas aventuras, por dar rienda suelta a esa rebeldía interior: toda una meta-declaración de intenciones.
"Santiago Violenta" es una película entretenida y divertida, con algún ingenioso giro argumental, rodada con pasión, a la que, no obstante, se le puede achacar falta de contundencia dramática, un guión no tan pulido (descontando al trío protagonista, los personajes son livianos y planos, no tan carismáticos como quieren aparentar, sobre todo la villana... la tía Marilyn), una puesta en escena poco salvaje y feroz, más cómica y festiva, y un tono a ratos inconsistente, que varía según el momento en vez de ser el fruto de una base atmosférica coherente, pero no se puede negar que es una propuesta bien lograda y que nos deja escenas fenomenales (el plano secuencia en el hotel... siempre quise ver ese hotel por dentro, por fuera se ve elegante y bonito). No me ha parecido tan memorable y potente como esperaba, y queda a medio camino entre ser un buen homenaje chilensis y un simple émulo de películas mejores logradas, pero qué puedo decir, cumple lo suyo: es una liviana y entretenida comedia gangsteril de piscoleros convertidos en pistoleros, de amigos que juntos saldrán de la mierda que les cae encima.
Díaz Espinoza dijo que "Santiago Violenta" la tiene en su cabeza desde los años en que se enamoró del cine y se nota. Y lo apoyo y lo aplaudo. A Tarantino le gustaría, creo yo. Y a ustedes también.

Y no dejen de mirar este corto de tres minutos que el director hizo el '96. A mí me parece sensacional.
CHACALES

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