jueves, 31 de mayo de 2018

Zatōichi - 2003


Director: Takeshi Kitano

Se acaba el mes de mayo, el quinto del año, y también se me acabó la mayo, el quinto envase del año. Dejando de lado el pésimo sentido del humor, durante este mes irrumpió con fuerza la filmografía de Takeshi Kitano, y acá no queríamos terminar el mes sin dedicárselo al realizador nipón, de quien con ésta ya hemos comentado ocho películas. Hablamos de "Zatoichi", película basada en el célebre samurai ciego (ficticio, por lo demás) que durante los sesenta y setenta protagonizó más de veinte películas, alrededor de cien episodios de televisión y hasta una obra de teatro a cargo del inefable Takashi Miike (ahora más recientemente, claro, que en ese entonces Miike aún era un adolescente a quien probablemente le gustaba las aventuras de Zatoichi). Acá, Kitano entrega su visión del personaje. 


Es interesante como resultan las cosas a veces. Digo esto porque podría decirse que "Zatoichi" tiene estructura o cierto aura de western, en tanto la película nos sitúa en un pequeño pueblo, dominado por distintos clanes de matones que atormentan a sus habitantes, mayoritariamente campesinos, y que no tardarán en comenzar una guerra sin cuartel entre ellos, al que llegan distintos personajes que tomarán partido en uno u otro bando de la dichosa guerra, todo, claro, dependiendo de sus propias motivaciones y escrúpulos. Así, vemos la llegada de dos geishas con ánimos de venganza; un hábil ronin (interpretado por el gran Tadanobu Asano) que, con tal de conseguir dinero para ayudar a su esposa enferma, y mientras intenta recuperar su honor, trabaja como guardaespaldas para el jefe de unos de los clanes; y nuestro Zatoichi, un masajista ciego y prodigioso espadachín, alma errante que no podrá sustraerse al sangriento enfrentamiento pronto a ocurrir frente a sus narices. Desde luego, "Zatoichi" contiene diversos elementos que hacen el intento de clasificarla no imposible pero sí banal, y no me refiero tanto al sentido del humor marca de la casa o a esa puesta en escena rica en recursos expresivos y cinematográficos (tan brutal como poético), sino a la narrativa con que Kitano ejecuta esta historia, centrada menos en los enfrentamientos propiamente tales (aunque haya numerosas escenas de "acción" magníficamente rodadas, como la del casino y los sablazos a oscuras, o que el carácter de "cine de 'gángsters'" goce de la contundencia y salud propia del director) como en las historias e impulsos que subyacen al caudal de ataques, contraataques y duelos a muerte; en la intención de capturar una atmósfera, el aura intemporal de un lugar, de un espacio (como cuadro costumbrista), de unos personajes que a pesar de ser diferentes (incluso radicalmente distintos) entre sí, confluyen e incluso se hermanan naturalmente en un conflicto que los atañe a todos. El sorprendente final de la película, ese contagioso y rozagante baile que casi parece salido de tono (aunque sea un fantástico acierto por parte de Kitano), no deja de ser una elocuente y alegre declaración de intenciones al respecto.
En cualquier caso, "Zatoichi" es una excelente y entretenida película en donde Kitano sigue firme con sus virtudes y características pero dando otra refrescante forma a su narrativa habitual, lo cual no es baladí, dado que justo después comenzaría con su trilogía autobiográfica surreal en donde comienza, de lleno, a analizarse a sí mismo y a su obra como actor, director y, a grandes rasgos, como creador.
Imperdible.

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