viernes, 29 de junio de 2018

Yeolhyeol-nama - 2006


Director: Lee Jeong-beom


Cerramos esta fiebre de cine coreano (¿fiebre amarilla, dijeron por ahí?, ¿malo el chistecito?) con la opera prima de Lee Jeong-beom, director cuya filmografía, me vengo a dar cuenta, completamos toda todita (este año estrena otra así que no vale), pues la semana pasada nos despachamos a gusto con "The Man from Nowhere" y apreciamos la estimable "No Tears for the Dead". Su debut lleva por título "Cruel Winter Blues". Aunque podría catalogarse como un relato criminal, lo cierto es que el director se aleja de los códigos y/o mecanismos del thriller "de gángsters" al desaforado estilo coreano para elaborar, en su lugar, un complejo drama de corte humanista en el cual, partiendo del viaje que un mafioso emprende a un pequeño y aislado pueblo con el fin de matar al sujeto que tiempo antes mató a su mejor amigo, a su yunta, a su compañero de toda la vida, vemos un ejercicio de trágica humanización que recuerda a lo hecho por Takeshi Kitano en "Sonatine" y "Hana-bi", especialmente la primera. El protagonista, un violento y excéntrico mafioso, acompañado de un joven, inocentón y cándido matón recién metido a gángster (y no por "vocación", sino porque debe pagar las cuentas del hospital de su pobre señora madre), decide arribar al pueblo una semana antes de la presunta llegada del blanco, tiempo que ocupará para investigar un poco la zona, planificar el asesinato, rutas de escape, pero el tipo también es un ser humano y se hace amigo de los amigos de su secuaz (que es natural del pueblo), conoce a una peculiar muchacha repartidora de tés y hasta entabla una curiosa e improbable relación de amistad con la madre del sujeto que va a matar; no es que lo planeara así, pero, intentando recabar información, resulta que le agarra cariño a la señora. Así, mientras el planificado asesinato se hace cada vez más presente, mientras la presencia de la muerte se acerca más y más, oscureciendo los rostros y los ánimos, vemos a estos personajes "liberados" de ataduras y máscaras y códigos de conducta, simplemente siendo personas comunes y corrientes, con sus propios problemas, dedicados a su propia introspección, actuando a veces como niños (no es casualidad el buen humor decididamente infantil), como negándose a aceptar el violento final que les espera a gran parte de ellos: es la vida que eligieron (y los flashbacks que acechan al protagonista así parecen corroborarlo: el destino está escrito con sangre).
La película, dirigida con una riqueza y delicadeza visual/formal tan modesta como deslumbrante, tan sencilla como cautivadora (puesta en escena, por lo demás, que potencia la intensidad emocional de sus actores), con esta atmósfera de tono algo naíf surcada por gruesos trazos de sangre y odio, destaca además por las poderosamente sentidas y entrañables interpretaciones de Sol Kyung-gu (el protagonista, el que quiere vengarse de su muerto camarada; al actor lo vimos en "The Merciless", el pasado miércoles) y Na Moon-hee (la madre del mafioso al que van a matar), y una escritura llena de matices y más profunda de lo que aparenta, cuyo entramado de personajes y conflictos funcionan simultáneamente a nivel moral, humano y narrativo, siempre ofreciendo más de una lectura sobre determinadas acciones, diálogos o silencios. Y es que, siendo una película esencial y eminentemente de personajes, en vez de evitarla, abraza la ambigüedad moral y emocional, razón por la cual no importa en absoluto que el aspecto criminal o mafioso (el jefe del protagonista aparece un par de veces y sólo como recurso para desencadenar ciertas escenas cruciales) quede relegado a un tercer o cuarto plano, ni que en contadas ocasiones ciertos elementos narrativos se utilicen como instrumentos. El director, la película es bastante clara al dedicarse por completo a humanizar a personajes todos enceguecidos por algo: el odio, la venganza, la rebeldía, la obstinación, el dolor, el luto... He ahí su pilar fundamental, el motor narrativo que mantiene en marcha este viaje por el desconocido interior de personas cerradas incluso a sus propios ojos.
"Cruel Winter Blues" es una pequeña e imperfecta gran película, parsimoniosa y agridulce, una modesta joya que merece ser redescubierta y disfrutada con calma.

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