lunes, 10 de diciembre de 2018

Elizabeth Harvest - 2018


Director: Sebastian Gutierrez


Tiene su gracia "Elizabeth Harvest" (será la ingenuidad con que pretende vendernos por nuevo algo ya visto tantas veces), no tengo la más mínima intención de despacharme a gusto con esta película, pero son varios los puntos que le impiden ser una buena película, a lo más correcta, curiosa, mediana e irregularmente interesante. Primero, que esta historia ya se ha hecho antes y se ha hecho mejor, por lo que nada de lo que sucede es capaz de sorprendernos (los giros argumentales, las sorpresas, las grandes revelaciones... todo se ve venir) y sorprendernos pareciera ser el gran propósito del director, que descuida bastante el valor dramático de una insulsa e inocua puesta en escena, la cual, eso sí, se esfuerza bastante por utilizar toda clase de trucos y artificios visuales-estéticos (sin mencionar que el director prefiere concentrarse en mostrar a Abbey Lee lo más desnuda posible durante la mayor cantidad de tiempo posible), no sé si para rememorar otros títulos más importantes o algún género en particular, pero lo cierto es que Sebastian Gutierrez no es ni Nicolas Winding Refn, ni Panos Cosmatos ni tampoco Alex Garland ni mucho muchísimo menos Tarkovski. En sus intentos por emular dichos directores, Gutierrez nos ofrece diálogos de una honda y fútil pedantería, una pobre dirección de actores (y eso que el reparto no está nada de mal, en cuanto a nombres) y una atmósfera que le sobra plasticidad y le falta entidad, coherencia, una idea clara que sustente lo demás.
La película nos cuenta la historia de Abbey Lee, que interpreta a una ingenua muchacha casada con un inteligentísimo (eso dicen de él, que su coeficiente intelectual es superior al resto de la humanidad, pero, aparte de hablar sobre romanos y Satie, el tipo no demuestra tener mucho seso a decir verdad, y eso demuestra que para algunos inteligencia es sinónimo de pomposidad y afectación) científico que la lleva a su mansión para celebrar la luna de miel. En la mansión hay dos sirvientes, Carla Gugino (a la sazón esposa de Gutierrez, y no sé si tendrá algo que ver pero a la pobre no se le va, en todo el metraje, la cara de "¿por qué demonios estoy acá?, ¿por qué no estoy mejor en un spa?") y otro muchacho ciego, y todo es tan condenadamente perfecto y pulcro e idílico y falso (nadie se cree que una pareja así exista) que es obvio que algo malo va a suceder, y así sucede, ¿y les dije que esto también es de ciencia ficción?, no sé si nos hablan sobre inteligencia artificial o sobre tecnología o ciencia biológica o qué sé yo, es la excusa para crear la típica trama sobre gente muy inestable que se aprovecha de la ciencia para satisfacer, con malos resultados, sus delirios de grandeza o para cubrir los huecos emocionales de sus vidas. Si bien el primer tramo, de una media hora digamos, es bastante soporífero (por iterativo, por trillado), le concedo a Gutierrez que el guión hace uso de mecanismos que al menos consiguen levantar y afirmar el ritmo, además de darle algo más de interés, o variedad, a un relato que hasta entonces tenía tanta sustancia como una piedra. (A propósito del guión, si bien levanta algo de vuelo, siempre es irritante encontrar incongruencias y contradicciones provocadas no necesariamente por la torpeza del que escribe, sino que por su indiferencia o displicencia. Me explico: durante, digamos, el primer tercio, hay diálogos, miradas y escenas que sugieren determinadas relaciones entre los personajes, vagos pero fácilmente intuitivos propósitos; en el tercio final, incluso antes, se nos revela la verdad y todas esas primeras "pistas" quedan en nada, simplemente estaban ahí para generar momentánea "extrañeza", o sea, no importa que esto sea falso pero de alguna forma debo crear tensión y de seguro los espectadores no se darán cuenta, estarán más preocupados del culo de Abbey Lee, ja, ja, soy un genio de director de cine y aún así nadie habla de mí). Aunque, insisto, tampoco se nos cuenta nada nuevo, nada bueno, al menos la narración se sostiene lo suficiente como para terminar un metraje innecesariamente largo (llega casi a las dos horas), aletargado y de poca sustancia y trascendencia.
A pesar de todo lo anterior, tiene su gracia, no sé, tiene escenas interesantes y una que otra buena idea no del todo perdida, pero sí muy disuelta en este irregular despropósito (sí, no puedo evitar usar dicho adjetivo) que apuesta por una cosa y luego otra, casi al tún tún, sin aportar nada verdaderamente concreto.
Película que se ve a pesar de su anodinia, y luego a otra cosa, que la vida es muy corta, carpe diem hermano, YOLO, atrévete-te-te salte del closet levántate quítate el esmalte...

2 comentarios :

  1. Soles comentar películas que no he visto, a veces que no sabía que existían. Esta sí la vi. Y coincido en la reseña que hacés. Aún con un buen director, el guión habría sido todo un problema. Está claro que si algo se desarrolla en un lugar aislado, oculta algo siniestro. Algo que se sabe desde por lo menos algún cuento de Sherlock Holmes, en que el detective manifiesta sus dudas sobre los lugares idilicos y apartados.

    Empieza a poner interesante con lo que le pasa a Abbey Lee. Incluso genera intriga con lo que después sucede.
    Pero se vuelve una película de lo menos interesante posible. Carla Gugino es mucho para está película, su papel, el no saber de que la juega, es lo rescatable de la película si tiene algo. Alguna escena interesante tiene, coincido en eso. Pero...

    Saludos.

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    Respuestas
    1. Carla Gugino debe estar acá por el marido, dudo que se haya embarcado en un proyecto así de ser desconocido el director, definitivamente es mucho para esta película. Aunque no es la gran cosa, debo decir que me gustó la inclusión del diario, acaso porque le da variedad al asunto, quizás porque resulta interesante cuando un personaje cuenta la película no obstante los lugares comunes.
      Pero sí, no se sabe qué es esto, si un thriller de ciencia ficción, o un melodrama de horror, o qué...
      Saludos.

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Vamos, dime algo, así no me vuelvo loco...

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